Fisuras Políticas en el Sistema

Es Política, estúpido

El enlace que aquí se recoge nos remite a un artículo el cual hace una reflexión sobre el asesinato de la presidenta de la diputación de la provincia de León cometido presuntamente por personas afines a su partido político. Este post, al igual que el artículo periodístico enlazado, no va entrar en el debate estéril sobre la supuesta peligrosidad que supone incitar al odio desde las redes sociales, una cuestión sin sentido desde el punto de vista del análisis político. Parece ser que desde los grandes medios de comunicación y los grandes partidos quieren desviar la mirada de la opinión pública sobre el verdadero problema subyacente.

Una de las cuestiones que parece haber saltado a la palestra con este lamentable incidente es la visibilidad de una fisura del sistema de “partitocracia (poder ejercido por los partidos políticos)” español.

Antes de nada remontémonos a la historia política española de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, al periodo conocido como la “Restauración de la Monarquía liberal“. Este viaje en el tiempo nos será útil meramente a modo de introducción del problema de la partitocracia, de sus efectos y consecuencias ya conocidos gracias al estudio de la historia política.

El sistema político español que regía por entonces es descrito por los libros de historia con el calificativo de “turnismo político“, donde los partidos monárquicos liberal y conservador de Sagasta y Cánovas por medio del “Pacto del Pardo” se repartían los periodos de gobierno de manera tácita a través de un sistema caciquil. Éste se componía de un entramado de redes clientelares que nacían en los cuadros de los grandes partidos monárquicos afincados en la capital del reino y se extendían hacia las provincias de España donde los terratenientes afines a ambos partidos tenían el poder suficiente para asegurar que las elecciones se decantaran de un lado o hacia otro según los deseos de los altos mandos de estos partidos oficialistas;

Los gobiernos (de la Restauración) no debían su existencia a unos determinados resultados electorales conformadores de mayorías parlamentarias porque éstas se creaban artificialmente desde el poder con la ayuda de todo un complejo mecanismo de redes caciquiles y clientelares (“El Sistema Político Español, 1875-1975″, por Manuel Redero en “Política y Gobierno de España”, coords: Manule Alcántara y Antonia Martínez, Ed: Tirant Lo Blanch, Valencia, 2001 , Pag.17)

El poder de estos terratenientes se manifestaba a través de su influencia económica y política, en una especie de imbricación entre el estadio público y privado que se identificaba en un único poder fáctico del terrateniente. Es decir, si alguien quería conseguir algo, por ejemplo abrir un negocio u obtener un trabajo en la administración, antes debía contar con el beneplácito del cacique, quien controlaba de una manera u otra el poder económico (por ejemplo, disponía de suficientes recursos para prestar dinero) y político (la policía y la administración nunca iban en contra de sus intereses particulares) de su zona de influencia.

Actualmente el contexto político institucional español ha cambiado respecto al periodo del “turnismo político”, pero hoy en día existen ciertos elementos equiparables, en especial a los referidos a la cultura política, y tras el asesinato político de la presidenta de la diputación de León podemos intuir cuáles son estas “semejanzas”. Quiero recordar que esta distancia temporal entre el actual sistema político y el sistema de la Restauración no nos permite realizar una comparación del todo simétrica de ambos contextos:

- La fuerte penetración de los dos principales partidos políticos monárquicos españoles (primera similitud) en la administración pública, ocupando los órganos de dirección de las administraciones, ha provocado que la propia administración sea cautiva de los deseos de poder de ambos partidos.

- Y respecto a la cultura política de las élites españolas, el comportamiento de estas nuevas élites tienen en común con el caciquismo del pasado siglo su influencia en colocar en la administración pública a los más allegados al partido o al líder de turno (segunda semejanza).

Ésto ocurre porque las leyes del Estado español así lo permiten; la potestad discrecional garantizada por las propias leyes del Estado español (Estatuto básico del Empleado Público, Ley 7/2007) permite a los partidos que dirigen las instituciones públicas la colocación de manera arbitraria de determinados puestos de trabajo a cargo de los contribuyentes (los puestos llamados de libre designación o las contrataciones del personal laboral cuyos requisitos para acceder a este tipo de puestos no obedecen siempre rigurosamente a las condiciones de mérito y capacidad que garantiza el artículo 103.3 de “La Administración pública” de la CE de 1978). Aunque es cierto que la norma general que rige la contratación de empleados públicos se produce a través del procedimiento de oposición y concurso-oposición que inhabilita toda potestad arbitraria de la dirección política, y además según la normativa, la contratación en base a méritos, definidos éstos por la institución contratante, se da solamente “con carácter excepcional, el sistema de concurso que consistirá únicamente en la valoración de méritos.” (art. 61.6 Sistemas Selectivos del Estatuto básico del Empleado Público, Ley 7/2007).

Es la cultura del amiguismo, del clientelismo, una manera de ejercer influencia, influencia que deviene en un gran poder en estos tiempos de crisis económica y falta de trabajo en España. Si bien las redes familiares de hoy han asumido un gran papel de protección como redes de seguridad ante la misera económica de muchas familias en paro y sin ingresos (las pensiones de los abuelos que alimentan las bocas de sus hijos y nietos), las redes clientelares en política por otra parte, ante los recortes del gasto público, adquieren aún más si cabe una mayor preponderancia al convertirse éstas en nichos altamente competidos para hacerse con un deseado puesto de trabajo dentro de la administración como salvaguarda ante el encogimiento y precarización en España del mundo laboral del sector privado.

El condenable incidente del asesinato debería servir como un toque de atención hacia aquellos que sustentan este sistema partitocrático. Los grandes partidos políticos monárquicos, grandes en su tamaño e influencia pero pocos en su variedad, han devenido en organizaciones clientelares, con patrones de comportamiento que podrían compararse con ciertas conductas de organizaciones mafiosas. Acusaciones de tráfico de influencias han aparecido en la prensa española en los últimos años, los escándalos de corrupción de políticos a nivel local y provincial (y también al nacional, pero menos frecuente) nos llevan a pensar a que existe una clientalización de la vida política a favor de los intereses particulares de partido.

La falta de una competitividad electoral más real entre los grandes partidos puede llevar a una (sino lo ha hecho ya) oligarquización del poder, hacia una tiranización del poder, tal y como ya advertían los filósofos de la Antigua Grecia. Muchos años antes del nacimiento de Cristo, ya existían categorías que diferenciaban las distintas maneras de gobernarse, entre las cuáles se distinguía por un lado a la República, como el gobierno de todos y para todos (en busca del bien público), y por otro lado se identificaba el gobierno de unos pocos sustentado por los poderosos, los gobiernos oligárquicos y tiranos que se basaban en alcanzar el poder por el mero beneficio particular. El bipartidismo, término en boca de todos hoy en día, se asemejaría al gobierno de la Oligarquía.

Con este artículo de opinión solo busco generar en los lectores una reflexión sobre el actual sistema político español. Las herramientas que aquí he usado, la comparación histórica, solo debe entenderse como una herramienta para la conceptualización de la problemática de la partitocracia. Me he apoyado en la historia para desarrollar una comparación política diferenciada temporalmente, no equiparable. Me parece obvio que dicha comparación ante ojos de muchos historiadores expertos puede parecer odiosa, parcial y maximalista de unos planteamientos ideológicos actuales (dilema sobre la utilidad de la Historia como rama de conocimiento).

Las limitaciones espaciales y temporales son enormes para que esta comparación diacrónica se pueda considerar como depositaria de la verdad única e incontestable, tampoco aspiro a este fin. Pero solo es eso, un comparación. He querido llegar hasta aquí a través de este relato como medio para incitar a la reflexión política. Cualquier comparación con el pasado es inútil e infructuosa en términos de acción pragmática en el presente. Son los contemporáneos con sus herramientas y medios los que escriben el presente que se convertirá en historia, y compararnos con nuestros antepasados en igualdad de condiciones sería un ejercicio en vano.

Pero eso sí, señores y señoras, no lo olviden, ¡ES POLÍTICA! Sí, la política, esa disciplina que se dedica a regular la acción colectiva de los seres humanos, cuya razón de ser es organizar las sociedades humanas para convivir en comunidad, y a veces, las formas que elegimos para organizarnos en comunidad suelen tener fisuras y fallos…

Oligarquía - http://coquivacoatelevision.com.ve/?p=965

La Oligarquía y sus Redes Clientelares – Imagen sacada de http://www.coquivacoatelevision.com.ve