Curiosa estrategia

Luego de la pésima experiencia del gobierno de Felipe Calderón, cuando la captura de cada delincuente se convertía en un auténtico suceso, que contribuía mucho a engrandecerlos ante el empobrecido imaginario colectivo, sobre todo de los jóvenes para quienes estos malandrines se convertían figuras aspiracionales, el actual gobierno decidió dar un giro distinto.

La estrategia consiste ahora en informar sí, cada vez que se da la captura de algún delincuente de alto nivel, considerando que se trata de un paso importante en la desarticulación de las células delictivas. Pero a diferencia del pasado, deliberadamente no se especifica a qué grupo delictivo pertenece el sujeto, ni qué alias utilizaba, e incluso no se le presenta a los medios de comunicación para que lo fotografíen hasta el cansancio, como ocurría antes.

Precisamente, la intención es no promover su imagen para no convertirlo en “ídolo” de quienes, carentes de oportunidades dentro del mundo de la legalidad, piensan en la delincuencia como alternativa.

Se supone que ha de prevalecer la idea de que el Estado es más fuerte y a partir de acciones de inteligencia logra golpes certeros, eficientes y, por lo general, con poco uso de la violencia que la Constitución lo legitima a utilizar.

Pero esta idea estratégica de cómo presentar la información de seguridad, viene acompañda de una curiosa práctica que cada día prolifera más y, desde mi punto de vista periodístico, puede terminar por hartar, también, a los periodistas primero y al público en general, después.

Resulta que les ha dado por convocar a “mensaje a medios”, que no “conferencia de prensa”, para dar a conocer este tipo de hechos.

Hoy, por ejemplo, el comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, encabezó uno de estos mensajes, en el Hangar de la Procuraduría General de la República en el Aeorpuerto Internacional de la Ciudad de México, para dar a conocer la captura de uno de los delincuentes más peligrosos y violentos de Tamaulipas, quien habría generado el alza desmesurada de la violencia en la entidad durante las últimas semanas.

Aquello fue un maremagnum. La cantidad de reporteros, fotógrafos y camarógrafos que se presentó a la cobertura fue inmensa. Rebasó con mucho algunas de las capacidades técnicas de esa instalación (remotísima, muy inaccesible), como fue el caso del estacionamiento.

Y después de la larga espera y las muchas dificultades para estacionarse, finalmente, el funcionario salió a dar su dichoso mensaje, que no es sino la lectura íntegra en voz alta del boletín de prensa, sin admitir preguntas.

Todos nos preguntamos qué sentido tiene toda la movilización y la parafernalia, si simplemente hemos de quedarnos con aquello que la dependencia señala en un comunicado y sólo lee un funcionario.

¿No serviría igual enviar el documento, acompañado de la lectura en voz del propio funcionario para efectos de radio y algunas imágenes ilustrativas para televisión?

Sin duda surtiría el mismo efecto y no generaría el desgaste inútil de un enorme aparato de reporteros de muchos medios, tan sólo para ir a ver cómo una persona lee un texto.

Se siente como ir al mercado a tres cuadras de la casa en un Porsche, o en un Ferrari. El aparato desplegado (que incluye unidades de control remoto de televisoras y gigantescos operativos militares), francamente resulta desproporcionado para simplemente leer un documento de dos cuartillas en cinco minutos.

No sé. Pero pronto podrían comenzar los reporteros a encontrar innecesario ir a esos mensajes y, en ese escenario, quién sabe si surtirán los efectos esperados. Parece una estrategia riesgosa.