Descanso de un Ángel

Desde el pasado 04 de Febrero de este año, prácticamente toda Costa Rica sucumbió a la impresión, enojo e impotencia, por el caso del pequeño de dos años que fue víctima de tortura, abuso y agresión. El inocente infante murió, según información publicada en los distintos medios de difusión a nivel nacional, producto de una situación de violencia física de tal nivel de salvajismo que le desprendió el páncreas. Aquel bárbaro, cobarde y repudiable ser que le causó la muerte al pequeño tenía un nexo afectivo con la madre del niño ¿Qué clase de madre permite que alguien trate así a su hijo? ¿Qué ser humano tolera una agresión de se tipo contra un bebé?

Nuestro pueblo aclama por justicia, sí, justicia terrenal, la divina vendrá después, es este el punto donde se levanta la polémica. ¿Cómo hacerle justicia a una inmaculada alma que fue obligada a abandonar esta tierra a la fuerza? ¿Valdrán de algo las golpizas y abusos patrocinadas por los privados de libertad al perpetrador de esta atrocidad? ¿Serán suficientes 45 años, que ni se cumplen, de cárcel? ¿Se debe reinsertar a un monstruo de estos a la sociedad, con qué fin? Algunos ya comienzan a cuchichear sobre la pena de muerte para casos extremos como este, sin embargo. ¿No creen que sería un final muy sencillo y suave?

Como pueden observar las dudas, criterios, ideas y hasta las ansias de venganza, inundan la cabeza de todo aquel que ahonda el pensamiento en este tema. Por ahora la lección a aprender es buscar la manera de que estos escenarios NO se vuelvan a repetir.

Esta tragedia ha calado tan profundo en la sociedad que el mismo presidente de la república formará parte de una marcha pacífica en los próximos días, con la inteción de efectuar un llamado de conciencia para denunciar estos hechos. Estimados señores que ostentan el poder y administración de nuestro país, nada se hace con ponerse un lacito en la chaqueta y caminar por San José centro con rostro abatido. Se debe actuar, revisar protocolos de las instituciones del estado, investigar, analizar la situación, cuestionarse si pudo haberse evitado, si es posible evitar futuros acontecimientos de esta índole dolosa e inhumana.

¡Denuncie! Exige la campaña, pero se ignora que las denuncias anónimas no sirven de nada, cuando llega la Fuerza Pública a atender presuntos casos de maltrato, nadie da información, el adulto dice aquí no paso nada y el niño adentro, tal vez llorando. El PANI dice que no hay elementos suficientes para abrir el proceso, la burocracia nos consume, ahoga, la falta de recursos logísticos ata de brazos a las instituciones y los casos en la clandestinidad siguen siendo inestimables. Esto debe cambiar y ser remediado.

No solo denunciemos, exijamos cambios en los procederes, mayor presupuesto, supervisión y rendición de cuentas para un desarrollo futuro de intervención en estos casos. Por el bien de nuestros futuros ciudadanos costarricenses, de nuestros niños que son el alma de nuestra nación. ¡NO AL MALTRATO INFANTIL!