Entre hienas y buitres: ¿primará la racionalidad?

¿Está nuevamente la Argentina a la vuelta de un default? Evidentemente la respuesta a esta pregunta es motivo de debate hace al menos un mes cuando se avecinaba el vencimiento original de los bonos Discount. Hoy vence el plazo de gracia para realizar el pago y de mantenerse las posiciones de las partes involucradas de este modo, la Argentina caería voluntariamente (¿o sería forzada a caer?) en un default.

Llegado el caso que se entre en esta situación, ¿qué parte saldría beneficiada? Ninguna. Entonces la probabilidad de que se llegue a un default es en realidad la probabilidad de que nos encontremos ante agentes irracionales. Dejando de lado el chiste fácil, sinceramente creo que no se llegará a un default. No solo porque ninguna parte saldría beneficiada, sino porque ninguna quedaría siquiera en condición neutral: ambos lados se verían perjudicados.

Empecemos por los holdouts. Paul Singer y el fondo NML Elliot que encabeza vienen hace varios años luchando por conseguir un pago de parte del estado argentino. Su negocio es simple, comprar bonos declarados en default y litigar en los jurados de la jurisdicción bajo la cual están emitidos. De esta forma buscan conseguir que el emisor pague todo cuanto sea posible dentro de los parámetros de la emisión original habiendo pagado un precio muy inferior al original.

Así una vez que la Argentina cayó en el default del 2001, hubo quienes optaron por entrar en los canjes del 2005 y 2010 aceptando una quita del 65%. El fondo NML Elliot compró bonos argentinos en default por usd 48,7 millones en 2008 y decidió no entrar en el canje del 2010. Es decir, lleva seis años recorriendo tribunales, gastando en abogados y haciendo lobby para conseguir un fallo como el del juez Thomas Griesa, avalado además por el máximo tribunal estadounidense.

¿Qué sentido tiene haber recorrido todo ese camino y obtener un fallo favorable, para forzar a la Argentina a caer nuevamente en un default? Ninguno. Sería realizar un gran esfuerzo para quedar en una situación privilegiada y luego dejar ir esa posición de privilegio. Un absurdo. Estos fondos, como cualquier otro acreedor, quiere que su deudor sea solvente. Forzar a la Argentina a caer en un default aleja a su deudor de dicha situación.

Algo importante, ¿por qué digo forzar? Porque si Argentina no cae en el default, es decir, si les paga a los fondos buitre, tiene luego que dejar en igualdad de condiciones al 92% que sí aceptó una quita del 65% (el famoso pari passu o cláusula RUFO). En otras palabras, es un pago que la Argentina no puede realizar porque diezmaría sus reservas internacionales en forma calamitosa conduciendo a su economía a un lugar todavía peor al que llegaría de omitir este pago a los litigantes. Si no se les paga a los holdouts se entra en un default pero se tendría un perjuicio menor que si se les pagara.

Por otro lado corre la discusión acerca de si el pago a los fondos buitre es voluntario o no como para disparar el pari passu. Algo que destaco del gobierno es no haberse sentado jamás en las oficinas de NML Elliot, sino sólo con Daniel Pollack, el mediador establecido por el juez Griesa. Esto corroboraría que fue forzado a pagar (habría pagado contra su voluntad) impidiendo que se aplique la clausula RUFO (Rights Upon Future Offers).

De todos modos no hay certeza de que una vez hecho el pago a los fondos, el otro 92% que entró a los canjes aceptando la quita no inicie acciones legales y se llegue a otro fallo desfavorable para la Argetnina. Además, pagar la totalidad como pide NML Elliot sería faltar nuevamente a la palabra empeñada a los acreedores originales que entraron en los canjes. Ahora bien, la cláusula RUFO vence a fin de año. Esto implica que únicamente a partir del 2015 la Argentina podría mejorar a los holdouts la oferta de los canjes previos.

Volviendo a la pregunta de unos párrafos atrás. Digo forzar porque Paul Singer y sus colaboradores comprenden las consecuencias que tendría sobre la economía argentina no llegar a un acuerdo. Entienden también, que por todo lo mencionado anteriormente, la Argentina no puede pagarles hoy lo que piden (más de lo que pagó en los canjes anteriores). Si aún así se empecinan en que Argentina acate el fallo de Griesa (cobrar hoy el 100%, unos 1.500 millones)  la estaría forzando a un default.

Veamos que hay del lado de Argentina. Entrar en un default luego de haber negociado con el Club de París, con Repsol y de haber solucionado los múltiples juicios en el CIADI no tiene sentido. Haber recorrido buena parte del camino necesario para regularizar su situación en los mercados internacionales de crédito para tirar todos esos esfuerzos por la borda no parece una opción.

Más aún cuando el precio de la soja se desinfla al ritmo de las lluvias en EE.UU. haciendo caer la principal fuente de ingresos de dólares de la economía argentina. Si el kirchnerismo luego de gritar a los cuatro vientos que no se le pagaría a Repsol terminó emitiendo bonos por usd 6.000 millones, sería irrisorio que se deje caer en default por una cuarta parte de esa deuda.

En pocas palabras, Argentina necesita acceder a los mercados de crédito internacional y el default está en las antípodas de dicho objetivo. Pero hay una cuestión fundamental en esto que ya mencionábamos con anterioridad. A la Argentina no caer en default le produce un deterioro en su economía mayor que el hecho de caer en el mismo. Entre la opción default o cláusula RUFO, el peor de los males sería el default y por eso el gobierno lo elegiría siempre que sea forzado al mismo. Es decir, siempre que no pueda negociar una salida que les permita llegar al 2015 pagando el resto de sus obligaciones normalmente, para luego sentarse a hablar del pago concreto a NML Elliot.

Por si fuera poco, en el contexto de la política local –y esto me parece increíble– caer en el default tiene para el kirchnerismo un saldo positivo sobre el electorado. “Patria o Bruitres” ese es el lema. Y los mismos que lo repiten van a verse perjudicados por la concreción de ese orgullo nacionalista inconducente. Es probable que los efectos del default tarden en llegar a la economía real el tiempo suficiente para que todo este pleito quede en el olvido. Hablamos de algunos meses, pero estos son los plazos que maneja la política argentina. Este frente, que parecería dejar a una de las partes en mejor situación frente a la negociación, es un arma de doble filo para el gobierno. Pues los efectos de un posible default llegarían sin duda antes que las elecciones del 2015 perjudicando su desempeño.

Es que al default lo padeceremos todos, en especial los trabajadores llanos que siempre son los más desfavorecidos en las recesiones. A fin de cuentas estamos los argentinos siendo carroña a punto de ser devorada por buitres o hienas. A menos, claro, que entre tanta hambre prime la racionalidad. Y lo reitero, confío en que tanto el gobierno como los holdouts actuarán racionalmente.

Luego de toda esta argumentación, en donde vemos que ninguna de las partes se vería beneficiada por un default ¿qué motivo podría guiar a las partes a que cerremos este día entrando en una nueva cesación de pagos? Bueno, quizás entonces, si ese es el desenlace, deberíamos reconsiderar la hipótesis acerca de la racionalidad de los agentes involucrados.