Corea del Norte: amarillismo y genocidio

706 El pasado martes, Antena 3 emitió el documental “En tierra hostil 5: Corea del Norte”, donde visitaron el país asiático de la mano de Alejandro Cao de Benós, representante diplomático del régimen en Occidente. Como era de esperar, el documental siguió el más que previsible guión de visitas oficiales, cámaras ocultas, preguntas incómodas y actitud desafiante tanto del periodista como del diplomático hispanocoreano. Es difícil encontrar documentales sobre Corea del Norte que se desvíen de esa tónica habitual, con excepciones como el vomitivo publirreportaje de RT que filmaba adolescentes norcoreanos cogidos de la mano en un parque con cisnes.

Dejémoslo claro: hay suficiente evidencia para concluir que la RPDC es un régimen totalitario, genocida y manipulador. Pero por esa misma razón, el trabajo de los periodistas que visitan el país debería ser ejemplar, honrando a la responsabilidad tan elevada que tienen de mostrar al mundo la realidad del régimen juche. Y considero que Jalis de la Serna y su equipo, como otros tantos, no estuvieron a la altura.

Desde el principio, el equipo de Antena 3 adoptó el rol de “héroes de la democracia”, decididos a mostrar los secretos más oscuros del régimen. Se mostraron desafiantes ante Cao de Benós e irrespetuosos hacia los ciudadanos norcoreanos, a los que intentaban sacar palabras críticas hacia el régimen delante de delegados del gobierno y una cámara de TV (¿en qué cabeza cabe pensar que van a ser sinceros?). Con una combinación de planos y música destinada sin ningún disimulo a transmitir sensación de desconcierto en todo momento, los periodistas españoles adoptaron una arrogancia intelectual disfrazada de escepticismo, que luego no mantuvieron en su visita a Seúl (donde se creyeron a pies juntillas testimonios y dibujos de gente con un claro interés en transmitir una imagen demoníaca de Corea del Norte). Escenas como aquella en la cual se les permite grabar a niños faenando en el campo, pero no a trabajadores sucios y proclaman que no se les permite hacer su trabajo (por Dios, te han dejado grabar que existe el trabajo infantil en el campo, ¿de verdad no quieres criticar eso en vez de quejarte de que hay una conspiración para no grabar a jornaleros sucios?). O aquella en la que preguntan por qué las casas de Pyongyang son tan grandes y espaciosas, cosa dificílmente criticable, sólo por llevar la contraria a su anfitrión.

El documental (disponible en ATRESPLAYER) está plagado de escenas como estas, en las que Jalis se erige en defensor de todas las causas y protesta por todo. Por ejemplo, cuando se le dice que, si una persona gasta sus cupones mensuales para ir a un parque acuático (parque acuático, no piscina), puede ir otra vez pagando dos euros y el periodista responde que es un lujo fuera del alcance del pueblo, dado que el salario es de entre 7 y 14 euros. En una sociedad en la que las necesidades están cubiertas (mal, pero cubiertas) de forma gratuita, y se puede acceder gratis al parque acuático de forma periódica, pagar ese dinero por volver a ir no parece tan escandaloso. Pero para Jalis sí lo es. Como cuando critica que un norcoreano no pueda llevar cresta, sin darse cuenta de que en Bangladesh o Mongolia probablemente también sea considerada una alteración del orden social, y que es algo que, por una vez, no tiene que ver con la ideología juche de la RPDC.

Lo más gracioso de todo esto es que el equipo de reporteros de Antena 3 tuvo en sus manos la mayor amenaza para el régimen de los Kim sobre la faz de la Tierra: la bocaza de Cao de Benós. Se trata de un personaje paranoico que defiende que los niños aprendan a usar ametralladoras y afirma sentir ganas de matar americanos con sus propias manos. Un personaje que niega la existencia de presos políticos en Corea del Norte, pero que afirma sin tapujos en numerosas entrevistas que existen campos de trabajo en los que las personas que “desestabilizan al régimen” (es decir, tanto presos políticos como terroristas) trabajan sin parar en vez de “fumar porros y masturbarse”. Un tipo que se ganó el apoyo de los fascitas españoles en Twitter al declarar que la solución al conflicto migratorio en Melilla era la siguiente:

dprkEs un tipo que reconoce la hambruna por la cual murieron alrededor de un millón de personas (de un total de 24) y no se disculpa en nombre del gobierno. Pero no, Jalis de la Serna no le preguntó por sus declaraciones en prensa y en las redes, no hizo hincapié en algunas de las burradas que profirió en su visita, prefiriendo repetir el mantra de “no nos dejan grabar”. Declaraciones que, por cierto, se pueden encontrar en Intereconomía y Fort Apache (de HispanTV).

En resumen, creo que es absolutamente necesario que los escasísimos periodistas que pueden entrar en la RPDC cada año se den cuenta de la enorme responsabilidad que tienen en denunciar el régimen instaurado por Kim Il Sung, y que no pierdan el tiempo con ese “honor periodístico” que les invade cuando no les permiten grabar algo (aunque sea una mierda de estatua). Tienen en sus manos la posibilidad de hacer periodismo de alto nivel, sin amarillismos, y además sin “contrastar” opiniones con dibujos de una anciana.

PD: veo que circula por Twitter una foto de Pablo Iglesias con Alejandro Cao, que las NNGG del Partido Popular han intentado emplear contra Podemos. Lo que ocurre es que la foto completa (sin cortar) es ésta:

pablo-iglesias-cao--478x270Se trata de una foto tomada tras el debate “Corea del Norte: el último telón de acero”, del mentado programa Fort Apache, presentado por Pablo Iglesias, que contó con la participación de Cao de Benós y Rubén Herrero de Castro (derecha). En dicho debate, Herrero de Castro se ofendió notablemente con las declaraciones del diplomático norcoreano y el ambiente del debate permaneció tenso en todo momento. A la salida, Iglesias se tomó esta foto con los participantes en la disputa para intentar normalizar la situación y que todo acabara lo mejor posible. Pero siempre hay quien le busca tres pies al gato…

Corea del Norte: amarillismo y genocidio

706 El pasado martes, Antena 3 emitió el documental “En tierra hostil 5: Corea del Norte”, donde visitaron el país asiático de la mano de Alejandro Cao de Benós, representante diplomático del régimen en Occidente. Como era de esperar, el documental siguió el más que previsible guión de visitas oficiales, cámaras ocultas, preguntas incómodas y actitud desafiante tanto del periodista como del diplomático hispanocoreano. Es difícil encontrar documentales sobre Corea del Norte que se desvíen de esa tónica habitual, con excepciones como el vomitivo publirreportaje de RT que filmaba adolescentes norcoreanos cogidos de la mano en un parque con cisnes.

Dejémoslo claro: hay suficiente evidencia para concluir que la RPDC es un régimen totalitario, genocida y manipulador. Pero por esa misma razón, el trabajo de los periodistas que visitan el país debería ser ejemplar, honrando a la responsabilidad tan elevada que tienen de mostrar al mundo la realidad del régimen juche. Y considero que Jalis de la Serna y su equipo, como otros tantos, no estuvieron a la altura.

Desde el principio, el equipo de Antena 3 adoptó el rol de “héroes de la democracia”, decididos a mostrar los secretos más oscuros del régimen. Se mostraron desafiantes ante Cao de Benós e irrespetuosos hacia los ciudadanos norcoreanos, a los que intentaban sacar palabras críticas hacia el régimen delante de delegados del gobierno y una cámara de TV (¿en qué cabeza cabe pensar que van a ser sinceros?). Con una combinación de planos y música destinada sin ningún disimulo a transmitir sensación de desconcierto en todo momento, los periodistas españoles adoptaron una arrogancia intelectual disfrazada de escepticismo, que luego no mantuvieron en su visita a Seúl (donde se creyeron a pies juntillas testimonios y dibujos de gente con un claro interés en transmitir una imagen demoníaca de Corea del Norte). Escenas como aquella en la cual se les permite grabar a niños faenando en el campo, pero no a trabajadores sucios y proclaman que no se les permite hacer su trabajo (por Dios, te han dejado grabar que existe el trabajo infantil en el campo, ¿de verdad no quieres criticar eso en vez de quejarte de que hay una conspiración para no grabar a jornaleros sucios?). O aquella en la que preguntan por qué las casas de Pyongyang son tan grandes y espaciosas, cosa dificílmente criticable, sólo por llevar la contraria a su anfitrión.

El documental (disponible en ATRESPLAYER) está plagado de escenas como estas, en las que Jalis se erige en defensor de todas las causas y protesta por todo. Por ejemplo, cuando se le dice que, si una persona gasta sus cupones mensuales para ir a un parque acuático (parque acuático, no piscina), puede ir otra vez pagando dos euros y el periodista responde que es un lujo fuera del alcance del pueblo, dado que el salario es de entre 7 y 14 euros. En una sociedad en la que las necesidades están cubiertas (mal, pero cubiertas) de forma gratuita, y se puede acceder gratis al parque acuático de forma periódica, pagar ese dinero por volver a ir no parece tan escandaloso. Pero para Jalis sí lo es. Como cuando critica que un norcoreano no pueda llevar cresta, sin darse cuenta de que en Bangladesh o Mongolia probablemente también sea considerada una alteración del orden social, y que es algo que, por una vez, no tiene que ver con la ideología juche de la RPDC.

Lo más gracioso de todo esto es que el equipo de reporteros de Antena 3 tuvo en sus manos la mayor amenaza para el régimen de los Kim sobre la faz de la Tierra: la bocaza de Cao de Benós. Se trata de un personaje paranoico que defiende que los niños aprendan a usar ametralladoras y afirma sentir ganas de matar americanos con sus propias manos. Un personaje que niega la existencia de presos políticos en Corea del Norte, pero que afirma sin tapujos en numerosas entrevistas que existen campos de trabajo en los que las personas que “desestabilizan al régimen” (es decir, tanto presos políticos como terroristas) trabajan sin parar en vez de “fumar porros y masturbarse”. Un tipo que se ganó el apoyo de los fascitas españoles en Twitter al declarar que la solución al conflicto migratorio en Melilla era la siguiente:

dprkEs un tipo que reconoce la hambruna por la cual murieron alrededor de un millón de personas (de un total de 24) y no se disculpa en nombre del gobierno. Pero no, Jalis de la Serna no le preguntó por sus declaraciones en prensa y en las redes, no hizo hincapié en algunas de las burradas que profirió en su visita, prefiriendo repetir el mantra de “no nos dejan grabar”. Declaraciones que, por cierto, se pueden encontrar en Intereconomía y Fort Apache (de HispanTV).

En resumen, creo que es absolutamente necesario que los escasísimos periodistas que pueden entrar en la RPDC cada año se den cuenta de la enorme responsabilidad que tienen en denunciar el régimen instaurado por Kim Il Sung, y que no pierdan el tiempo con ese “honor periodístico” que les invade cuando no les permiten grabar algo (aunque sea una mierda de estatua). Tienen en sus manos la posibilidad de hacer periodismo de alto nivel, sin amarillismos, y además sin “contrastar” opiniones con dibujos de una anciana.

PD: veo que circula por Twitter una foto de Pablo Iglesias con Alejandro Cao, que las NNGG del Partido Popular han intentado emplear contra Podemos. Lo que ocurre es que la foto completa (sin cortar) es ésta:

pablo-iglesias-cao--478x270Se trata de una foto tomada tras el debate “Corea del Norte: el último telón de acero”, del mentado programa Fort Apache, presentado por Pablo Iglesias, que contó con la participación de Cao de Benós y Rubén Herrero de Castro (derecha). En dicho debate, Herrero de Castro se ofendió notablemente con las declaraciones del diplomático norcoreano y el ambiente del debate permaneció tenso en todo momento. A la salida, Iglesias se tomó esta foto con los participantes en la disputa para intentar normalizar la situación y que todo acabara lo mejor posible. Pero siempre hay quien le busca tres pies al gato…