Bases para un compromiso budista con occidente crítico -Parte 2-

IV
Sin embargo, nuestras acciones se reflejan en lo infinito. Nuestro desinterés en las cuestiones materiales y sociales genera a la vez una posibilidad de generar odio o aversión hacia estas miradas, odio y aversión que ellos suponen querer aniquilar por completo, alcanzando la ecuanimidad más absoluta. Pero aun así están tomando partido por un modelo de desarrollo económico y social, que influye en, y es influido por, la gente que decide, por su libertad, no involucrarse en las prácticas espirituales. Justamente este es el defecto de las prácticas espirituales que desdeñan el mundo material: que hacen que las personas interesadas en el desarrollo social las vean como maneras de evadirse de los problemas que ellos consideran más serios, alejándolos definitivamente de esas prácticas, generando un mundo dividido. Mi tarea es hacer que eso no pase. Mostrar en vida y obra que es posible armonizar ambas prácticas y miradas. Es sabido que no soy el primer practicante espiritual que se interesa por las miradas sociales que tienden hacia una revolución como un modo de mejorar la vida de la gente. Existieron en Italia cristianos comunistas, es decir que esto no es nuevo, aunque nunca lo pensaría imposible aún si no existieran ejemplos a seguir. Toda experiencia en general, ya sea personal como social, material, psicológica, transindividual, debe culminar o llegar en algún momento a una síntesis de donde surgen nuevos cuestionamientos y nuevas prácticas. Toda experiencia social también debe ser así. Prolongar artificialmente la existencia de situaciones y Sanghas donde las condiciones que les dieron existencia ya no existen, es culminar necesariamente en una crisis, donde las bases se encuentran corrompidas por la sucesión de aquello que el Buda vio claramente: que toda realidad es impermanente, que el sufrimiento impregna todas nuestras realidades y que las realidades son interdependientes, sin realidad esencial individual. Todos nosotros estamos impelidos como budistas a una práctica social, a una opción política, en un mundo en el que todos estamos interrelacionados. Todos nosotros como políticos estamos impelidos a sintetizar nuestra experiencia espiritual, a desarrollarnos para poder servir mejor a nuestros camaradas, compañeros, a nosotros mismos y lograr una sociedad con mayor felicidad.
V
Claro que todo comienza y termina en lo interior. Hay que trabajar para hacer conocidas las enseñanzas y generar las condiciones para su desarrollo, para el desarrollo de todas las intenciones que tengan como finalidad aumentar la felicidad en cualquier sentido de las comunidades humanas.

Y me interesa resaltar el carácter revolucionario del budismo. El budismo propone que todas las personas y los seres vivientes alcancen un estado más allá del sufrimiento, para decirlo en general. Esto tiene diversos aspectos. El Buda se ocupó de realizar un movimiento de separación del mundo en un movimiento que fue necesario en aquél momento, pero hoy es necesario hacer una síntesis superadora entre las necesidades mundanas que conforman nuestra experiencia cotidiana a la cual ni los monjes Zen están dispuestos a renunciar (de hecho ven necesario pertenecer al mundo donde viven las personas y seres que sufren para ayudarlos).
Propongo que no tener ninguna mirada concreta y asumida con compromiso sobre la sociedad resulta en una aproximación ingenua sobre la misma y sobre el sufrimiento de los seres que viven interrelacionados de maneras cada vez más complejas y muchas veces nocivas. Es ignorar un tipo de sufrimiento que el Buda no supo cómo abordar, por alejarse del mundo: el sufrimiento que causan conscientemente algunas personas sobre otras, la explotación del hombre por el hombre, y de la naturaleza por el hombre, de maneras desenfrenadas. Sí dio las pautas para reconocer las causas en los individuos de estos sufrimientos, las emociones a las que nos rendimos de codicia, avaricia, odio, ignorancia, etc. Pero sería ignorante de nuestra parte no tomar en cuenta que existe una realidad transindividual y social, que los discursos se convierten en realidades para la gente, que estas maneras económico-sociales de relacionarnos adquieren un poder por sobre los sujetos implicados que escapa a la conciencia del budismo, porque fue pensado para otra sociedad sin medios masivos de comunicación ni internet, por ejemplo. Las conciencias son más complejas que antaño, más desarrolladas, y los métodos para vivir de manera armónica, si bien en sus bases quizás nunca cambien, (ética necesaria que el marxismo, por ejemplo de praxis social, se abstiene de abordar), requieren de nuevos métodos de análisis y acción más desarrollados.
VI
El budismo actualmente es ciego a las necesidades de los practicantes que se involucran en la sociedad occidental, que valora el pensamiento. No les da cauce a los problemas reales que se presentan en nuestra sociedad, al hablar de cuestiones que son el fundamento de la acción, pero que no agotan las posibles acciones. En realidad el Buda sólo dio consejos, y si estableció una forma de vida al margen de la sociedad, esta vida se transformó para ser parte de nuestra sociedad, donde muchas veces hay que pagar por las enseñanzas, donde quedan los mojes atrapados por acción u omisión en una opción política que los vuelve parte de un mundo que necesariamente los incluye, y al que siempre intentan, por tradición ciega, dar la espalda en lo personal, aborreciendo de las cuestiones sociales que a fin de cuentas también los condicionan y hasta determinan parte de su vida monástica o laica.

Así parece pensarlo el marxismo también, con sujetos plenamente condicionados por los aspectos sociales. Lo cierto es que ambas situaciones se superponen: tanto lo social como lo subjetivo-”individual”, las condiciones del medio y del medio interno, disponen a las decisiones, al pensamiento y a las acciones. Si la meditación está mal vista por el marxismo, probablemente no se medite en los círculos de sus seguidores. Si las prácticas gremiales están mal vistas por los budistas, es probable que no existan organizaciones democráticas en los países donde gobiernan los budistas. Así también, si las personas son puestas en libertad para optar por un desarrollo personal a la vez que bregar por un desarrollo social, y de la conciencia social, se abre la posibilidad, que siempre existió, de que estas dos miradas se encuentren de manera armónica, constructiva.