La política en El Gran Burundún Burundá ha muerto

burundúnLos seres humanos somos seres políticos. Desde el primer instante en que comenzamos a vivir en sociedad y a organizarnos, nació, aunado al trabajo y la producción, el concepto del liderazgo y del poder. En la antigua Grecia, lo político es aquello referente a la polis y al habitante de ésta, el ciudadano. Sin embargo, en las distintas sociedades y a lo largo del tiempo, han cambiado las formas en que se percibe y comprende lo político. Como una de las primeras novelas de la dictadura, El Gran Burundún Burundá ha muerto también presenta una forma específica de comprensión de lo político. En el presente ensayo se esbozará lo referente a la percepción de la práctica política en la novela, auxiliados de Introducción a la teoría política (2011), de Heywood Andrew. Como bien podemos constatar, lo real y la ideal se encuentran sumamente alejados en lo que a la conformación de los Estados se refiere, tanto, que se hace necesario diferenciar la política idealizada de la política de facto, ya que una se encarga de lo que “debería ser”, y la otra de la manera en que efectivamente los individuos ejercen el poder.

La estructura del poder cambia en función del sistema político, así, no descansan los principios de la monarquía en los mismos sitios de afianzamiento que el Estado fascista o el democrático: cada forma de organización construye al individuo de forma distinta. En la novela del colombiano Jorge Zalamea, publicada en 1952 en Buenos Aires, se describe el entierro de un dictador, El Gran Burundún Burundá, pero también se cuenta la manera en que éste personaje llegó al poder y los recursos de los que se valió para monopolizarlo a lo largo de su dictadura. La construcción del dictador  en El Gran Burundún…no gira solamente en torno a la psicología de estos personajes, sino que es también una representación de cierta praxis política extendida tanto en los sistemas esclavistas como en las monarquías y los Estados democráticos, es decir, la praxis de la corrupción. La novela es así una mirada irónica y mordaz hacía cualquiera que se encuentre engolosinado en el poder, y por tanto, en el exceso y el absurdo.

Grandes pensadores a lo largo de la historia se han ocupado de lo político, Aristóteles, Maquiavelo, Montesquieu, etc….pensaron la importancia de eso que algunos han llamado arte y otros ciencia. Independientemente de la naturaleza de tal actividad, nos encontramos en la siguiente cita con una de sus implicaciones más importantes en lo ideal (2011, p. 76): “En primer lugar [la política] refleja una profunda fe en la razón humana y en la eficacia del debate y la discusión.” En El Gran Burundún…efectivamente se narra, al inicio, el uso de la palabra (el debate, la discusión) del dictador como recurso para obtener el poder, sin embargo la práctica política de los personajes niega a cada momento el supuesto de fe en la razón humana, ya que en el país del Gran Reformador es un estorbo, por tanto los primeros en animalizarse hasta abandonar la palabra y la capacidad de debatir, son los políticos. Así es como podemos decir que en los Estados totalitarios no existe la política como fe en el diálogo, sino solamente como recurso para normar y controlar despóticamente la vida de los miembros de una sociedad.

La política, pensaran algunos, sirve para crear líderes, pero esos líderes ¿qué organizan, qué procuran, qué lideran? Quizás se encargan de repartir los recursos, de planear políticas públicas o… ¡de mantener vivo al Estado! El Gran Burundún Burundá, por su parte, se encargó primero de destruir un Estado, para crear otro: “De tal manera que cuando el papagayo brincó sobre las ruinas, hubo quien observase que las plumas de su cola habían enriquecido sus variados colores en la aceitosa paleta de su propio excremento. ¡Pero las tornasolaba ya el sol del triunfo, y pareció nueva gala la inmundicia!”. Entre todas las definiciones de política, también está aquella que reconoce la virtud que aquella tiene de hacer aflorar lo execrable y así y todo  legitimarlo, que luzca como democracia siendo demagogia, que suene a libertad siendo esclavitud, que haga las veces de verdad siendo mentira. Andrew Heywood explica la razón de esa otra percepción de lo político (2011, p. 77): “Hace mucho que los liberales han venido advirtiendo de que, como quiera que las personas son egoístas,  la posesión del poder político corromperá a quien lo tenga y lo incitará a explotar su posición en beneficio propio y a expensas de otros.” En el caso del Gran Extirpador no se narra exactamente si su tiranía fue motivada por el egoísmo o por el hecho de haber sido corrompido por el poder, en cambio, se describe la corrupción de la apariencia física del Gran Burundún y de sus allegados. No sería exageración entonces llamarle también Gran Corruptor, pues todo lo que toca lo transforma en tornasolada mierda.

Hemos visto los dos extremos de la política, eso que algunos pretenden noble, y lo que otros conocen maquiavélico. En El Gran Burundún-Burundá ha muerto se muestra únicamente lo infame: el político es una alimaña, un animalillo repugnante, ciego…y posteriormente sólo una ilusión: un papagayo de papel. La dictadura como fin de la palabra marca también el fin de la política en su sentido positivo (ideal), y el inicio de la política como expresión de lo terrible (real). Más para construir una definición justa de ella, que pretenda abrazar lo real en lo ideal, habría que decir que solamente pueden llevarla a cabo los hombres libres, libres en la palabra, claro, pero además libres en el pensamiento y en la acción. ¿O es que acaso alguien puede asegurar que el Gran Burundún Burundá no era víctima de sí mismo, hijo de sus propios vicios?