La necedad de un expresidente

Ernesto Samper Pizano fue presidente de Colombia entre 1994 y 1998. Lo fue gracias al dinero del narcotráfico que financió su campaña electoral llevando al país iberoamericano al aislamiento internacional. Las pruebas de la narcofinanciación fueron tan evidentes que Samper sólo pudo aducir en su defensa que si el dinero había entrado en la campaña había sido sin su conocimiento. Lo que llevó al arzobispo de Bogotá, el cardenal Pedro Rubiano, a decir que el que entrara ese dinero y no enterarse era igual de posible que el que hubiera pasado un elefante por el salón de tu casa y no te dieras cuenta. Samper se mantuvo sin vergüenza. Durante su mandato presidencial lo entrevisté en varias ocasiones. Y entre ellas recuerdo de manera especial la que realicé en la Casa de Nariño el 20 de junio de 1996. Samper acababa de ser juzgado en el Congreso de la República por la financiación de su campaña y sus conmilitones le habían exculpado. La «mermelada» que tanto untaba la política colombiana había sido efectiva y el Congreso respaldaba la continuidad de su mandato. Las condiciones pactadas para aquella entrevista con ABC fueron incumplidas una tras otra. Y cuando finalmente me encontré ante él, preguntándole por el proceso que acababa de terminar, por primera vez en mi carrera profesional afronté un entrevistado que, amparado en su dignidad presidencial, me mentía con descaro en sus respuestas. Y yo sabía que él me mentía. Y lo que es peor, él se sonreía sabiendo que yo sabía que él no me decía la verdad. Y yo, impotente, no podía más que recoger sus palabras sabiendo que él sabía que yo sabía que él no me decía la verdad.

Tras dejar la Presidencia este personaje ha disfrutado alguna bicoca, como la que le ofrecieron los Kirchner al darle la secretaría de la Unión de Naciones Suramericanas entre 2014 y enero de 2017. Cargo que gestionó con tanto éxito que no ha sido posible buscarle un reemplazo y la mitad de los países miembros han abandonado la organización.

Este Samper, que fue en su día embajador en España y guarda muchos amigos aquí, ha escogido, en coherencia con su ideología, irse de vacaciones de Navidad a Cuba. Y desde allí tuiteó el pasado día 6 de enero: «La revolución de Cuba es la revolución de la igualdad. Cero analfabetismos; cero desempleos; atención integral de salud; vivienda para todos; educación gratuita; comida para todos. Si la ausencia de necesidades como dice Amartya Sen no es la libertad, entonces, ¿qué será?» Hace falta ser necio e indecente para decir que Cuba es una tierra de libertad. Pero nada, Ernesto Samper lo proclama a los cuatro vientos.

Como muy bien le respondió en la misma red Moisés Naim, le estamos muy agradecidos por informarnos de su admiración por la dictadura cubana. Eso nos ayudó a enterarnos de su presencia allí. Y como la calidad de los medios de comunicación cubanos no es elogiada ni por Samper, estando allí no se debió enterar de la noticia surgida en el jucio que se está celebrando en Nueva York contra el Chapo Guzmán, el gran capo de la droga del Cartel de Sinaloa. En una declaración jurada ante la corte, uno de los testigos confesó que le pagó 500.000 dólares a Ernesto Samper. Una vez más, las pruebas que Samper intentó borrar en su día reaparecen. ¿Durante cuánto tiempo seguirá circulando impune por el mundo este protegido del narcotráfico internacional que lo aupó a la Presidencia de Colombia? http://bit.ly/2FsC84z Última Hora

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