¿El fin del engaño?

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«Se ve en las calles, hay mucha más alegría que hace meses» – Soraya Sáenz de Santamaría

Ahora que nuestros genocidas gobernantes están anunciando a bombo y platillo, como si de una nueva venida de Cristo se tratara, una supuesta recuperación económica inventándose datos o falseando los que hay, uno se empieza a preguntar si de verdad han decidido porner fin a esta tremenda mentira que es la “crisis económica y financiera”. Dicen, con infinita desfachatez, que la economía se está recuperando, que el paro baja, que el crédito llega, que las previsiones indican una mejoría y un inicio de “la salida del pozo”, dibujándonos un marco idílico en el que España casi parece una superpotencia mundial (algún idiota ha dicho que ya nos consideran “la Alemania del sur”). Y escuchándolos, no puedo más que asombrarme -si es que eso es posible- de su impúdico cinismo, de su sorprendente desfachatez y de su irrefenable codicia. Esa gente, que son cómplices de la estafa que está acabando con las vidas de miles de personas, no dudan en mostrarse felices, exultantes ante unos datos que sólo los más necios del país -que son muchos- se creen. Todo ese rollo de que “estamos saliendo de la crisis” no es más que otra falsedad más para mantener al pueblo en el redil y que la cosa –el plan– pueda alargarse más sin que parezca muy evidente.

Lo escribía yo en este mismo sitio hace poco más de un año, esta situación no es más que una pantomima pergeñada de los amos de todos nosotros para enriquecerse aún más, y hacer una redistribución del dinero –con la complicidad de los gobiernos más demenciales, como los españoles– para hacerse jodidamente más ricos, aunque las clases más vulnerables se vean sumidas en la pobreza más extrema. En el caso de España la cosa ha ido aún más lejos, porque tras las concesiones del maleable e incapaz Zapatero, ha llegado la represión más cruel de la mano de Rajoy y sus secuaces. Este gobierno llegó al poder engañando a una población hastiada de las políticas derechistas del PSOE y ha impuesto un régimen que ha traspasado todas las líneas rojas que ellos mismos decían que jamás pasarían. Pero lo peor de todo es ese optimismo absolutamente injustificado que muestran en sus declaraciones. Hay que ser miserable para decir que hemos salido de la crisis, que el dinero llega por todos lados (como dijo el multimillonario Botín) o que España es ejemplo de la recuperación, cuando miles de personas están siendo expulsadas vilmente de sus casas por no poder pagar la hipoteca o cuando hay incluso ciudadanos que se quitan la vida ante la condena a una vida absolutamente indigna.

Pero ahí los tenemos, voceando desde sus púlpitos que lo están arreglando todo, que gracias a ellos España ya vuelve a ir bien, como decía el ínclito Aznar. Y así hemos llegado a la situación que todos esos buitres buscaban desde que configuraron el demoníaco plan de la Estafa, una situación de tal desesperación entre la población que la mayoría está dispuesta a trabajar casi en condiciones de esclavitud. Ese era el objetivo de la “crisis”, reinstuaurar un sistema esclavista en el que unos salarios irrisorios fueran vistos por los trabajadores como lo mejor a lo que aspirar, y por supuesto dando a los empresarios –como ha hecho el canallesco Gobierno español– toda la postetad sobre ellos, sin límite alguno. Pero de paso, y aprovechando la coyuntura, el partido que nos gobierna –recordemos, fundado por Manuel Fraga– ha reinstaurado aquel nacional-catolicismo del que creíamos haber escapado hace más de treinta años, otorgando a la cavernícola Iglesia Católica poderes para disponer en la legislación del Estado (lamentable ver cómo un Gobierno de un estado supuestamente aconfesional condecora vírgenes con medallas de la Policía).

Pero probablemente el inconsciente pueblo español tenga lo que se merece, porque cada vez que ha tenido en su mano la oportunidad de cambiar algo –por poco que sea– siempre ha elegido la peor opción posible. En las cercanas elecciones europeas lo vamos a volver a ver, en vez de usar las urnas con responsabilidad va a mostrar la pasividad e inconsciencia tan características de este país, absteniéndose en masa creyendo que así van a fastidiar a los culpables de la situación. Y el que no se abstenga votará a uno de los dos “grandes” partidos y cómplices de la estafa que nos está reduciendo a la precariedad más dolorosa. Así, en esas elecciones volverá a ganar ese partido que ha arrasado el país y que permanece instalado en una época donde el machismo, la homofobia, el caciquismo y la impunidad con los más débiles era la norma general, y ésa será la prueba para ellos de que sus políticas esclavizadoras y criminales son lo que quiere el pueblo español. Puede que no les falte razón.