A cuentas con… las celebraciones

“A esta es”…

El pasado fin de semana la Hermandad de la Macarena celebraba el centenario del fallecimiento de José Gómez Ortega ‘Joselito el Gallo’. El 16 de mayo de 1920 un toro llamado ‘Bailaor’ acababa con la vida del considerado “rey del toreo” a los 25 años de edad en la plaza de toros de Talavera de la Reina.

De quien era Joselito para el toreo se encargaran los entendidos de la suerte de la tauromaquia. Pero, de quien era Joselito para la Hermandad Macarena, hablaremos un poco hoy para entender la trascendencia que en la historia de la corporación tuvo este joven matador de toros.

Muchos podrian quedarse en el famoso regalo de las ‘mariquillas’. Hablemos sobre ellas. Dichas piedras, a pesar de que el pueblo las llama ‘esmeraldas’ no son tales, pero eso sí, son pétalos de cristal de roca francés de muy alta calidad, que el torero le compra en la famosa plaza Vendome de París a un joyero, indicándole que eran para una novia suya de Sevilla.

Ese simple regalo no hubiera sido más que eso, un regalo de alta calidad, que quizás en otro momento y circunstancias no hubiera ido más allá. Pero en el momento que en esos años vivia la hermandad, fue uno de los muchos cambios que llevaba a cabo en los últimos años y que no hizo sino completar una respuesta estética a los tiempos que vivíamos.

Como muchas veces hablamos del presente, las cosas que pasan son consecuencia de la época que pasamos, en el pasado no era diferente. Pongámonos en situación. En la Hermandad de la Macarena se estaban produciendo importantes cambios estéticos y de organización. Eran diseñados por Juan Manuel Rodríguez Ojeda y llevados a cabo con importantes mecenas con los que la entidad tuvo la suerte de estar rodeada, destacando dos entre ellos, Juanita Reina y el malogrado Joselito.

Se vivía una época donde el mundo sufria cambios estéticos: el art déco, el fauvismo, el cubismo y el resto de nuevas tendencias que aparecian por Europa, hacían que la mente de los artistas estuviera abierta a lo nuevo y Juan Manuel no era otra cosa que eso, un artista con ganas de innovar y muchas ideas en la cabeza, junto con la ayuda de sus mecenas y la personalidad de una junta de gobierno sin miedo “al que dirán”. Le dieron un vuelco estético primero a su hermandad y casí sin querer a la Semana Santa sevillana y por ende, a las de muchas zonas de Andalucía por completo: palio de bambalinas, túnicas, vestimenta de imágenes, la ropa de hebrea de las vírgenes, los besamanos de las imágenes, la corona de oro de la Macarena… Un sin fin de ideas que tuvieron la suerte de cuajar en una hermandad pobre en lo económico en aquella época, pero rica en seguimiento popular, tal y como siempre fue la Esperanza.

Fue tal el impacto de la muerte de Joselito en la ciudad, que el féretro estuvo acompañado en su traslado por la ciudad por miles de personas. Su funeral se celebró en la catedral (hecho solo reservado para Monarcas), y por supuesto, que la Macarena se vistió de luto (por Juan Manuel), convirtiéndose en una de los momentos más icónicos del dolor representados en una imagen.

Para finalizar, decir que la Semana Santa de Sevilla, siempre tuvo su origen en el pueblo y dentro de ese pueblo, existen nombres como el de Joselito que engrandecieron a una hermandad, su hermandad. Evidentemente, no fue solo sus aportaciones económicas, pero si la conjunción de cuanto se rodeó en aquella época, para llegar casi sin pretenderlo, a diseñar la Semana Santa de su futuro, esa que nos ha llegado hasta nuestros días y que poco a poco estamos estropeando.

Aprendamos de ellos. “Bueno, pararse ahí”