Draghi no puede darnos más

Enrique Quemada

10/05/2014 | 17:35

Tenemos dos bloques económicos muy diferentes en Europa reclamando cada uno políticas monetarias contrarias. Por un lado están las economías del Norte, liderados por una Alemania súper productiva, capaz de exportar con un euro fuerte y con una tasa de desempleo de tan sólo el 5,1%, que pronto provocará brotes  inflacionistas. Alemania tiene además una población de ahorradores que no está nada contenta cuando sus ahorros se remuneran al 0,25%.

Por otro lado, están las economías del Sur, con una España menos competitiva y una tasa de desempleo del 25,3%, que está forzando a una bajada de salarios y de consumo y que ejerce fuertes presiones deflacionistas.

Las economías del Sur reclaman políticas monetarias expansivas y bajadas más agresivas de los tipos de interés. Las del Norte piden contención monetaria para que no repunte la inflación.

El Banco Central Europeo está más presionado por el eje alemán, que prefiere aplicar una política monetaria algo estricta, y que al mismo tiempo meta presión a los países del Sur para que sigan haciendo reformas. Para no bajar más los tipos, el BCE se apoya en que la inflación ha subido en Europa del 0,5%  en marzo al 0,7% en abril.

Aunque desearíamos más bajada de tipos, esta situación de casi deflación en Europa es una bendición para España. Debemos aprovecharla realizando las reformas pendientes, capitalizando las empresas antes de que se recaliente la economía alemana  y surjan presiones inflacionistas.

Necesitamos que persistan los bajos tipos de interés porque los años de exceso y burbujas han dejado una España con cuatro veces nuestro PIB en deudas. Tanto familias, empresas, bancos y Estado están de deuda hasta las orejas. Si suben los tipos de interés antes de que logremos capitalizar nuestra economía, las empresas no podrán pagar su coste financiero, no aguantarán el peso de la deuda y muchas de ellas quebrarán.

Se habla de que tiene que volver el crédito, cuando el problema es que el crédito no se ha ido, sigue instalado en todos los rincones de nuestra economía. Los bancos, con 190.000 millones de deuda empresarial de dudoso cobro, una barbaridad de inmuebles adjudicados y multitud de familias que no llegan a pagar su hipoteca, están demasiado ocupados en refinanciar y recomponer sus balances como para lanzarse a prestar todavía más dinero a los españoles.

Por el contrario, y afortunadamente, con todos los estímulos monetarios lanzados por los bancos centrales, la liquidez abunda en el mundo y busca un destino atractivo donde invertirla. España, sin duda, hoy lo es.

Nuestro país, aunque a muchos les parezca sorprendente, ha sido uno de los cinco milagros económicos de los últimos sesenta años. Uno de los que más ha crecido en renta per-cápita en este periodo por detrás de Hong Kong, Singapur, Japón e Irlanda.

Antes de la entrada del euro, España resultaba peligrosa para la inversión extranjera, pues recurríamos de manera constante a la devaluación de la peseta, (con cinco devaluaciones entre 1975 y 1995). Una vez que caía el valor de nuestra moneda, para el inversor extranjero era bien difícil recuperar su inversión. Como consecuencia, los inversores huían de nuestro país.

Para tranquilidad de los inversores, tras la entrada en el Euro, ya no podemos devaluar. Aun así, España ha mostrado estos últimos años su capacidad para recuperar competitividad sin devaluar. Los grandes damnificados han sido los trabajadores, pues la recuperación de competitividad se ha hecho a costa de la pérdida de millones de empleos.

Gracias, entre otras cosas, a la reforma laboral y al esfuerzo y sacrificio de los españoles, hemos recuperado la competitividad de nuestras empresas frente a la media de Europa. No sólo eso, España exporta ya por habitante más que países tan relevantes como Italia y Francia, prueba de que hemos vuelto a ser competitivos en la esfera internacional.

Como consecuencia, la inversión extranjera está volviendo activamente y en 2013 ha representado el 50% de las operaciones corporativas en España.

Los capitales riesgo del Norte de Europa nos visitan porque se encuentran con los bolsillos llenos (por el ahorro en sus países) y falta de oportunidades atractivas en precio allí. Por su parte, los latinoamericanos nos llaman porque buscan a España como manera de diversificar en un país seguro y puerta de entrada en la Unión Europea.

Esta entrada de capitales supone una bendición en una etapa en la que sobra deuda y falta capital y en la que la banca acumula una mora latente en empresas que ni pueden ni podrán pagar si no reciben nuevo capital. Si no sucede, seguiremos siendo los españoles quienes pagaremos la factura. Los contribuyentes llevamos ya 100.000 millones puestos para la recapitalización de la banca española.

Las empresas extranjeras acumulan mucha caja y pueden acceder a financiación a costos bajos, sus capitalizaciones en bolsa están muy altas, lo que les permite en muchos casos pagar en acciones. El momento es perfecto para salir de compras y España es un país ideal donde tomar posiciones: país en Europa, competitivo, con población muy preparada y altos niveles de desempleo.

Alguno se lamentará de que vendamos nuestro país a las empresas extranjeras, pero la realidad es que lo vendimos cuando nos endeudamos muy por encima de nuestras posibilidades. Ahora sencillamente estamos pagando las facturas de los excesos pasados.

Draghi ve que países como España ya están captando inversión de manera progresiva y no quiere, ni le dejan, echar más gasolina a un proceso que comienza a acelerarse.

 

Texto original: http://www.expansion.com/blogs/quemada/2014/05/10/draghi-no-puede-darnos-mas.html