Adah Isaacs Menken: Poeta, pintora, escritora y actriz precursora del feminismo y el empoderamiento político

Alixia Mexa

Puede pensarse que en nuestros días la mujer ha alcanzado ese reconocimiento y esos derechos que gran parte del tiempo le fueron relegados por una sociedad que la invisibilizaba en cuestiones políticas e intelectuales. Sería importante pronunciarse y agradecer a grandes mujeres que antecedieron en la historia con postura y actos revolucionarios, tratando de conquistar un lugar en ese momento de su existencia a través de la lucha.

¿Acaso ellas determinaron desafiar las reglas de la sociedad de su época, sobre todo esas reglas no escritas que se fundan en arquetipos y estereotipos que marginan y depredan a las mujeres?

En Estados Unidos de América existió una mujer brillante nacida el 15 de junio de 1835: Adah Isaacs Menken, quien destacó y triunfó en el escenario teatral llevando a cabo una obra en la cual interpretaba a un hombre quien, como castigo, fue amarrado y arrastrado por un caballo, provocándole sufrimiento hasta la muerte.

Esta obra fue una adaptación del poema «Mazeppa» de Lord Byron. La representación de Adah obtuvo fama tanto en Nueva York como en San Francisco, ya que durante la escena mencionada vestía una malla de color beige, dando la sensación de que estaba desnuda.

Posteriormente Adah viajó a Francia y a Londres, presentando este drama en el Teatro Astley por primera vez el 3 de octubre de 1864, con lleno total, donde tuvo gran aceptación hasta 1866.

Como actriz, las primeras presentaciones de Adah sucedieron en el estado de Texas, con lecturas de Shakespeare. Escribió poemas y realizó bocetos para el Liberty Gazzette en el condado de Galveston, donde contrajo matrimonio por primera vez en febrero de 1855 con el músico G. W. Kneass.

Adah escribió un solo libro lírico: Infelicia (Infelicidad), una antología de 31 poemas, la cual se publicó después de su deceso. Convivió con poetas en boga de la época, como Walt Whitman, a quien conoció en Nueva York. En 1860, Menken escribió una reseña titulada «Nadando contra la corriente», elogiando la nueva edición de Hojas de hierba del autor estadounidense, en la cual muestra su identificación bohemia con él y alaba su intelecto.

Su producción literaria denota a una mujer capaz e instruida, con el temple suficiente para publicar en periódicos de entretenimiento, como el Sunday Mercury. En este periódico publicó veinticinco poemas de 1860 a 1861, los cuales, junto con seis más, fueron incluidos en su obra póstuma.

Además del medio antes mencionado, sus letras fueron recabadas por The Israelite de Cincinnati, donde se reprodujeron poemas y artículos de ella sobre el judaísmo. Igualmente, se publicó su obra en el Jewish Messenger de Nueva York, ciudad donde ofreció lecturas sobre Shakespeare.

En el Medio Oeste y el Sur Superior ofreció lecturas literarias. Sus actuaciones en el país norteamericano la convirtieron en una celebridad destacada. Era una mujer bella, cuya poesía y pintura quedaron en segundo plano frente a su fama de actriz.

Independientemente de su éxito teatral, Adah tenía un interés particular en plasmar, en sus poemas, sus ideas y emociones acerca del lugar de las mujeres en el mundo, pues las representó a través de su actuación. Incluso dio muestras de su personalidad multifacética e intelectual al escribir un artículo político sobre las elecciones de su país, llamado «Las elecciones de 1860».

Menken se forjó una carrera admirable que la llevaría al otro lado del Atlántico a cosechar el éxito escénico, tanto por su personalidad brillante y atrayente como por su soberbia interpretación del joven Iván Mazzepa. Estando en Europa, atrajo a cientos de admiradores, entre ellos prominentes figuras como Charles Dickens (a quien le dedicó su único poemario), Tom Hood y Charles Reade.

En 1866 la artista se involucró sentimentalmente con el novelista francés Alejandro Dumas, quien tenía algo más del doble de su edad, lo que causó escándalo entre la sociedad de aquel tiempo. De tal manera, expuso su capacidad de decisión al margen de lo que pensaran los demás. Un año después, en 1867, se relacionó con el poeta inglés Algemon Charles Swinburne.

Aunque lo anterior no deja de sorprender dada su belleza y fuerza atribuidas, Adah tuvo que recuperar el lugar que le correspondía en el ámbito literario, político y social.

Tal vez haya sido el simbolismo del caballo de Mazzepa lo que me llevó a dar con ella siglo y medio después de su triunfo en Francia. Quizá sus agraciadas letras permanecen en una oscuridad acuñada con la indiferencia que suelen tener las sociedades de todos los tiempos con las mujeres hermosas e inteligentes. Dichas sociedades relegan a las mujeres a un olvido institucional y las confinan a una prejuiciosa cosificación genital, como se advierte en las críticas hacia ella, haciendo  énfasis en  la sexualidad como el factor principal de celebración para la obtención de un triunfo para el cual se invisibilizan otras virtudes, como el talento, la inteligencia, la sensibilidad social y el amor.

A pesar de las feroces diatribas que se le asignaron, hubo quienes anularon las afirmaciones de que su trabajo carecía de talento; críticos posteriores, como A. R. Lloyd en su libro The great prize fight y Graham Gordon en su libro Master of the ring, no coincidían con esos argumentos. Sobre todo, tuvo admiradores importantes, como Christina Georgina Rossetti y Joaquín Miller, poetas de Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente.

Entonces, parece preferible para otros fincar una apoteosis de sus dotes eróticas para colocarla al margen de este ser —Adah, quien merece ser respetado, amado, ser feliz; que puede pensar y adelantarse a su época; que requiere solamente de la comprensión de la energía portadora de su alma. Dicha preferencia reconoce la contrariedad humana.

Es razón inaplazable, entonces, recordar en estos agitados espacios las palabras de su poesía, donde se distinguen indicios de talento poético y se entrevera una especie de autorreivindicación en la anacronía del tiempo, tal como sucede a las personas dotadas con el sortilegio de la poesía. He aquí un fragmento de su poema «Yo mismo»,incluido en el enigmático título de su poemario Infelicia.

¡[…] desde la tranquila y gris llanura del cielo, y que mi triunfo se elevará dulce con el amanecer!

Cuando estas nieblas mortales destapen al mundo, ¡entonces seré conocido como soy!

Cuando me atreva a estar muerto y enterrado detrás de un muro de alas, ¡entonces él me conocerá!

Cuando este mundo caiga, como un viejo fantasma, envuelto en las faldas negras del viento, en la insondable eternidad del fuego, ¡las almas se levantarán! (Isaacs Menken, 1868).

Desafortunadamente, Adah murió en la pobreza el 10 de agosto de 1868, con tan solo 33 años de edad, debido a haber sido de carácter generoso con diversas personas en sus tiempos de abundancia. Lo cual, como en este caso, no garantiza el recibir lo que se ha dado de corazón. Su tumba se encuentra en el cementerio de Montparnasse, Francia, con el epitafio: «Tú lo sabes». ¿Dedicado a quién? Solo ella lo supo. ¿Se logrará levantar su alma a decírnoslo?

Referencias

Wikipedia (2020). Adah Isaacs Menken. Recuperado de https://en.wikipedia.org/wiki/Adah_Isaacs_Menken.

Alixia Mexa es escritora, poeta, docente de educación media y media-superior en el área de Biología y Chihuahuense Destacada 2013 en Literatura y Letras. Nació en ciudad Jiménez, Chihuahua. Ha escrito varios libros de poemas y prosa poética y ha editado Rosa de arena y villa y El poder intangible. Ha participado en recitales y encuentros poéticos en diferentes partes de México y el extranjero. Ha colaborado con diversos medios digitales nacionales e internacionales, en más de ochenta antologías de diversa temática. Actualmente pertenece al grupo cultural Dulcinea Editoras.