LA CAÍDA EN LOS PRECIOS DEL PETRÓLEO, ¿DEBERÍA PREOCUPARNOS?

Hoy en día la economía de México no está petrolizada como la de Rusia o Venezuela. Aunque sí seguimos dependiendo del energético en parte para las finanzas públicas, y en cierta parte para crecer. La caída del precio de la mezcla mexicana hasta los 40 dólares el barril (después de que hace seis meses estuvo a más de 100 dólares el barril), sí es algo que debería preocuparnos.

¿Por qué debería preocuparnos?

Seguimos atados al petróleo, para bien y para mal. Del crudo depende alrededor de 10% de la actividad económica del país. Aun con todas las empresas privadas y diversificación económica, PEMEX sigue siendo la principal compañía de nuestro país. El conflicto energético entre Arabia Saudita y Estados Unidos está lejos de resolverse. La actividad económica en China y su ralentización ha causado la baja en los precios. Los países del Oriente Medio insiste en mantener su producción, dando al traste con los mecanismos de precios de la OPEP. Arabia Saudita quiere que el principal consumidor del mundo, EU, deba soportar precios bajos para ponerle un reto a su tecnología de extracción.

¿Y ahora qué sigue?

La Secretaría de Hacienda en pasados días logró, por poco y tras varias operaciones, una buena cobertura a los 86 dólares el barril. Así, las finanzas públicas, con sus ingresos, están en un esquema de mayor certidumbre. Además de hacer un ajuste en el presupuesto federal (este básicamente al gasto corriente), el cual afianza el crecimiento proyectado. Las finanzas públicas están cubiertas. Si bien, la tercera parte de los ingresos públicos dependen de los ingresos por petróleo, también es cierto que el mecanismo financiero contratado por Hacienda está dando resultado al frenar tan brutal caída.

México hoy cuenta con políticas macroeconómicas sanas desde hace ya varios años, políticas fiscales y políticas monetarias que son congruentes con un buen manejo de las finanzas públicas y de la economía nacional. Bajo dicho contexto, la Reforma Energética llegó en el momento que el país necesitaba.

¿Por qué a debería preocuparle a las entidades federativas?

Las entidades federativas (Tlaxcala, Puebla, Jalisco, Sonora, etc.) recibe ingresos petroleros por el equivalente a casi el 50% en de su ingreso neto para ser ejercido en sus respectivos planes de desarrollo.

La Reforma Energética entre muchos cambio, trajo uno muy peculiar en Petróleos Mexicanos, este ahora está obligado a pagar Impuesto Sobre la Renta (ISR); modifica otras obligaciones, entre ellas, los derechos que distribuiría a las entidades federativas año con año; esto como resultado de su nueva responsabilidad fiscal ante la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP). La cobertura del federal en los precios del petróleo no es considerado como otro ingreso ni cercano a un derecho petrolero, paso a ser un aprovechamiento, del cual según la Ley de Ingresos Sobre Hidrocarburos, no entra a las partidas distribuibles a las entidades federativas.

Sería de suma importancia reglamentar La ley de Ingresos sobre Hidrocarburos y así activar el potencial que tiene nuestra joven Reforma Energética, pues esta no cuenta con dicho reglamento.

Luego de que la caída en el precio de la mezcla mexicana fue detenida por el federal, las haciendas del ejecutivo están aseguradas por la cobertura a los precios de barriles de crudo, pero específicamente hoy el reto será en los ingresos que finalmente dejaran de percibir las entidades federativas. Regresando, ante estas preocupaciones en los ingresos públicos, tal y como en el ajuste a las finanzas públicas del país se llevará a cabo en dos etapas: una preventiva para el 2015, con el recorte anunciado el viernes pasado, y el establecimiento de un presupuesto base cero en 2016.

Este “presupuesto base cero” es una metodología de planeación y presupuesto para reevaluar de manera sistémica y profunda todos los programas y dependencias.

Sí, es claro este mecanismo va a implicar un ejercicio al interior de las dependencias del gobierno federal, con la asesoría del Banco Mundial y la participación de muchas asociaciones de la sociedad civil, que tienen muchas ideas para llevar a cabo el presupuesto base cero.

Pablo Lima.
Contador Público, Fiscalista.