De chicos y chicas

Se me ocurrió ver el debate entre Cañete y Valenciano, nuestros flamantes candidatos a las elecciones europeas, como aquel que pasa por allí, sin pretensión alguna, eso sí, con cierta curiosidad morbosa por ver si de verdad sabían algo de Europa, qué planes tenían sobre su situación actual y si sabían qué se esperaba de ellos como representantes de España. Como muchos españoles, sabía de sobra que cualquier discusión ( o si prefieren llamarle “debate”…) entre PP y PSOE  consistiría, se tratase del tema que se tratase, de un “pues vosotros más” tras otro. Que si vosotros robáis… pues vosotros más… que si con vosotros hay paro… pues con vosotros había más… en fin, que son como niños… pero eso me lo espero.

debate

Lo que no me espero es que tras un debate tedioso donde, al parecer, Europa era lo de menos, un debate previamente pactado y en el que se acusó por ambas partes una falta de espontaneidad pasmosa, donde ambos se limitaron a repetir incesantemente acusaciones de lo mal que lo han hecho unos y otros, el candidato popular excuse su mediocre participación diciendo que fue “benevolente” con su oponente “por su condición de mujer”.

Parece que el señor Cañete no quiere que le tilden de machista y por tanto… no sacó todas sus armas. Al parecer, si a su juicio, tuviese enfrente a un oponente de su nivel, según sus palabras… entraría a matar… “Si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres un machista y estás acorralando a una mujer indefensa” resulta entonces que hay dos clases de ciudadanos para el candidato de los populares, la mitad que está a su nivel y con los que puede discutir sobre cualquier tema sin problemas… y luego… la otra mitad, esa con la que tiene que cortarse, no vaya a ser que se le acuse de “machista”, no vaya a ser que crean que considera al otro el sexo “débil”.

En fin, comprenderéis que a estas alturas ya no me echo las manos a la cabeza por comentarios como estos hacia las mujeres, el tema de la modificación de la ley del aborto me sigue chirriando como a muchos de vosotros, pero empiezo a acostumbrarme, ya casi ni me duele, ya casi me hace gracia… casi… porque la verdad es que, si la mayoría decide que este hombre nos representa, todo lo que él diga también se considerará que lo hace y, por tanto, Europa, ésa de la que no se habló ayer, sacará la conclusión de que esa es una teoría que se comparte en este país y eso si que me duele y… os aseguro, no me hace nada de gracia.

Como Valenciano, soy una mujer con estudios superiores, tengo opinión y criterio y, desde luego, no necesito que ningún hombre con estudios superiores iguales a los míos y obtenidos en igualdad de condiciones, me trate de forma paternalista y, si lo hace, pues me parece que su opinión no debería representar a nadie, y menos en foros públicos. Porque, sólo tal vez, si le elegimos como nuestro representante en Europa y le toca debatir los intereses de España con una mujer no los defienda todo lo bien que cabría esperar en un cargo como el suyo… aunque para él mejor… pues si se enfrenta a ella y no lo hace bien, o se pone nervioso, siempre podrá poner como excusa el hecho de que lo hizo mal a cosa hecha… ya sabéis… para que nadie le tilde de “machista”.