EL PAPA FRANCISCO Y SU ÚLTIMA ENTREVISTA

Me ha preocupado profundamente la publicación de una entrevista divulgada en todos los medios de comunicación del Papa Francisco sobre diversos temas de su orientación como Pastor de la Iglesia, habiendo cumplido ya los seis meses de pontificado.

A preguntas del periodista sobre su relación anterior con sus feligreses en Argentina, con los cristianos en su cualidad de jesuita, muy cualificado, responde que entonces, que era joven, era un hombre de carácter duro, ejecutivo y autoritario, muy cerca del pueblo y eminentemente misionero, que es uno de los principales fines de la Compañía de Jesús (que no se olvide que sus estatutos conforman al jesuita como “mitad fraile y mitad soldado” y viviendo en comunidades o casas). Y a nuevas preguntas añade que él siempre fue un hombre de “izquierdas”, muy lejos de la “derecha”, pese a ese carácter que acabo de relatar.

Estas declaraciones han tenido una enorme trascendencia en el mundo cristiano por el carácter universal y católico de la iglesia y pese a que teóricamente algunos teólogos y autoridades eclesiásticas le dan un sentido de asepsia política pese a las frases clarísimas, ha producido en general un “escándalo”.

Yo modestamente entiendo que han sido desafortunadas pero al propio tiempo reveladoras de su sinceridad personal, y aunque invoca el agradecimiento a Díos de su nombramiento como Papa para esta segunda década del siglo XXI (cuenta con casi setenta y siete años de edad, pero está pleno de luces y de actividad) trata de acercarse como es lógico a los pobres, enfermos, desahuciados, desheredados y desamparados que en definitiva es el mandato de Cristo. Pero también Jesucristo estableció claramente en una de sus parábolas, cuando se le hace la pregunta trampa por los sacerdotes del templo sobre sí desautorizaba al César, contestó claramente “Dad al Cesar lo que es del César y a Díos lo que es de Díos”. Y así separó tajantemente la vida religiosa íntima y comunitaria con Díos y los hermanos (los prójimos) de la relación política con el Estado, entonces el imperio mayor de los tiempos, el Romano).

Y esa fue la gran virtud que proclamó Jesucristo ante el asombro de los sumos sacerdotes y escribas que regentaban la sinagoga judía y el Templo de Jerusalén, del que formó parte, de la separación de la Religión de la Política.

Pero desgraciadamente la Iglesia, después de los primeros siglos y hasta el Imperio de Constantino (año 313), que refundó la ciudad de Bizancio (Estambul) también llamada Constantinopla por su nombre y otorgó legitimidad al cristianismo en el imperio por primera vez, declarándola religión oficial, cuando era perseguida y tenía que ocultarse en catacumbas para practicar el culto (al igual que hoy en algunos países islámicos, por no decir en todos) se confundió con el poder político y así durante el resto del imperio, su caída, la llegada de los bárbaros del Norte, el nuevo imperio Carolingio y la ruptura o Cisma del Sacro Romano Imperio de Occidente del de Oriente durante parte de la Edad Media y Moderna, con la creación además del terrible Tribunal de la Inquisición, en que por simples ideas o “errores” estigmatizados se podía condenar a la última pena, la cremación o incineración pública, incluso agravada con la leña verde en los casos más graves, brujerías, tratos con el Diablo, etc. Un verdadero desprestigio para la Iglesia católica, aunque también funcionó en menor medida en la Protestante Calvinista (recuérdese el caso de Miguel de Servet ajusticiado en Suiza, por el descubrimiento “diabólico” de la circulación de la sangre).

Recuerdo que durante el franquismo se acuñó la siguiente frase: “Debemos rezar un padrenuestro por la Iglesia perseguida y tres padrenuestros por la Iglesia protegida”, dado que ésta constituía un poder fáctico del Estado (mi padre siempre la repetía)

Tuvo que llegar Martín Lutero, el gran teólogo de la Reforma, para establecer una nueva Iglesia basada en la interpretación libre de la Biblia, prohibida por el Vaticano que sólo permitía la “Vulgata” y con la interpretación oficialista, la supresión del sacramento de la confesión, pues bastaba el autoarrepentimiento, de las numerosas advocaciones, esculturas y cuadros por otra parte magníficos y maravillosos creadores, de un arte inconmensurable, de Jesucristo, de Díos Padre y Espíritu Santo, de la Virgen María, de San José, de los Apóstoles y de los Santos y Padres de la Iglesia y además de los Santos Patronos de cada localidad en concreto, por pequeña que sea.

Sólo una cruz presidía la iglesia luterana o protestante. Frente a ello se alzó la Contrarreforma que defendía el pasado de forma contumaz y que tuvo su mayor influencia en los países latinos y mediterráneos y por tanto España y Portugal, y de ahí paso al Continente americano, América Central, parte de Norteamérica (Florida, San Francisco de California, etc.) y toda Iberoamérica. En definitiva, creo que han sido desafortunadas sus palabras y que los hechos desvirtúan el sentido literal de las mismas, late el apoyo que en su día dio a la “Teología de la Liberación”, que tuvo una amplia repercusión en toda América Central y del Sur. Yo creo que está influenciado, al menos en parte, por esa Teología jesuítica que sin embargo su antecesor Juan Pablo II, recriminó al Ministro de Cultura, comunista, del Gobierno de Nicaragua, al Padre Ernesto Cardenal, en su visita oficial, no dándole la mano y diciéndole: “usted tiene que arreglar sus asuntos con la Iglesia”, “No se meta en Política por su propio Ministerio”. Frase que también por cierto, en otro sentido, se atribuía al mismo Franco: “Haga como yo, no se meta en Política”

Puede ser peligroso para la propia Iglesia y los fieles de su fe que el Papa se intitule “hombre de izquierdas” claramente y jamás de la “derecha”, en forma despectiva, al igual que hacen normalmente los jerarcas socialistas en nuestro país, por cierto siempre proclives con motivo de los últimos incidentes de ultraderechistas cargando la mano sobre éstos por reventar un acto en una librería de Madrid, sede de la Generalitat, sin violencia física, frente a las barrabasadas que comete la extrema izquierda, de la que hace siempre la vista gorda y el separatismo, agresivo y rampante, con violencia, destrozos y agresiones físicas.

No hay que olvidar las declaraciones, manifestaciones y actuaciones del Obispo Setién y de los “curas vascos” que entonces llegaron a amparar y proteger a etarras, recién cometidos atentados, de la persecución policial. Y las últimas declaraciones de un obispo en Cataluña, también partidario de la célebre consulta del “derecho a decidir” es decir, de la “independencia” clara de Cataluña.

La Iglesia debe estar siempre al margen de la política tanto en cuanto a ideologías como a nacionalismos y separatismos, máxime de éstos ya que por su definición es católica y universal, sin fronteras, produciéndose un verdadero contrasentido que no entienden los fieles por lógica.

Yo creo que la verdadera misión de la iglesia, que somos todos, pero que lógicamente tiene una jerarquía firme e infranqueable y máxime en los jesuitas con su voto de “obediencia al Papado” (el Papa actual como jesuita tiene que “obedecerse a sí mismo”, ¡que paradoja no!), no debe emplear este tipo de palabras y manifestaciones. Debe en definitiva, como el Maestro, dedicarse exclusivamente a los problemas humanos, religiosos, de fe y costumbres y sociales, pero predicando con el ejemplo que es la máxima predicación, y empezando por arreglar su propia casa, la poderosa curia romana y la banca vaticana y dejar de ser, como lo es desde los Tratados de Letrán, la única iglesia o confesión del mundo, cristiana al menos, que su cúpula y capitalidad de seis o siete kilómetros cuadrados, enclavados en Roma, constituyen un Estado “soberano” con embajadores en todo el mundo y con los honores que recibe en todos los países que visita el Papa, como Jefe de Estado, aparte de ser Jefe de la Religión mayoritaria en el mundo (se calcula en torno a poco más de mil quinientos millones, según datos publicados).

La Laguna de Santa Cruz de Tenerife, a 20 de Septiembre de 2013