La política como una disrupción en la partición de lo sensible. (Notas sobre Jacques Rancière y la política).

Lo político en Rancière nace a partir del desacuerdo. En éste radica su naturaleza específica. “Por desacuerdo se entenderá un tipo determinado de situación en la que uno de los interlocutores entiende y a la vez no entiende lo que dice el otro”[1]. No es un malentendido del lenguaje, ya que el desacuerdo no se refiere sólo a las palabras sino que se refiere a los sujetos del habla; se da en el plano perteneciente a lo argumentable y no en la argumentación, y se da a partir de la presencia o ausencia, la presentación sensible, de un objeto común entre X y Y[2].

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Las estructuras del desacuerdo van más allá del malentendido de las palabras, “son aquellas en las que la discusión de un argumento remite al litigio sobre el objeto de la discusión y sobre la calidad de quienes hacen de él un objeto”[3]. La situación extrema del desacuerdo concierne fundamentalmente a la Política.

En Introducing Desagreement, Rancière ahonda sobre el tema. Al estudiar a Aristóteles y sus ideas sobre la palabra y la voz se reconoce un carácter simbólico de la posesión del lenguaje en la definición de la comunidad, no es solamente una capacidad física de los hombres. El desacuerdo (mésentente) no es un mero hecho antropológico del lenguaje, porque nada se puede deducir de una propiedad antropológica común porque lo común se enfrenta en el nivel inmediato de existencia de vida en un mismo mundo.

 

Pero la política no es natural o un elemento antropológico común como el habla. No se puede deducir la existencia de un mundo político común por la mera comprensión del lenguaje cuando ese mundo presupone un desacuerdo sobre lo que es común. El desacuerdo significa tanto “el hecho de no escuchar de no entender” y “conflicto” (desacuerdo). La combinación de estos significados lleva sólo a lo siguiente: el hecho de escuchar y entender el lenguaje no produce por sí mismo efectos sobre una comunidad igualitaria. Los efectos igualitarios ocurren sólo mediante un forzamiento, éste es, la institución de un desacuerdo que desafía la incorporación, evidencia perceptible de una lógica igualitaria. Este desacuerdo es política[4].

 

En la Política, Aristóteles define al animal político a partir de su diferencia con otros animales porque no sólo tiene la voz, sino también la palabra (logos). Esta posesión del logos es un indicio de lo político es la palabra que manifiesta lo útil de lo nocivo, lo justo de lo injusto. Esta posesión define la existencia de dos tipos de animales como dos maneras de tener parte en lo sensible: en primer lugar, la del placer y del sufrimiento común a todos los animales; y la del bien y del mal, la de lo justo e injusto, que es propia de los hombres. En el logos se funda una politicidad superior que se lleva a cabo en la familia y en la ciudad. Y aquí es donde esta la verdadera naturaleza política del ser humano.

 

Esta forma en la que plantea Rancière plantea una discusiones filosóficas interesantes entre los utilitaristas y los clásicos. Para los utilitaristas el paso de la útil y nocivo, al bien y mal casi de forma lógica. En cambio para los clásicos sí existe una diferencia entre útil y bien. En el pensamiento clásico el pasaje de lo útil a lo justo se hace por mediación de los contrarios. En el juego de estos contrarios, “en la relación oscura entre lo nocivo y lo injusto” es donde encontramos el corazón del problema político, del problema que la política plantea al pensamiento filosófico de la comunidad[5].

 

Para pensar lo nocivo o lo injusto, Rancière se remite a los conceptos griegos de blaberon y sympheron. Estos dos conceptos nos ayudan a entender que por lo menos en la tradición clásica lo útil y lo nocivo no están en equilibrio necesariamente. Son falsos opuestos, le llama Rancière. El blaberon es el perjuicio daño en sentido judicial que se equilibra con una indemnización. El sympheron es más complejo, designa una relación consigo mismo y implica una relación con otro: es la ventaja de uno que no se deduce del daño del otro[6]. Esta diferencias generan formas distintas de entender la justicia[7].

 

De acuerdo a Platón y Aristóteles, lo justo de la ciudad es fundamentalmente un estado en el que el sympheron no tiene por correlato ningún blaberon. La buena distribución de las ventajas supone la eliminación previa de la distorsión. Este concepto de distorsión es fundamental y se centra ahí “entre lo útil y lo justo está lo inconmensurable de la distorsión, que por sí sola instituye a la comunidad política como antagonismo de partes de la comunidad que no son verdaderas partes del cuerpo social”[8] y será definido más adelante como “el modo de subjetivación en el cual la verificación de la igualdad asume una figura política. Hay política en razón de un solo universal, la igualdad que asume la forma específica de la distorsión”[9].

 

La justicia política “es el orden que determina la distribución de lo común”. No es la repartición de utilidades ni el equilibrio de las ganancias y las pérdidas. La justicia de la ciudad “sólo comienza donde el quid es lo que lo ciudadanos poseen en común y donde éstos se interesan en la manera que son repartidas las formas del ejercicio y control del ejercicio de ese poder común”[10].

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Las cosas que los ciudadanos poseen en común, la manera en la que son repartidas las formas de ejercicio y control del poder son las cosas que le interesan a la política. Una vez que dejaron de equilibrarse las pérdidas y ganancias, la tarea consiste en repartir las partes de lo común, “en armonizar según la proporción geométrica las partes de la comunidad y los títulos para obtener esas partes de la comunidad y los títulos para obtener esas partes, las axiai que dan derecho a la comunidad”[11]. Esto implica el paso de una igualdad aritmética, que se establece a partir del intercambio mercantil entre daños y perjuicios; a la igualdad geométrica, que “establece la proporción de las partes de las cosas comunes poseídas por cada parte de la comunidad según la cuota que ésta aporta al bien común”.

 

Estas cuotas que cada una de las partes aporta a la comunidad, de acuerdo a Aristóteles, son: la riqueza de los pocos, los oligoi, que es fácil de reconocer por su carácter material y que se basa en la aritmética de la los intercambios; los aristoi, la virtud o la excelencia; por último, la eleutheria, la libertad que pertenece al pueblo demos. Pero esta cuenta de las partes, es una falsa cuenta porque, por un lado, la única parte real es la riqueza de los oligoi, ya que incluso la virtud de los aristoi no es visible y terminan confundiéndose con los oligoi, pero sobre todo porque la propiedad del pueblo, no es ninguna propiedad determinable sino una cuestión fáctica, no es una propiedad política, no le es propia, le pertenece a todos los ciudadanos, incluyendo a los oligoi y a los aristoi. De ahí que sea una propiedad impropia. El demos es la parte de los que no tiene parte. El pueblo, según Rancière, no aporta sino el litigio, aporta una propiedad litigiosa ya que estrictamente no le pertenece de forma exclusiva.

 

La democracia hace una cuenta errónea de las partes ya cuenta como parte al pueblo y crea sociedades igualitarias, y esa es la cuenta errónea fundadora la política, porque el pueblo es una parte de los que no tienen parte. Hay política y no sólo dominación porque hay un cómputo erróneo de las partes del todo. La dominación es el orden policial y sólo se distorsiona al momento de que esa parte de los que no tienen nada, se manifiesta, se hace evidente y busca modificar ese orden de la dominación. Antes de eso es fundamental llevar a cabo un proceso de subjetivación que le permita distinguirse como esa parte que no es incluida en el orden policial.

 

Aquí es necesario desarrollar un concepto fundamental para la argumentación de Rancière: la Policía. El orden de distribuciones de las partes en una comunidad igualitaria es la partición de lo sensible, es la Policía en los términos de Rancière. De ahí que el mismo Rancière reconozca que la política solamente ha existido en algunos momentos de la historia, lo que es una constante es el orden policial.

 

De esta forma, la política existe cuando el orden de la dominación es interrumpido por la institución de una parte de los que no tienen parte. Hay política cuando el orden natural es interrumpido por una libertad que viene a actualizar la igualdad última sobre la que descansa todo orden social. La política existe, entonces, cuando se manifiesta un desacuerdo sobre las formas en las cuales se ejerce la dominación, si son justas o injustas, por parte de los que no tiene parte, del pueblo, que han llevado a cabo un proceso de subjetivación, mediante la desidentificación y desclasificación de la comunidad en los que se unen como una parte y los separa del resto de la comunidad, y por lo tanto cuestiona la idea misma de la igualdad. Este proceso lleva a una verificación de la igualdad y ahí es donde encontramos el daño a la igualdad. En última instancia, la desigualdad sólo es posible por la igualdad. Hay política cuando la lógica de la dominación es atravesada por efecto de la igualdad. Es decir, ahí está el daño a la igualdad en la emergencia de la política.

“Hay política cuando hay un lugar y unas formas para el encuentro entre dos procesos heterogéneos. El primero es el proceso policial. El segundo es el proceso de la igualdad. Con este término entendamos “el conjunto abierto de las prácticas guiadas por la suposición de la igualdad de cualquier ser parlante con cualquier otro ser parlante y por la preocupación de verificar esa igualdad. La política no tiene objetos o cuestiones que le sean propios. Su único principio, la igualdad no le es propio y en sí mismo no tiene nada de político. Todo lo que aquella hace es darle una actualidad en la forma de casos y la verificación de la igualdad en el corazón del orden policial”[12].

 

Arte urbano

 

 

 

Una vez desarrollada la noción de lo político, volvemos a la pregunta inicial: el argumento de Rancière sobre la política como interrupción o disrupción de la participación de lo sensible.

 

En las Diez tesis sobre la Política, se establece que la esencia de la policía es la participación de lo sensible. Lo sensible es aquello que se ve, lo que se escucha en el orden igualitario. La partición de lo sensible es una ley general que define las formas de tomar parte, definiendo inicialmente los modos de percepción en los cuales se inscriben.

 

Esta partición de lo sensible se caracteriza por la ausencia de un vacío: la sociedad consiste en grupos dedicados a modos específicos de acción, en lugares donde esas ocupaciones son ejercidas, en formas que corresponden con esas ocupaciones y lugares. En esta propiedad de funciones, lugares y formas de ser no hay vacíos. Esta es la exclusión de lo que no está[13].

 

La esencia de política, y aquí está la disrupción de participación de lo sensible, es transgredir este arreglo modificándolo con una parte de los que no tienen parte, por aquellos que irrumpen para la verificación de la igualdad. El litigio político es aquello que trae lo político a la realidad separándolo de la policía. La policía es el orden que está intentando desaparecer a la Política ya sea negándola o subsumiéndola a la lógica propia de la policía. La Política es ante todo una disrupción en lo visible y decible, es decir en lo sensible de la comunidad.

Por último, parecería que encontramos una aproximación puramente formal de Rancière a lo político. Sin embargo, a diferencia de Schmitt, en Rancière encontramos algunos indicios del carácter emancipatorio de lo político. El criterio de Schmitt, amigo-enemigo es la distinción política específica, aquella a la que pueda reconducirse todas las acciones y motivos políticos. A partir del conflicto entre el amigo y el enemigo se desarrollan lo político. Esta definición lleva al carácter formal de la distinción política y aunque yace aquí la existencia real de esa enemistad, que en eso podría ser similar al proceso de subjetivación de los sin parte, no es la misma forma en la cual se desarrolla en Rancière.

 

En el caso de Rancière, la política adquiere no una mera definición formal sino más bien de una política emancipatoria, una política en la que la parte que no tiene parte en la comunidad irrumpe en la policía para la verificación de la igualdad. Por esta razón, la política solamente aparece algunas veces en la historia, a diferencia del criterio de Schmitt que puede ser una constante universal.

[1] Rancière, Jacques, El Desacuerdo, Nueva visión, Buenos Aires, 1996, pag. 8

[2] idem, p.10

[3] idem, p. 10 y 11

[4] Rancière, Jacques, Introducing Desagreement, Angelaki, 9 (3), 2004, p. 5

[5] Rancière, Jacques, El Desacuerdo, Nueva visión, Buenos Aires, 1996, p. 15.

[6] idem, p. 16

 

[8] idem, p. 35.

[9] idem, 56.

[10] idem, p. 17

[11] idem, p. 18

[12] idem, p. 46 y 47.

[13] Rancière, Jacques, Ten Theses on Politics, Theory & Event, Vol. 5, No.3, 2001, http://80-muse.jhe.edu.chain.kent.ac.uk/journals/theory_and_event/v005/5.3ranciere.html