¿Qué ha cambiado?

Sólo hace falta estar un poco al día de las noticias políticas de nuestro país para darse cuenta que esa cita expuesta por Giuseppe Tomasi de Lampedusa en su novela “El gato pardo”, en la que se decía que “si queremos que todo siga como está es necesario cambiarlo todo” –a lo que yo añado: “o como mínimo aplicar algunos cambios cosméticos”- parece estar muy presente tras todos los vaivenes políticos que hemos vivido en los últimos años, dentro y fuera de nuestras fronteras, y con la aparición de esos partidos que prometían una plena regeneración política y en aquellos otros que supuestamente se vieron obligados a copiar las nuevas fórmulas propuestas por estos.

Tras la espontanea explosión de indignación y deseos de cambio que nos llevaron a las calles un 15 de mayo de 2011, dentro de un contexto de crisis global y una desproporcionada desigualdad mundial, que pusieron en evidencia la desafección de parte de la ciudadanía con la clase política y sus decisiones, y posiblemente el agotamiento de la etapa política que se inició en España tras la dictadura –eso que se ha venido a llamar “régimen del 78”- aparecieron nuevos partidos e iniciativas sociales y un aparente deseo de los partidos ya existentes de regenerarse y abrirse a sus bases.

Regeneración, nueva política, mejora de la transparencia de los partidos políticos, acercar las instituciones a la ciudadanía, en algunos casos asamblearismo, etcétera, etcétera. Propuestas y deseos muy necesarios y nobles pero que al final poco o nada se están cumpliendo, demostrando que tanta lucha, esfuerzos y tiempo invertido por muchas/os bajo la ilusión del “sí se puede” nos han llevado a seguir donde estábamos, sin que haya habido cambios sustanciales en la política y menos en el cómo y quién ostenta y gestiona el poder.

Tampoco podemos excluir de la ecuación, que ha llevado a la pervivencia o apuntalamiento del sistema –monarquía, constitución del 78, casi nula separación de poderes, millares de cargos públicos aforados y un moribundo estado de las autonomías-, “el procés catalán”, tras el cual no debemos olvidar que también se hayan aquellos que les vino muy bien para tapar sus miserias o apuntalar su propia supervivencia y la de sus ideales neoliberales bajo su propia estrategia lampedusiana.

Por lo tanto si volvemos la vista atrás y luego miramos nuestro presente nos daremos cuenta que: la elección de quienes serán los candidables a representarnos en las listas de los diferentes partidos siguen eligiéndose a través de la “dedocracia”, la transparencia en todos y cada uno de los partidos políticos no se ve por ninguna parte, la denominada izquierda sigue llevándose a matar, anteponiendo en no pocos casos sus intereses a los de la ciudadanía, sigue sin haber voluntad o narices de buscar consensos para poner solución a la crisis social y a la aún más importante crisis territorial, la criminal reforma laboral del Partido Popular (RDL 3/2012) sigue en vigor, la ley de estabilidad presupuestaria sigue marcando las políticas del país, los medios de comunicación siguen al servicio del poder, es imposible cerrar un acuerdo que garantice en el tiempo la supervivencia y calidad de nuestras pensiones públicas, el régimen del 78 parece seguir bien apuntalado, y todo ello con el dictador durmiendo su plácido sueño eterno en su monumental mausoleo.

Por consiguiente cabría preguntarse: ¿qué ha cambiado?

MSNoferini

Ley de la palanca