Homer Simpson está de resaca y no ha ido a votar

¡Qué de emociones en un solo fin de semana! Ayer la Champions y hoy las Europeas. Pero claro, lo primero parece ser más emocionante que lo segundo, al menos, eso decían los gritos y vítores que podían escucharse por las calles de toda España. Calles desérticas y bares repletos, cines vacíos y reuniones de amigos en casa de alguno. El espectáculo televisivo del futbol añade emoción al asunto y la movilización de los españoles ante tal acontecimiento es de las más destacadas. Hoy, sin embargo, tras la resaca de La Décima, la movilización ante las elecciones al Parlamente Europeo es mucho menor que la de ayer. La cuestión aquí es que aunque emocionantes pueden ser las dos –para unos más que para otros y la primera más que la segunda, como ya he dicho- emocionales son ambas.

Un conocido, por ejemplo, es del Atleti desde que veía el futbol con su abuelo y este le trasmitió su pasión por el equipo. Él es de Vallecas y ayer, aunque triste, se sentía colchonero como el que más, recordaba a su abuelo y suspiraba por la oportunidad de un “otra vez será”. En política, más que preferir a la izquierda es que odia, literalmente, a la derecha. Odio debido a la mala experiencia de su familia con Franco, aunque él nació en 1982. Por otro lado, una conocida, con familia de militares desde hace cuatro generaciones, es del Madrid y por supuesto ayer celebró la victoria; pero aunque tenía claro que votaría al PP, porque ella es del PP casi por los mismos motivos que mi amigo es del Atleti, no aseguraba que hoy fuera a votar; por eso de la resaca. Y mi amiga Mena, una holandesa que se vino a Málaga a los once años de edad, es del Atleti porque aunque su padre es del PSV Eindhoven, cuando ella vivió en Madrid descubrió la afición colchonera y le gustó el ambiente de la afición en las gradas; anoche no tenía claro a quién votaría hoy porque ha leído los programas y sigue las noticias de prensa, pero ella prefiere la reflexión -tiene que formar su propio criterio para algo tan importante- pero eso sí, el Día de la Reina de Holanda viste siempre algo naranja. (Ahora venga, ¿quién se atreve con el “encuentra las diferencias”?).

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Homer Simpson vuelve a ser tendencia (si es que alguna vez lo hubiera dejado de ser) y se ha convertido en -lo que llaman- el perfecto icono normcore, o lo que es lo mismo: hombre sin altas aspiraciones, de estética descuidada, funcional, aunque no sin extravangancias, con predominancia de instintos básicos frente a un razonamiento simplista y poco trabajado. ¡Qué desilusión, con lo que a mí me gusta un hipster! (o moderno o yupster, que es su versión mejorada y mi preferida). Y no es que me gusten eróticamente hablando o románticamente hablando, sino que me gustan porque es una moda que parecía (parece) aceptar la itelectualidad, el saber -aunque sea del sonido especial y único del vinilo o las paletas de colores de Wes Anderson– su preocupación por el medioambiente, trasladarse en bicicleta y su entretenimiento en todo lo indie, como algo bueno y digno de ser mostrado. Algo tan envidiable como quien pudiera mostrar unos Loubotin, unos zapatos carísimos que con sus suelas rojas levantan (o levantaban) envidias en toda dama que no pudiera llevarlos hace muy pocos años. O algo tan envidiable como la necesidad de reflexionar sobre la política de mi amiga Mena. No tengo claro de si un hipster o un yupster se preocupa tanto en saber de política nacional como las donaciones que dicen haber hecho por la causa de Haití, pero sí tengo claro de que su compromiso social es diferente al de Homer. Tenía la esperanza de que Lisa Simpson se convirtiera en los más cool de cada colegio y que Bart se convirtiera en el que recayeran las burlas colegiales, pero parece que no, que en España, los Bart y los Homer siguen siendo quienes capitanean en los colegios y en las urnas.

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El ser de un equipo u otro puedo entender perfectamente que sea emocional, puedo entender que alguien que no sea creyente o agnóstico piense que ser católico o budista sea también algo emocional, hasta llego a entender que los nacionalistas lo sean por un motivo emocional y entiendo lo emocional de los holandeses por su Corona ¿pero que la política, en general, sea emocional? ¿Qué le pasa a España y a los españoles? Supongo que los políticos españoles tampoco ayudan, pero al fin y al cabo son los que hemos elegido; eso sí, con la clara evidencia de que han sido elegidos por unos pocos y no por todos; que ha sido porque “yo voto a quien vota mi padre” y porque hoy es domingo de resaca. A pesar de que luego seamos todos los que nos quejamos.