La odisea de votar desde el extranjero (CERA)

Es relativamente complicado conseguir datos sobre el comportamiento electoral de los españoles residentes en el extranjero. Los votos acaban llegando a una urna en cada junta electoral provincial, muy rara vez acaban decidiendo algún último escaño en disputa, se agregan a los ya contabilizados en los resultados electorales provisionales y aquí paz y después gloria. En ese momento acaba otra empresa fútil.

Yo fui ayer a correos (de Irlanda) a dejar mi voto. La suma de los trabajos que me ha supuesto se entenderá al final de la descripción siguiente:

Hace unas semanas recibí una carta de la embajada que me daba la oportunidad de solicitar las papeletas, debía completar un formulario y enviarlo bien por fax o bien por correo a la junta electoral de mi provincia, siempre incluyendo una fotocopia del DNI. Hice lo del fax, que es más económico, pero en nuestra oficina tenemos una maquina nueva y no me quedó claro que hubiera llegado, así que para no errar el tiro preferi aprovechar mi paso por España para enviar tambien la carta. Así el sello me supuso menos de un euro, aunque también una visita adicional a la oficina de correos.

Las papeletas, que yo ya creía que no iban a llegar, llegaron anteayer, día 19 de mayo. Cuando leí la documentación adjunta vi que el ultimo dia para enviar el voto por correo era el siguiente: ayer dia 20 (aqui una actualizacion propia del país de la chapuza). Como suelo recoger el correo por las tardes cuando llego a casa y ya estan cerradas las oficinas, de haber llegado un dia mas tarde no habria podido votar. Tampoco es exacto del todo, porque los días 21,22 y 23 esta abierta la urna de la embajada, por desgracia en horario estrictamente laboral, así que en teoría quizás uno podria tomarse un dia de vacaciones e ir a votar. Personalmente, para servidor esto tampoco habría sido un drama, al fin y al cabo agarro un tren y estoy en 20 minutos, pero ni hay embajadas en todos los países ni todo el mundo vive en la capital. Si las papeletas llegan tarde a Vladivostok, no es muy factible pasarse por la embajada de Moscú.

El caso es que a la hora de comer me acerqué a la oficina de correos a enviar el voto, que tiene que ser certificado. 5,25 euros la gracia para un envío en la misma ciudad. Con la posibilidad de rastrear el envio, que ni voy a utilizar. Si los plazos fueran más amplios quizá se podría hacer por correo ordinario. Se me ha olvidado poner que dentro del sobre a la embajada hay que meter un certificado de residencia y la carta a la junta electoral, que contiene otro certificado de residencia, otra fotocopia de DNI y el sobre con el voto propiamente dicho. Además del certificado de residencia a la embajada se le envía un papelito solicitando el reembolso de los costes de envio. Las otras veces que lo he enviado no he recibido nada nunca. De hecho yo renunciaria con gusto, lo que pasa es que no lo hice por las dudas, ya que incluirlo esta en la lista de requisitos y no he querido arriesgarme a que anulen mi voto por no incluir uno de los documentos solicitados. No se si tiene mucho sentido que Interior, Exteriores o las Embajadas o quien sea ande enviando cheques de cinco euros a los idiotas que consideramos votar una especie de deber moral. Una vez que uno ve el coste en tiempo, el monetario es casi ridículo. Casi preferiría que este dinero no existiera ya que como a mi no me ha llegado nunca, no es difícil sospechar que pudiera acabar donde no debe.

En principio, yo sería partidario de que los residentes en el extranjero no tuviéramos derecho al voto. Me parece que tiene mas logica que yo votara aquí en Irlanda, donde pago mis impuestos, y lo mismo digo de los extranjeros que viven en España. Es dar poder al dinero,si, pero mucho más civilizado que dárselo a la sangre, el parentesco, la historia o la tradición. Creo que ya nos han quitado el derecho para elecciones municipales, lo cual también me parece bien porque los votos de gente que vive en Argentina hace cincuenta años no deben acabar decidiendo quien va a ser el alcalde de una aldea gallega. Y si la razón para quitarlos es que desnivelan la balanza cuando pueden ser decisivos, que sentido tiene mantenerlos cuando no deciden nada.

Al final la mejor respuesta a las cosas que no tienen lógica esta casi siempre en la tradición (siempre se ha hecho así) y me imagino que la tradición surgió por buenas razones. Después de una guerra, una dictadura y un exilio no parecía justo sacar del juego a quienes habían tenido que abandonar el país por encontrarse entre los perdedores. De hecho, el voto del CERA sigue siendo sociológicamente más de izquierdas que el del interior, aunque no creo que tenga ya demasiado que ver con la guerra civil, sino con una cuestión bastante lógica, como es que quien se queda a vivir en su país está mas contento con como van las cosas y es más propenso a conservarlas (= ser más conservador).

Leí que en las generales de 2011 el PSOE habia ganado en la urna del CERA en todas las provincias menos en una (curiosamente la mía, donde perdió por 4 votos 300-296 frente a un partido que le habia doblado con holgura en los resultados provisionales). Eso con los peores resultados electorales de su historia. Me imagino que el PSOE no tiene mucho interés en cambiar la LOREG para que los ausentes dejemos de votar.Aquí, la teoría conspirativa seria que cuando gobierna el PSOE el voto por correo desde el extranjero funciona mejor y cuando gobierna el PP, como ahora, al contrario. Si el PSOE vuelve a gobernar alguna vez ya lo contaremos.

En cuanto a lo de si votar o no votar o a quién votar, las teorías de la elección racional invitan a pensar que el coste de salir de casa cinco minutos para meter la papeleta en el sobre y depositarlo en la urna es más elevado que la ínfima probabilidad de que ese voto acabe cambiando algo. Es más o menos correcto y no recomendaría mucho a la gente que vote, y menos aún sin ganas. También es verdad que una de las críticas a las teorías de la elección racional es que la gente que vota obtiene algún otro tipo de satisfacción, como reafirmarse en sus propios valores y cosas de esas. Es el consuelo que nos queda. De intentar votar dos veces, ni las ganas.