Europa: eleciones con silencios

Comentario en Radio Exterior de España         23 Mayo 2014

Celebramos en Europa la mayor consulta electoral mundial –detrás de los comicios de India-, al elegir a los 751 eurodiputados en los 28 países de la Unión, para legislar sobre los 500 millones de europeos.

A pesar de la impresionante concertación supranacional que suponen 6 décadas de construcción europea, y el atractivo que irradia Europa como continente en paz, de alnivel de libertad, justicia, ancestral cultura, respeto medioambiental, y con el desarrollo económico más equilibrado del mundo,… poco de todo ello es, a nivel de calle, atribuido a la existencia de la Unión.

Por eso, y más: la escasa influencia en instituciones alejadas o líderes más empeñados en validar o censurar a su gobierno que en definir el rumbo europeo, son siempre los comicios con menos participación. Esta vez, además, una gran mayoría atribuye a la Unión una reacción -cuando menos discutible, si no responsable- en la grave y profunda crisis económica.

Para más contraste, el arranque y final de esta campaña lo marcan citas mucho más apasionantes: el certamen musical de Eurovisión – que reunió al inicio de Mayo a 170 millones de espectadores-, y mañana la Champions League, la final de fútbol entre equipos europeos -que verán otros tantos-.

Difícil competir, a pesar de los primeros y dinámicos debates europeos entre los 5 jefes de bancada, también por vez primera elegidos o designados como candidatos para toda la Unión: el conservador luxemburgués, Jean-Claude Juncker; el socialista alemán, Martin Schulz; el liberal belga, Guy Verhofstadt; por los verdes, la alemana, Ska Keller; y por la izquierda, el griego, Alexis Tsipras.

De entre ellos saldrá el jefe del ejecutivo o, lo que es lo mismo, por vez primera el voto decide el color político del símil de gobierno europeo que es la Comisión. Un avance en el que insisten las instituciones, quizás tardío para el rápido cambio social y el cúmulo de exigencias derivadas de la crisis, minimizado porque buena parte de las decisiones se toman a puerta cerrada entre gobiernos, y se canalizan por organismos ajenos al voto –como el BCE, o la troika-.

Opacas decisiones en que predominan los grandes países sobre los pequeños, los veteranos sobre los recién llegados, los ricos sobre los pobres, el Norte sobre el Sur….. y donde asuntos de interés crucial como la gestión económica, la energía, la inmigración o el rol internacional de Europa con su seguridad y defensa, son mas nacionales que europeos, y han pasado desapercibidos en los debates locales, cuando no son bandera de antieuropeos de extrema derecha.

Es el caso, sobre todo, de la inmigración. A falta de política común de la Unión, sin acogida comunitaria de refugiados o vías de migración legal, la llegada de árabes y africanos a las costas del sur es percibida como una avalancha de la que atrincherarse, y a la que achacar el desempleo, la inseguridad o la ineficacia de los servicios públicos.

Aunque no hay relación entre los emigrantes y la rápida destrucción de empleo por la crisis o el deterioro de los servicios por los recortes en inversión pública, es un enfoque populista que cala, por mucho que, con todo y oleadas debido a la creciente inestabilidad en el norte de África, los flujos siguen siendo menores que antes de la crisis.

“Inocularles el mortal virus del ébola (a los emigrantes)”, propuso en un mitin el líder derechista, Jean Marie Lepen, cuyo partido puede ser el más votado en Francia, como puede ocurrir con la extrema derecha holandesa o británica, una corriente también importante en Austria, Dinamarca, o Bélgica.

Achacar todos los males al fantasma de la emigración es un fácil recurso populista, también por la ausencia de una política europea común. Una carencia como la estrategia energética o la acción exterior común – que tanto han debilitado a Europa en las tensiones con Rusia a cuenta de Ucrania-, que deberán abordar de inmediato el nuevo euro-parlamento y el ejecutivo que salga de él.

Pero, sobre todo, lo que mostrará si estas elecciones marcan un antes y un después para Europa será el rumbo económico que se adopte frente a un austericidio asfixiante que solo logra un anémico crecimiento, creciente desigualdad y empobrecimiento de millones, en suma: la falta de instrumentos comunes –como un Tesoro Europeo o una fiscalidad y deuda común- para gestionar la crisis.

Habrá que esperar varios meses, pues aunque conozcamos los resultados este domingo por la noche, y la semana que viene sea una carrera de reuniones europeas para analizar el futuro, el parlamento y la nueva comisión se instalarán después del verano.