Bases para un compromiso budista con occidente crítico -Parte 1-

El Budismo Occidental debe ser social y crítico

I
Hay aspectos de la reflexión occidental que permanecen opacos a la tradición budista. Asimismo, esto sucede en la dirección contraria de esta relación. Mi propuesta es generar una disciplina de estudio y crítica, con los valores occidentales de escucha de la palabra de los  pueblos, de su gente, y la ética y práctica que deviene activa en nuestra sociedad, a partir del budismo engarzado con estas tendencias que también son propiamente humanas, tal el grado actual de evolución de nuestra conciencia y nuestra sociedad.
Las tradiciones budistas adhieren solamente, única y exclusivamente, de manera tradicional, a las enseñanzas esparcidas en el mundo por el Buda histórico a través de la Sangha o comunidad. Podríamos darle un tinte religioso diciendo que estas nuevas maneras de encarar la práctica como política surge de un encuentro con la divinidad de alguna manera sobrehumana, pero esto no sería acorde con nuestro modo occidental de pensar las relaciones entre los planos de existencia. También es cierto que cuando una personalidad expone sus ideas, y éstas son tomadas por grupos de personas que se comprometen con esos discursos, ellos, los discursos, adquieren otro viso, otra realidad. Pasan a pertenecer al plano de lo universal, que es el mote distintivo de la  deidad. Una universalidad que puede aplicarse a casi cualquier situación, un método de análisis y un sistema de percepciones que adquiere su relevancia más allá de los sujetos individuales que lo propugnan y lo llevan adelante, sin dejar de ser objeto a su vez, de modificaciones y cambios como lo fueron así también las historias de las prácticas y comunidades budistas. Ellos adquirieron de sus diversos ámbitos de arraigo, la afluencia de formas de ver el mundo y prácticas tradicionales de esos lugares, donde surgió el sincretismo como forma superadora.

Por eso hoy veo la necesidad de hacer confluir las prácticas budistas con las reflexiones filosóficas occidentales, y puede que sea una larga jornada, un trabajo arduo y que se extenderá más allá de mi individualidad y de muerte, seguramente. En particular las reflexiones occidentales sobre lo material y cotidiano, que incluyen cuestiones que escapan tradicionalmente a los intereses budistas tradicionales, y las reflexiones políticas y sobre el poder, que cambiarán el rol en la sociedad y la extensión de la práctica de las nuevas Sanghas.

Las cuestiones materiales sirven para mejorar la práctica espiritual, y muchas veces, mejores condiciones materiales para la gente ayudan para que se involucren en una práctica espiritual o educativa. Los que no comen, no tienen techo, y no conocen las enseñanzas están menos capacitados que los que sí las tienen para tener esperanzas, paz y libertad. La revolución debe ser en lo cotidiano, en todos los aspectos de la vida, surgir del interior, para volver a él, pero también teniendo en cuenta los aspectos materiales. Eso es ser realmente compasivo, no deseando que todos hagan lo que uno hace, sino dándoles iguales posibilidades de desarrollo a todos.

II
Este encuentro con los grandes discursos occidentales no deja indemne a la filosofía budista. Aún ellos se encuentren en crisis diversas, por los avatares del pensamiento occidental tan dado a la crítica no siempre constructiva, que cuestiona muchas veces las grandes construcciones. Pero no hay que perder de vista que se refieren muchas veces a planos distintos de lógicas diversas, de objetos y procesos diversos, es decir, la cuestión que plantea el budismo de superación individual no está escindida pero se ocupa de otros temas que los de la reflexión social.
Tienen su punto común de encuentro o desencuentro: de hecho algunos grandes maestros actuales suponen que el cambio social sólo se puede lograr desde lo individual, perteneciendo ellos mismos a unas instituciones milenarias que le dan el poder y el status para poder decir lo que dicen y ser escuchados atentamente con respeto. Pero el budismo no se reduce a la situación actual de las escuelas, que aunque no quieran admitirlo, también están en crisis. La China ha invadido y tomado el Tibet para hacerlo crecer de una manera inédita hasta ahora. Sin ellos seguirían sumidos en un régimen feudal, según nuestros estándares democráticos occidentales.
Estas miradas sociales, no individuales, que agrupan a las personas, se constituyen como instituciones, que existen aún en las diversas sociedades donde las prácticas budistas son mayoritarias. Es como si dijéramos, en términos budistas, que las personas se rinden ante dioses con mentes individuales “creadas” o instruidas por algunas ideas o seres de cualquier reino de existencia, cualquiera de ellos en el pasado, y se constituyen en deudos de esos dioses o sistemas políticos de ejercicio del poder, quedando atrapados en discursos y relaciones que hacen repetir incansablemente las mismas necesidades a generaciones enteras, sin generar una manera de superar las contradicciones que el problema individual-universal, lo uno y lo múltiple, generan a nivel social y en diversas otras esferas del pensamiento y la acción, en las relaciones de poder que instituyen, por ejemplo.
El budismo se convierte, por parte de sus patriarcas y maestros, lamentablemente, en un ordenador social, en un regularizador, normalizador de la vida múltiple, que escapa a su mirada por su riqueza. Deja de ser ocasión de expresión de la diversidad de la vida a la cual alude, no deja que las necesidades y deseos de los sujetos se realicen como un camino en sí mismo, ayudando desde las enseñanzas a establecer un cánon de acciones virtuosas, sin ahogar las individualidades que debería promover. Condena muchas veces la opinión personal, por considerarla a priori “no iluminada”, como forma de generar disensos en lugar de opciones, de manera autoritaria. Teme y aborrece la proliferación del pensamiento, tanto del crítico constructivo como el de los ignorantes.

III
Los budistas también creen, como los seguidores de los grandes discursos, que su mirada agota todas las posibilidades de relación entre los seres humanos y los seres del mundo.
De todas maneras, ellas son formas de leer, de interpretar lo que sucede a nivel social e individual. El medio en que vivimos es múltiple, es material, psicológico, social, transindividual. Ninguno de estos puntos de vista debe tener preeminencia sobre otros, si bien podemos ver que se condicionan de manera interrelacionada todos ellos. El budismo no ofrece una manera satisfactoria de lidiar con los problemas sociales, de abordarlos de manera crítica, ni tampoco una forma de abordar el desarrollo de lo material, ya que propone la renuncia en muchos casos, pero nunca un iluminado reconocido budista propuso el desarrollo de los medios de producción y de la sociedad en su conjunto. Todos estos son aspectos de una misma vida, individual-subjetiva y colectiva, y no podemos andar como truncados por nuestra vida, sin tener herramientas para abordar un diálogo civilizado, donde las diferencias evidentes sean bien vistas como algo precioso, como lo que verdaderamente son, oportunidades de desarrollo material, social, espiritual, psicológico, transindividual. Donde la diversidad de puntos de vista, la libertad de cada uno de elegir que se produce por el mismo vacío que el budismo ve como condición de posibilidad de toda acción, de toda felicidad, de todo karma o condicionamiento posterior, relativo, positivos o negativos, sean ocasión de culminar un proyecto de vida personal, que nos haga a cada uno dueños de nuestro destino. Nuestra capacidad de desarrollarnos como adultos realmente, como ellos pregonan que debemos ser, mientras los monjes se esconden de la sociedad asumiendo, un compromiso con ella dudoso y de calidad inferior por la falta de diálogo (que ellos consideran impuro, molesto, que no agrega ni quita nada a la mente universal a la que aspiran).