“Herencia Para Un Murciano”

Juan Eladio Palmis | Opinión | Cartagena | Pues sí; le vamos a dejar a nuestros herederos una tierra murciana llena de santos y santidades; llena de corruptos y corruptelas; un tanto el hazmerreir del resto de España; pero con la tranquilidad que da el saber que si robas de lo público, si encubres el robo de lo público, puedes llegar a donde te propongas llegar dentro o fuera del armario; o sin ni tan siquiera teniendo mobiliario alguno.

Es muy difícil tragar lo que está pasando en la región de Murcia, que ya no llega ni a la categoría de Cortijá; porque en las cortijás se sabe quien es el señorito; y, de verdad, aquí, el amasijo que lo está mangoneando todo, las puntas nerviosas de los tomasinos y los amichis, se han ramificado tanto, que honestamente todo el bancal se ha convertido en un barrizal donde está hocicando los de siempre multiplicados por no se sabe qué objetivos a corto, medio y largo plazo.

Decir que la tierra murciana es inculta políticamente hablando, es insultar a la palabra y la denominación política. En la tierra murciana, en sus cuatro, ocho o veinticuatro puntos cardinales se rebuzna egoísmo: ganas y hechos de que el que venga por detrás que se joda, que la higuera se secó, y hasta con la democracia se acabó en esta tierra de frontera, que empezó no siendo ni chicha ni limoná, ni andaluza ni valenciana y ha acabado siendo el ejemplo más fragante y palpable del peor mal hacer y del peor futuro para su gente, salvo la posibilidad segura que aumentaran las beatificaciones en un corto plazo.

El pueblo, la gente no existe, o no existimos. Aquellos tiempos de lucha por los derechos civiles, por la justicia, por la limpieza social, ya no motiva a nadie. No existen sindicatos y si existen son entidades bancarias donde depositan sus fondos, sus activos laborales, las empresas que más bajo pagan los salarios de toda España con la plena garantía que le da el saber que una huelga indefinida, que un contrato laboral ajustado a derecho, no existe. Y el único derecho que está en vigor y subiendo es el derecho que regula la esclavitud y la pernada encubierta.

La tristeza que refleja mi teclado; la impotencia que está reflejando, es algo que no llega a parte alguna, porque para sentir hay que tener sentimientos. Y los sentimientos de la nueva tierra murciana no van por la línea del respeto al prójimo; sino por el reparto entre unos cuantos que siempre son los mismos de los recursos regionales, mientras siguen agazapados otros en espera de lo suyo, sin mirar ni tan siquiera por sus hijos y por los hijos de sus hijos.

El Mar Menor está Muerto porque está en la región de Murcia. Los residuos tóxicos cancerígenos son, proporcionalmente, los más abundantes de toda España, porque están en la región de Murcia. Los montes más pelados, los ríos más secos, los pozos más profundos, la sociedad más egoísta y atrasada de toda España, está en la región murciana. Una tierra donde nadie va a devolver lo robado porque ni se lo van a exigir nadie; sino al contrario.

Jose Larralde, el cantautor argentino, habló de Herencia para un Hijo Gaucho, y se esmeró en sus rogativas a formatear la imagen y los hechos que quería para su descendiente. Aquí en la tierra murciana, se está procediendo de un modo tan egoísta con el presente; con el si “hay pa nosotros” sobra y los demás que se jodan, que aún sabiendo que todo hay ido de mal en peor año tras año, todavía a los de siempre les parece poco. Y, dos cosas, o los que vengan detrás o se cagan en todos nosotros, o es que la carga genética social que les vamos a dejar no va a estar para soplar muchas gaitas de justicia y equidad y dignidad.

Salud y Felicidad.

  • Juan Eladio Palmis