Irak/Iraq. Integrismo musulmán y ruina de los valores occidentales

 


En Mosul, la bíblica Nínive, capital del imperio asirio en el actual Irak  (Iraq en lengua española, vano intento por mi parte), el grupo terrorista suní autodenominado “estado islámico” ha proclamado el califato del Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS) vigente en los territorios ocupados de Irak y Siria.

Antaño e incluso durante las hostilidades con el régimen del chií Maliki, Mosul fue refugio de los cristianos iraquíes (la “k” me obstina), pero de golpe han debido asumir la realidad poniendo fin a 20 siglos de fructífera presencia en la zona. En pleno siglo XXI, los más, de una comunidad no inferior a 30.000, huyeron antes y después de la conquista por el ISIS y los menos, apenas unos cientos, afrontan primero el señalamiento de su iniquidad, la “N” de NAZARAT (CRISTIANOS) en los dinteles de las puertas de sus casas, e inmediatamente el apremio de la conversión, la exacción, el exilio y la muerte a espada.

No puedo evitar recordar la expulsión de nuestros MORISCOS en aquel lejano 1502. Poco ha avanzado la humanidad desde entonces. Mucho ha retrocedido Europa desde mucho después. Esta Europa  -y por extensión, Occidente-   que llena su boca, sus parlamentos y las páginas de sus diarios con grandes palabras de tolerancia y humanidad pero que es incapaz de hacer nada para mantenerlas o reivindicarlas aunque sean sus valores los escarnecidos y que cuando sabe que son allanados, se vuelve ciega y sorda pero no tiene empacho en seguir hablando de ellas.

Los valores de la civilización occidental son atacados permanente y cotidianamente en todos los confines. Los son en el propio ámbito occidental, que una cosa es la libertad y otra la sociedad inerme. ¿Tan difícil es verlo, o lo difícil es afrontarlo? Está pasando y cuando seamos conscientes de lo que está en juego será tan difícil que ni los mejores guionistas de Hollywood  están preparados para el relato.