Algunas impresiones sobre las elecciones europeas.

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1-Las elecciones de ayer nos dejan algunas sorpresas y la confirmación de unas tendencias que se vienen gestando en Europa estos últimos años. Una de ellas es, por supuesto, el incremento de las fuerzas políticas de ultraderecha en países como Francia, donde resulta vencedor el Frente Nacional de Le Pen, Reino Unido con el UKIP, Dinamarca, Austria, Alemania y Grecia, con los preocupantes resultados de Aurora Dorada, de carácter neonazi, que podría tener tres eurodiputados. Lo cierto es que en épocas de crisis y de importantes retrocesos en la credibilidad y legitimidad de las instituciones los extremos ascienden, con el ejemplo de estos partidos eurófobos o, simplemente antieuropeos en algunos casos. Comienzan a oírse las comparativas con esta situación y la de los años 30 en Europa que todos conocemos bien; no obstante, no creo que haya que rasgarse las vestiduras, sino reflexionar sobre el porqué de esta tendencia. Hay que aprender de estos resultados tan preocupantes y admitir que las políticas de la Unión Europea chocan con una gran multitud de ciudadanos que manifiesta sus pulsiones por medio de estas formaciones. Es necesario cambiar el rumbo e impedir que tomen más fuerza los partidos de extrema derecha que podrían suponer un importante agravio para la convivencia y para el devenir de muchas políticas, especialmente las referidas a la inmigración.

2-¿En clave nacional? Es habitual valorar estas elecciones en clave nacional de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales, y a las nacionales dentro de dos años. Los resultados nos dan también mucho que pensar y que meditar, especialmente por parte de los dos principales partidos. El bipartidismo parece romperse, y viendo la distribución electoral de anteriores elecciones se confirma la tendencia de la pulverización del voto. Por una parte, el PP ha sufrido una derrota importante, por mucho que se hable numérica y demagógicamente de victoria; ha perdido una gran cantidad de votos y ha retrocedido en comunidades importantes, lo cual es una prueba ineludible de que sus políticas son ampliamente cuestionadas por una parte de la población, harta y descontenta. Por otra, el PSOE sufre una derrota mayor todavía, con un retroceso grandísimo estando en la oposición y sin levantar cabeza. El socialismo español, si es que puede llamarse así aún, necesita un cambio urgente si quiere sobrevivir como partido en segunda posición; debe llevar a cabo una regeneración –palabra tan actual e histórica– y acabar con una estructura política anquilosada y unos dirigentes que ya no pertenecen a esta época ni responden a los intereses de la izquierda. La dimisión de su ejecutiva y el avance en las primarias podría ser una oportunidad para ellos para recuperar tantos y tantos votos que se han desplazado a otras formaciones.

3-La dispersión del voto. Este asunto me alegra porque supone un varapalo a un bipartidismo neoliberal que me angustia y exacerba; no obstante, también es en cierto modo preocupante por la dificultad de gobernar un país de este modo. Hay partidos con presencia importante que me causan muchas desconfianzas (UPD, Ciudadanos), cuyos votos seguramente habrán provenido de muchos descontentos con el PP. Por otro lado, la izquierda más real aumenta, con un fuerte incremento de Izquierda Unida y la fulgurante entrada en el parlamento de Podemos. Estos últimos partidos también me causan alguna reticencia, especialmente el último por las críticas que está recibiendo, tildándolo de populista, demagógico u oportunista. La realidad es que la lectura de la situación actual desde un punto de vista anticapitalista (si es posible llamarlo así) y en contra de las políticas comunitarias actuales, coincide con el sentir general de gran parte de la población. Es una pena que la izquierda alternativa al desgastado y trasnochado PSOE esté tan dispersa y no sea posible aunar fuerzas contra el bipartidismo. Si no se avanza en esta dirección, las posibilidades que otorgarían los resultados en las nacionales podrían verse minorizadas por el efecto de la Ley d’Hont y el típico recurso al voto útil. A pesar de todo esto, no puedo dejar de manifestar mi alegría por el incremento de estas opciones que pueden plantar cara a las nefastas política a que nos están sometiendo durante años y, además, son la manifestación electoral de tantos movimientos sociales que estamos contemplando en nuestro país.

4-Los nacionalismos. Este es otro punto en los resultados electorales que dice mucho para quien quiera oír. ERC gana en Cataluña con su proyecto soberanista e independentista; PNV y Bildu obtienen la gran mayoría de votos en el País Vasco, con Bildu en primera posición en Guipúzcoa y Álava. Ni me preocupa ni me deja preocupar. No soy nacionalista y no tengo ese sentir, pero respeto profundamente la voluntad de muchos que desean poder decidir su futuro. Quienes asisten a estas manifestaciones políticas en sentido soberanista, que han venido para quedarse, y únicamente hacen oídos sordos, son bastante necios políticamente hablando. Urge abordar este problema ya y no postergarlo por la vía del desprecio y del castigo; de lo contrario, la ceguera manifiesta del bipartidismo ante unas reivindicaciones claras y sonoras podría empeorar la situación futura en otra dirección.

5-La escasa participación. Los resultados electorales a nivel europeo y nacional deben hacer que pensar, pero también debe hacerlo la participación. En España, pese a incrementarse levemente respecto a 2009, son cifras muy preocupantes. Tan sólo el 45.84% del electorado ha acudido a votar. ¿Qué validez tienen estas cifras y estas elecciones, tradicionalmente de poca participación? ¿Qué credibilidad puede tener una institución como el Parlamento europeo con estos niveles bajísimos de participación? ¿Qué siente la gente hacia la Unión Europea, con su maraña de instituciones complejas, su falta de democratización, hacia el poder de la Comisión y el Consejo…? No es un asunto baladí: creo que la salud democrática de un sistema reside en la participación de las personas, no sólo en este sentido, sino durante todos los días del año por medio de otros canales. Aun así, las bajas cifras de participación no parecen inquietar a los grandes que suelen salir beneficiados. Al menos, deberían dar un aviso a la ciudadanía para revisar nuestro papel social y nuestra participación política.