Cuatro Papas, el viraje católico

Con una discreta contrarreforma, el Vaticano trata de remontar las olas de descrédito, organiza santificaciones exprés y remodela su relación con la grey.

El alud de acusaciones por pederastia finalmente cubrieron buena parte de sus trastos, le ha costado muchísimo dinero y ha cuestionado el corazón de su fe: el status moral de sus clérigos; nada demasiado nuevo pero que llegó a la luz pública de manera rotunda y masiva, cuestionando al mismo papa; el queridísimo y mediatizado Juan Pablo II.

Retroalimentando la caída en las feligresías por el ateísmo, por apostatas y agnósticos y religiones competidoras; el Vaticano no se puede dar el lujo de seguir perdiendo seguidores.

 

La fórmula, luego de los cuestionamientos dogmáticos, éticos, financieros, ha sido retomar las riendas, cerrarse sobre sí mismo en secrecía y dar un giro a sus liderazgos, el nuevo papado, sobre un inconcluso Ratzinger estrechamente vinculado a Wojtyła, parece abrir nuevas vías o al menos refrescar las existentes, en cierta forma romper con la corriente anterior con un papado que busca aprovechar lo nuevo de los nuevos medios, para erigir una imagen cercana y cálida, reforzando la precepción del Papa bonachón y chanzón.

 

Como un recurso de la Edad Media, la Iglesia Católica realizó con toda pompa y ceremonia la canonización de dos de sus más recientes líderes: Juan XXIII y Juan Pablo II, de manos de dos pontífices vivos: Benedicto XVI y Francisco; un acto que nos transportó siglos atrás y nos cuestionó si el catolicismo en realidad está mirando hacia el pasado.

La cuestión medieval viene tanto del mismo boato como de sus objetivos: la construcción de la fe popular. Pero no podemos ignorar que la fe se basa en milagros o en el consenso del milagro, no en acciones administrativas; ahí tienen, en un lado al pobre y abandonado San Juan Diego de origen indígena y rostro extremeño y, en el otro, a la Santa Muerte, la niña blanca; el uno santificado por Juan Pablo II como un cuña guadalupana (en plena crisis de veracidad de milagro original del ayate) y el otro como imagen arraigada en sectores populares urbanos, de reconocido poder milagroso.

 

Otro asunto de corte político envuelve a esas canonizaciones, el modernismo contra el conservadurismo, así Juan XXIII se enfrentará en los nichos con Juan Pablo II, el uno que cambió de raíz aspectos fundamentales de la iglesia, como la liturgia, el otro un virtuoso publico pero un intransigente líder, que habría solapado crímenes morales que serían innombrables en otros tiempos.

El Vaticano ha hecho su apuesta y reza (porque una rezan de verdad) porque esa institución de dos mil años logre hacer los virajes necesarios para ponerse en cursos nuevamente.

Vale cuestionar si una modernización es plausible, si en realidad no estarán yendo contra iniciativas populares como la trinchera derrotada de la Teología de la Liberación, si el catolicismo realmente buscará acercase a los pobres o buscará institucionalizarlos y mediatizarlos.

 

LA CAMINERA

No cesa mi sorpresa cuando veo el fervor católico frente a los televisores y al paso de veloces caravanas blancas, moradas, rojas y negras, no cesa ni mi estupor ni mi azoro por una iglesia lejana e insensible.