¿El Papa Francisco y un ecumenismo espiritual?

Por Guido Bello Henríquez (*)

Buenos Aires

 

Nos cuenta Infobae (1), entre otros medios, que el Papa Francisco se reunió recientemente con un grupo de pastores carismáticos o pentecostales, en Caserta, Italia, relatado como un “encuentro personal” que no representa ni a todos los evangélicos ni al Vaticano. En realidad se trata de encuentros públicos de cuando el entonces Cardenal Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires, y realizados aquí desde 2003, entre carismáticos católicos y evangélicos, algunos de ellos en el Luna Park, incluyendo varios retiros de pastores y sacerdotes en la zona de Pilar.

Pero podemos ir más atrás: estos encuentros entre carismáticos católicos y evangélicos no son recientes. Surgieron ya en los años 70 en distintos países, y en los Estados Unidos de Norteamérica se expresaron en el proyecto “Evangelización 2000 y Lumen 2000”, dirigido entre otros por el conservador sacerdote redentorista norteamericano y dirigente carismático Tom Forrest, y avalado por el cardenal Ratzinger, entonces presidente de la congregación para la Doctrina de la Fe, que saludó la apertura de la sede de Lumen 2000 en Roma, el 18 de septiembre de 1987.

Volvamos al encuentro en Italia entre el Papa y carismáticos evangélicos. El pastor Jorge Himitián, de la Iglesia del Encuentro, de la familia pentecostal-carismática, habla convencido de que este “ecumenismo espiritual” es el camino más adecuado hacia la unidad: “Algún día vamos a coincidir y Dios cambiará al que esté equivocado, sea católico o evangélico”. El pastor carismático reconoce que “desde el Concilio Vaticano II hubo iniciativas ecuménicas institucionales y teológicas, pero eso chocó con un núcleo duro de divergencias de ambos lados y quedó en una vía muerta. Nosotros de ese tipo de ecumenismo institucional no hemos participado pero en lo que sí creemos es en esto, que algunos llaman ecumenismo espiritual”.

Efectivamente todavía vivimos el invierno después de la primavera ecuménica de los años 60, alentada por el Concilio Vaticano II y luego animada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín. Fueron los tiempos de gracia de las Comunidades Eclesiales de Base, semillas de espiritualidad laica y abierta al ecumenismo en distintos países de América Latina, que luego fueron arrasadas por las dictaduras en nuestros países, con bendición y apoyo de los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Recordemos dos postales: el acusado monje trapense y ministro sandinista Ernesto Cardenal, y el expulsado de su orden franciscana Leonardo Boff.

Los que hemos transitado el movimiento ecuménico desde sus inicios, por lo visto no contamos con la bendición de haber sido un “ecumenismo espiritual”. Debemos haber sido los del ecumenismo de los cuerpos de los desaparecidos, del ecumenismo del cuerpo del obispo mártir Angelelli, del ecumenismo del cuerpo torturado del laico evangélico Mauricio López. Los que hemos acompañado el ecumenismo de defensa de los derechos humanos, con los obispos católicos Novak, De Nevares y Hesayne, junto con muchos hermanos evangélicos y muchos laicos católicos como el Premio Nóbel de la Paz Pérez Esquivel, no entramos en la categoría de Himitián, no hemos sido un ecumenismo “espiritual”.

Pero no vivimos en el resentimiento. Al contrario, seguimos siendo ecuménicos por la vida, la justicia y la paz. Y reconocemos como importantes y valientes las actitudes del Papa Francisco, pidiendo perdón por las persecuciones a los pentecostales italianos en tiempos del fascismo; valoramos la actitud de los pentecostales italianos y de otros países al reunirse con el Papa Francisco; así como reconocemos la valiente actitud del Papa al reunirse muchas veces con humildad con diferentes y distintos, islámicos y judíos y protestantes, evangélicos y anglicanos, todavía en sus tiempos en Buenos Aires.

Por eso, con espíritu de reconciliación, reconocemos y valoramos estos gestos, todavía específicos y puntuales, pero que pueden abrir brechas para airear siglos de incomprensiones mutuas. Que queden atrás pero no olvidadas las persecuciones de los valdenses y de los mismos franciscanos, los “autos de fe”, los “herejes” enviados a la hoguera, la quema de Biblias y sus portadores… Que queden atrás pero no olvidadas tampoco las responsabilidades históricas de los protestantes, como la bendición a las masacres contra los campesinos en tiempos de Lutero o la ejecución de Servet en tiempos de Calvino o las matanzas del “evangélico” Ríos Montt en Guatemala.

Y valoremos también las décadas de búsqueda ecuménica, no desechándolas meramente como “ecumenismo institucional”, porque sería desmerecer las búsquedas de unidad con los hermanos ortodoxos, sería tirar por la borda los años de servicio ecuménico del Consejo Mundial de Iglesias y del Consejo Latinoamericano de Iglesias, sería desentendernos de la lucha por la vida y la dignidad de los cristianos atropellados y asesinados durante las dictaduras latinoamericanas.

Gracias a Dios empezamos a respirar tiempos nuevos. El Papa Francisco nos empieza a acostumbrar con estos gestos que se anticipan a las instituciones eclesiásticas y a los pronunciamientos teológicos. Ciertamente hay que empezar por ahí. La teología surge de la vida, surge del encuentro de los cristianos y las cristianas, laicos y laicas, pastores y pastoras, sacerdotes y religiosas, acompañados por sus comunidades, más allá de instituciones eclesiásticas y de cleros, más allá de consejos de pastores que jerarquicen la vida y la dinámica de los fieles, sin excomuniones ni discriminaciones por situación económica, orientación sexual o filiación religiosa.

¿Serán señales de un nuevo resurgir del ecumenismo? Hasta ahora tenemos algunas señales de acercamiento del Papa Francisco hacia “las Iglesias y Comunidades eclesiales”, como las llama la Encíclica “Que todos sean uno” del Papa Juan Pablo II (2). En la Argentina tenemos señales al revés: después de varias celebraciones ecuménicas ante las autoridades nacionales por el aniversario patrio, se volvió a un Te Deum sólo encargado a la Iglesia Católica, quedando los representantes de otros credos como simples invitados decorativos, de lo cual se quejó la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas.

Pero igualmente mantenemos nuestra aspiración a la unidad de los cristianos, como recientemente oramos en varios puntos del país, mantenemos viva la aspiración a seguir siendo ecuménicos también espirituales, por una espiritualidad de la vida, de la inclusión y de la dignidad de los cuerpos en los cuales vino a vivir Cristo Jesús, es decir, mantenemos la aspiración a seguir siendo “cuerpo de Cristo”, y esa unidad la hace el Espíritu de Dios, o sea el verdadero “ecumenismo espiritual” para el cual nadie tiene el sello de invitación.+ (PE)

Notas:

(1) Claudia Peiró http://www.infobae.com/2014/07/26/1583417-si-alguien-vive-las-ensenanzas-cristo-no-importa-que-sea-evangelico-o-catolico

(2) Según esta Encíclica solo alcanzan la categoría de Iglesias algunas Ortodoxas, tiene algo de Iglesia la Anglicana y las demás sólo pueden ser reconocidas como “comunidades eclesiales” sin rango de Iglesia.

Juan Pablo II, Carta Encíclica sobre el Ecumenismo, Ut Unum Sint, San Pablo, Bs. As., 1995.

(*) Pastor (j) de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Educador.

 

SN 0574/14