El votante responsable

Pararse a pensar en lo que tenemos alrededor, considerarlo detenidamente, puede suponer la diferencia entre una buena y una mala decisión. Muchas veces actuamos de manera impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos y eso puede producir perjuicios tanto a nosotros mismos como a la gente que nos rodea. Si eres un lector habitual del blog, puede que ya sepas por dónde van los tiros de esta entrada. Si no lo sabes, te daré una pista: tiene que ver con la labor básica del ciudadano en democracia, la de elegir a sus representantes. Hoy quiero reflexionar sobre los efectos indeseados que tiene el voto impulsivo.

Si fuésemos aplicados estudiosos de la historia, sabríamos que al pasado hay que tenerlo en cuenta: estudiarlo, observarlo, para evitar cometer otra vez los mismos errores. Pero no lo hacemos. Volvemos siempre a los malos hábitos, como si no buscáramos lo mejor para nosotros mismos, sino lo peor.

La hemeroteca… si la consultáramos de vez en cuando otro gallo cantaría. Muchos casos judiciales deberían quedar en nuestra memoria para el recuerdo, como el caso Gürtel-Bárcenas; los ERE de Andalucía, con sus ya 265 imputados; la operación Púnica, el caso Madrid Arena… todo ello debería servir de referencia para las decisiones que tomemos en este año electoral tan intenso que estamos comenzando, evitando atrocidades como la de volver a darle la mayoría al PSOE andaluz para que siga robando y obstaculizando el progreso en la que es la región más pobre de España; la vuelta al poder del PP en Madrid y en la Comunidad, para que vuelvan a seguir insistiendo en la celebración de olimpiadas, nos endeuden más aún, y encima no cuiden la ciudad como se merece; la vuelta al poder del PP en la Comunidad Valenciana, para seguir perpetuando el capitalismo de amiguetes y la corrupción en general; o, yéndonos lejos en el tiempo, hasta septiembre, que vuelva a la Generalitat Artur Mas, con sus delirios nacionalistas que solo causan daño a los que viven en Cataluña, al dejar de lado aspectos mucho más importantes en estos momentos que una consulta soberanista.

Pero el votante español tiene déficit de memoria. Olvida cosas, y en muchas ocasiones se empeña en creer que la situación es completamente opuesta a la realidad, o descuida aspectos muy relevantes, y con ello tiende hacia su autodestrucción.

Con todo esto no quiero que penséis que el miedo al partido desconocido me invita a escribir estas líneas; a diferencia de lo que podéis pensar, es el miedo al votante despreocupado lo que me invita a hacerlo; el miedo al votante que se cree las mentiras que le cuentan los líderes políticos a través de los medios; el miedo al votante que no tiene en cuenta los sucesos pasados y vuelve a darle su voto al partido corrupto en el poder; el miedo al votante que apoya “el cambio”, sin saber realmente la magnitud, ni el sentido de ese cambio; el miedo al votante kamikaze que desconoce el valor de su voto, y lo descuida y menosprecia.

Aprended de la historia. No premiéis a los que en el pasado nos robaron, y confiaban en que el paso del tiempo nos haría olvidar, porque en verdad lo están consiguiendo.

La sociedad española requiere votantes responsables.