La mala educación

Y en noticias que ya a nadie le sorprenden, la CNTE honra con su visita a esta hermosa ciudad. Yo ya francamente no recuerdo un momento de la historia en que la CNTE no haya estado armando algún pleito. Recuerdo haber ido a Oaxaca en tercero de secundaria, por allá en 2010, y por supuesto que el zócalo de la ciudad estaba tomado por ellos. Cinco años después, estamos exactamente igual.

¿Qué podemos decir, que no se haya dicho ya? Por supuesto que es terrible, es un abuso, es una locura. Por supuesto que hay alguien patrocinando estas barbaries, financiando las casas de campaña, los camiones, los gastos cotidianos. Por supuesto que las afectaciones viales y los daños a negocios cercanos son atroces y generan pérdidas muy perjudiciales.

Lo verdaderamente aterrador del asunto es que genuinamente estos individuos se ostentan como maestros. Suponiendo que en algún momento de los próximos cien años decidan dejar de tomar calles y volver a su trabajo, ese trabajo sería educar a los niños. ¿Se dan cuenta del horror que esto supone? ¿Permitirían ustedes que personas como éstas se acercaran a sus hijos?

Incluso en el remoto caso en que se llegase a un acuerdo, estas personas jamás deberían regresar a un salón de clases. Sabemos que estas plazas se obtienen vía herencia o incluso compraventa, de modo que podemos estar seguros de que en esas aulas hay todo menos docentes auténticos. Y pocas cosas son tan frágiles, preciadas, y dignas de protección, como las mentes de nuestros niños.

Si los dejamos en tan terribles manos ahora, ¿qué resultados obtendremos en unos cuantos años? Precisamente es esta clase de gente la que forma y cría a los retoños que después vemos tomando casetas, quemando gasolineras, asaltando automovilistas para financiar su movimiento.

La reforma educativa es un muy buen primer paso hacia la eliminación definitiva de estos elementos inservibles. Basta de ceder ante chantajes. Basta de doblegarse ante amenazas y manipulaciones. No puede haber mano temblorosa, no puede haber consideraciones. Este problema hay que cortarlo de tajo.

Urge una solución drástica y permanente. Hace mucho, mucho tiempo que se acabó el momento de negociar. Hay que luchar contra los sindicatos, remover a esta gente de las escuelas permanentemente, y esta vez por favor sin goce de sueldo. Que se vayan para siempre, y dejemos los espacios para auténticos profesores que eduquen a gente de bien.

Ahora mismo, y sobre todo a la luz de los normalistas, es evidente que el gobierno y las fuerzas del orden procederán con cautela; no les vaya a dar un aire a los ‘maestros’ y al rato haya comisiones en Ginebra con las ya conocidas repeticiones de ‘vivos los queremos’. Y, sin embargo, en casos como éstos vaya que servirían acciones definitivas. En este bonito país cualquier vándalo tiene más derechos que los niños sin clase, que los automovilistas afectados, que la sociedad resquebrajada por sus caprichos.

Si no se actúa con mano implacable, con soluciones enérgicas y de raíz, esta gente seguirá pensando (con razón) que sólo necesitan secuestrar alguna vialidad para que se les concedan todas las atrocidades que piden. O seguiremos en un perpetuo estira y afloje en el que únicamente pierden los ciudadanos.