Cloacas

Llama la atención que a un señor, independientemente de su dedicación, afinidades políticas y/o mayor o menor aparición en los permanentemente manipulados medios de comunicación nacionales, le puedan ser aireadas sin ningún pudor sus posesiones económicas -hasta el último euro- sin que ningún ciudadano decente reclame contra semejante atropello de los derechos individuales, será que ya no quedan de aquellos. Que hoy todo el mundo tenga a mano los dineros del señor Monedero, gracias al consentimiento y la corrupción imperante en los ministerios correspondientes -como si no supiéramos de ella-, y a tanto y codicioso estómago agradecido vendido a las cloacas de un poder que no tiene reparo en saltarse a la torera todas las normas con tal de desnudar a sus hipotéticos enemigos, es más que suficiente para formalizar una denuncia en toda regla y pedir la dimisión de los directamente responsables; y si el señor Monedero no lo ha hecho supongo que es porque no merece la pena hacerse la víctima y objeto de tanta calumnia o, en cambio y como suele sentenciar la simple sabiduría popular -esa pseudociencia de catetos perezosos que juzgan con los pies y critican con el estómago-, es que algo raro hay.

No me importan ni el dinero ni las formas de conseguirlo del señor Monedero, e imagino que ya supondría él de antemano con quién se jugaba los cuartos cuando inició el asalto al poder que significa Podemos, lo que no acepto es que el país se haya acostumbrado a tanta mierda sin escandalizarse, que se grite, acuse y discuta sobre cuestiones menores o secundarias y se cierre la no discusión con un perentorio y vergonzante más de lo mismo. Si todavía no hemos entendido de qué va esto mejor lo dejamos y volvemos a la puerta de la iglesia a besarle la mano al cura y al corral a cuidar las gallinas, ya llegará de fuera la caridad de quién nos necesite como consumidores. Tal y como está el patio, tirarnos piedras unos a otros por cuestiones de calderilla ajena no es muy instructivo, necesitamos otros políticos que sepan hacer política, no estos mamarrachos capaces de vender a su propia madre por un sillón.