Haber de cinismo

Es la terrible historia de cualquier empleado público que, durante 35 o 40 años, entregó su vida a un empleo burocrático y tedioso, donde no pudo ascender porque se vio atrapado entre pugnas de grupos antagónicos, la presión de quienes querían por fuerza involucrarlo en la corrupción y los vaivenes de los sexenios con su eterno “El Rey ha muerto…¡Viva el Rey!” y sus intrigas palaciegas.

Al final, su magro sueldo con el que sobrevivió todo ese tiempo, asediado por las deudas y las presiones económicas, se convierte en una pensión minúscula. Abogados, contadores y otros individuos sin escrúpulos, lo obligan a ir y venir y le hacen las cuentas del gran tendero, para dejar su ingreso mensual –ahora que está retirado– en 40 0 50 por ciento de lo que ganaba, si bien le va.

Nuestro amigo, ahora viejo y enfermo, sin una red familiar lo bastante sólida, ve alejarse su sueño de vivir tranquilo y en paz los años posteriores a todo el esfuerzo laboral de su vida. Y se ve obligado a trabajar en cualquier cosa, sin gozar de adecuadas condiciones laborales, presionado para realizar su labor a pesar de los malestares y la edad, todo porque no se puede vivir con esa pensión.

Miles están en esa situación y sufren con amargura justificada, no poder vivir decentemente, pues con el sueldo que devengaron en su vida, nunca hubo modo de ahorrar.

Mientrs tanto, hay siete personas que defienden su derecho a cobrar un “Haber de retiro”, como le llaman. Se trata de los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuyo ingreso personal anualizado supera los cuatro millones de pesos, es decir, 350 mil 500 mensuales que, convertidos a dólares serían 26 mil 961 mensuales, o 19 mil 472 euros cada mes.

Tal vez haya muchas personas en países europeos de altos ingresos o en Estados Unidos, que ganan sueldos similares y aún superiores, pero en un país como México, con tales desigualdades, que un funcionario público obtenga esos ingresos, resulta MUY ofensivo.

Ocurre que en México más de 20 millones de personas están por debajo de la línea de pobreza alimentaria, es decir, no comieron hoy y puede que no coman mañana, ni el martes, porque no les alcanza el dinero ni para alimentarse y estos buenos señores, se embolsan esas cifras cada mes.

Pero he aquí que el Congreso de la Unión aprobó recientemente reformas a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, mediante las cuales se les otorga una muy buena suma para cuando terminen su encargo de nueve años en el Tribunal Electoral.

Y, claro, en este país de grave disparidad, lógicamente la noticia causó indignación. Tan sólo para ponerlo en perspectiva, un trabajador con salario mínimo gana 67.29 pesos diarios. Para juntar los más de 4 millones que uno de estos magistrados gana en un año, nuestro hipotético obrero debería trabajar 62 mil 505 días o bien 171 años ininterrumpidos, sin gastar un solo peso en su vida cotidiana.

¡Por supuesto indigna!

Pero la indignación se dispara cuando los magistrados defienden su llamado “haber de retiro” que, según ellos, no debe confundirse con una pensión.

“Es incorrecta la interpretación que se ha difundido sobre el tema del haber de retiro, establecido en el artículo 209, fracción XXXI de la Ley Orgánica antes mencionada”, señalan los letrados, quienes se apresuaran a argumentar que esta prestación, está prevista porque hay una  “disposición legal que prohíbe a los ex integrantes de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, desempeñar cualquier actividad relacionada con su profesión en un periodo de dos años”.

Diferente o no al concepto jurídico de “pensión”, el “haber de retiro” significa que les van a dar dinero después de concluir su encargo sólo porque (pobrecitos) no pueden ejercer su profesión dos años después de terminar como magistrados.

Como si en nueve años de un sueldazo de esos no hubiera oportunidad de ahorrar para el periodo de “vacas flacas” que saben con certeza, vendrá después de esos opulentos 36 millones de pesos de ingresos.

Como si no pudieran invertir en negocios, acciones o cosas. Como si no pudieran dedicarse a la academia, tal vez no en México, sino en otros países, como si no tuvieran opciones cuando han llegado a un nivel académico portentoso, como lo exige la ley para convertirse en magistrados.

Es vergonzante.

Cuando hay millones de mexicanos en la miseria y miles de pensionados para quienes llegar al final de su vida productiva los condena prácticamente a la indigencia, después de una existencia entera de sacrificio y apremio.

Estos buenos señores todavía no comprenden cuán terrible puede ser la vida después del periodo productivo para cualquier mortal y tienen el cinismo de defenderse diciendo que no es una pensión, sino un haber de retiro. ¡Haber de cinismo, deberían decir!

¡Qué importancia tiene! La injusticia y la brutal disparidad es la misma. Y eso es lo que ofende y genera el resentimiento social.

Cierto. Se trata de personas que han estudiado mucho, verdaderas eminencias en su materia, quienes además tienen sobre sus hombros una grave responsabilidad y merecen ganar un sueldo digno.

Pero hay muchos médicos, controladores aéreos, encargados de seguridad de instalaciones estratégicas y potencialmente peligrosas (como plantas petroquímicas, por decir algo), que tienen también mucho entrenamiento y gravísimas responsabilidades y en su vida soñarán ni con mucho ganar una partecita de todo ese dinero. Además, personas para quienes un fallo involuntario, que ni siquiera se les puede imputar personalmente como error, los puede llevar a la cárcel de por vida.

Y es probable que a su retiro, las pensiones a esos últimos, también, les jueguen chueco.