Decálogo de un buen político

Cortes Generales.

Parlamento de la Nación

Es evidente que la imagen de los políticos españoles está tremendamente devaluada y no le sobran motivos a los españoles para repudiar a la clase política: corrupción a mansalva, ayudas privilegiadas a excajas de ahorro, indultos bochornosos, politización de los jueces, de los medios de comunicación, incremento ‘salvaje’ de los impuestos a la clase medio-baja española, falta de coherencia en los partidos, influyen en el alejamiento de la ciudadanía ya que los primeros se alejaron de los que decían iban a representar.

Hasta aquí hemos llegado pero ¿qué se podría hacer para que los políticos recuperararán la credibilidad ante los ciudadadanos más allá de operaciones de cosmética para que todo siga igual?.

En primer lugar, nuestros representantes deberían predicar con el ejemplo. Es decir, si a cualquier persona interesada en una oferta laboral le exigen competencia absoluta en ella, con los políticos debería pasar igual.

¿Qué quiero decir con esto? Sencillo. Los representantes que elegimos los ciudadanos lo hemos hecho para que lo hagan lo mejor posible. Ante esta situación, deben gobernarnos los mejores para lo cual, deben de haber trabajado en la empresa privada o pública, para pulsar la vida real de un país. No valdrá ya sólo con una carrera o una diplomatura. Sino que deberá de completarla con másteres en recursos humanos, de administración, e internacionales. Además, deberá tener formación apropiada para desenvolverse en redes sociales.

El apartado de los idiomas será importante. Deberá de manejar correctamente al menos dos, aparte del español. Obviamente el manejo del inglés será obligatorio pero también deberán ser valorados otras lenguas como francés, alemán, chino o portugués.

Si al actual Rey Felipe VI se la exigido por su naturaleza una formación específica en el Ejército español y en otros ámbitos educativos no veo porque a los políticos no se les puede exigir lo mismo.

Evidentemente, las pensiones vitalicias deberán desaparecer, la multiciplicidad de cargos por un mismo político también, adiós a los vehículos oficiales fuera del lugar del trabajo y, por supuesto, consejerías u organismos inútiles deberán ser suprimidos.

En mi opinión, sólo cuándo empiecen a tomar algunas de estas medidas, el mensaje de los políticos será creíble. Mientras tanto, la abstención seguirá subiendo hasta límites insospechados.

Periodista: César Camacho