Liberalismo, multilateralismo y posmodernidad

omcTodo fenómeno o medida económica y política es un arma de doble filo. Nos encontramos en un mundo en que la hambruna, el terrorismo y el tráfico de estupefacientes son problemas cotidianos que afectan a cada individuo de una u otra manera. El comercio multilateral, además de facilitar el acceso a distintos bienes, garantiza el intercambio cultural, lo que genera ambientes propicios para la convivencia pacífica entre distintos pueblos y grupos humanos. Las grandes empresas transnacionales deben dar cabida a la competencia en un marco de respeto a las normativas de los estados y las organizaciones internacionales, con el propósito de que sea posible un comercio multilateral justo que promueva la producción responsable con el medio ambiente pero también la creación de acuerdos globales. Con el fin de las hegemonías por medio del fomento al desarrollo unánime e igualitario, la humanidad dejará de preocuparse por rivalidades y posibles enfrentamientos entre las naciones, pues el comercio, aunado al intercambio cultural, habrá unido a la humanidad con nuevos bríos para erradicar las problemáticas actuales más urgentes.

La globalización ha correspondido a los acontecimientos históricos y avances tecnológicos. Sabemos que sería muy difícil que existiera un verdadero aislacionismo por parte de algún país, puesto que el mundo está continuamente interconectado. Sin embargo, recientemente ha ocurrido “el ascenso del nuevo regionalismo y la proliferación, simultáneamente, de numerosos acuerdos comerciales de carácter bilateral” (2005:144). Estos acuerdos obstaculizan el intercambio comercial multilateral, y tienden a crear “bloques” en los que sólo aquellos países que participan resultan beneficiados. La humanidad debe reconocer la necesidad de relacionarse de manera equitativa a fin de enriquecer su patrimonio cultural y fomentar la unidad. La importancia de lo económico en nuestros días es también la importancia y el valor del comercio, más un comercio que facilite el desarrollo unánime de los pueblos, pues en palabras de José Martí sólo éste habrá de hermanarlos. Así pues, se deben evitar las prácticas proteccionistas o monopólicas, a fin de beneficiar sobre todo al ciudadano de a pie, que va en busca de mejores condiciones de vida y de consumo.

Puesto que la misión de la Organización Mundial del Comercio es la creación de medidas económicas que garanticen el desarrollo de las naciones para que cada individuo goce de una existencia plena, el enfoque de la organización debiera ser también personalizado. Cada persona debe comprender y conocer los mecanismos económicos vigentes en el mundo, así pues, la propuesta resulta sencilla: es necesario introducir en el terreno discursivo de los ciudadanos la importancia de la liberalización y el multilateralismo como medio de mejora, para que así la sociedad en su conjunto camine hacía un mismo fin. Si los medios de comunicación han sido llamados recientemente “el cuarto poder”, eso significa que hoy más que nunca es necesario mantener informada a la mayor cantidad de personas. Debe existir una mayor tendencia a hacer del dominio público aquellas cuestiones que atañen a todos los seres humanos, así el trabajo de las organizaciones resultaría mucho más dinámico. Se trata pues de implementar políticas de apertura por medio de la publicación de artículos, ensayos e informes sobre las rondas o la realización de documentales con una adecuada difusión, para que se haga efectivo el conocimiento sobre la OMC y de cómo ésta ayuda a mantener la estabilidad de la economía internacional, así también del modo en que se da seguimiento a las medidas que se aplican al comercio para promover el desarrollo.

La posmodernidad, como nuevo enfoque científico, se encuentra en estrecha relación con el multilateralismo y el liberalismo económico. Esta postura se mueve hacía la reafirmación de la necesidad de escapar de las hegemonías e interpretar lo humano desde un punto de “multicentrismo”. La posmodernidad como el “modo de la instauración del nuevo metarrelato, cuyo objeto es soportar la estructura vincular básica del poder de dominio y circunscribir la potencialidad de realización de los relatos de las comunidades dependientes” (1997:9) se instaura como la ratificación de las aspiraciones del comercio multilateral, pues éste, del mismo modo que la posmodernidad, pretende “circunscribir la potencialidad de realización” de todos las naciones en lo que a expansión comercial se refiere.  Puesto que esas realidades específicas, el comercio, la posmodernidad, el multilateralismo, se hacen visibles por medio del lenguaje, podemos argumentar que se tratan también de “relatos”. Como he ido argumentando, puesto que el camino a seguir se conoce, es necesario que ese camino se convierta en el camino no sólo de unos cuantos, sino en el camino compartido del total de los seres humanos.

La necesidad de la existencia de las nociones de liberalización y multilateralismo en el discurso de los individuos es también la necesidad de su subsistencia. Si educamos niños y jóvenes que confíen en ese camino, estaremos formando al mismo tiempo intelectuales que, con el paso de los años, perfeccionen y cumplan cabalmente con las medidas necesarias para llevar a buen término las políticas económicas liberales. Nos encontramos pues, en resumen, con los cuatro actores principales del plan a futuro: el liberalismo, la globalización, la posmodernidad y la comunicación masiva. El liberalismo y el comercio multilateral forman el eje que conlleva lo que en palabras de Hannah Arendt “está por hacerse”, lo que “precisa de nosotros”. La globalización es el entorno en que tales nociones tomarán forma. La posmodernidad es el nivel ideológico, el desarrollo de las ciencias sociales y algunos rubros de las ciencias exactas, pues vemos así que el pensamiento humano tiene concordancia con el espíritu de los propósitos económicos. Finalmente, la comunicación masiva sirve de medio para hacer una correcta difusión de los principios del comercio multilateral en el mundo, de manera que cada individuo interiorice y sea capaz de reflexionar los aconteceres de la realidad en que vive y en la que habrá de vivir, y que coadyuve con sus convicciones y acciones diarias para que la humanidad camine con paso firme hacia la legalidad y el bienestar.