LLUEVE SOBRE MOJADO EN ARENA Y FMLN

La desaprobación y el rechazo en contra de ARENA y el FMLN han crecido aceleradamente, debido a la insatisfacción ciudadana provocada por la incapacidad para aminorar los problemas y responder oportunamente ante la crisis salvadoreña. El surgimiento de la era protagonizada por ARENA y el FMLN tiene sus raíces antes, durante y después del conflicto armado. Los Acuerdos de Paz fueron clave para iniciar la transición del Estado hacia una institucionalidad democrática, en la cual se instauró el sistema político que hoy conocemos. Desde 1989 hasta la actualidad, ambos se han turnado el ejecutivo por períodos de 20 y 10 años –por el momento– y alcanzado las mayorías parlamentarias en la Asamblea Legislativa. Esta contienda tiene antecedentes históricos, debido a que en cada proceso electoral se juegan muchos intereses de por medio.

A simple vista, pareciera que la era de izquierda-derecha continúa sin mayor complicación, no obstante, al observar la actualidad y estudiar el pasado nos percatamos que ambos partidos están sufriendo una especie de precipitación hacia un vacío del cual será difícil salir. Y no por culpa de sus adversarios partidarios o por intervenciones externas, sino por el peso que el castigo ciudadano ejerce sobre los incumplidores, del cual seremos testigos en los años venideros. Veamos como ejemplo la historia del PCN y PDC.

Esta crisis partidaria no puede derivar por sí misma en el derrumbe de ambos partidos, para que eso ocurra debe surgir un plan político de nación que formule nuevos horizontes y que concentre una fuerza ciudadana capaz de desafiar a los imponentes partidos que dominan, desde hace más de 25 años, el espectro político. Es decir, que aunque la gente ya no crea en los “mismos de siempre”, es indudable que siempre serán elegidos por más períodos.

Para analizar la coyuntura se debe considerar que el problema del abstencionismo, según el académico salvadoreño José Miguel Cruz, no se encuentra solamente en el sistema electoral; sino, en la forma en que funciona el sistema político en su conjunto, recalcando que el abstencionismo es el problema de una sociedad civil, que se niega a participar con las actuales reglas del juego. Y por ello, se reduce la asistencia a los comicios electorales. En 2014 se registró, de acuerdo a los resultados del TSE, la asistencia de apenas un 54.26% de la población registrada en el padrón, la cual se presume que no se interesa y mucho menos se involucra en asuntos políticos.

La generación del postconflicto, conformada por jóvenes de 15 a 29 años en su mayoría, no se siente representada en la arena política y tampoco motivada para participar en los procesos electorales. Prueba de ello es que sólo 4,209 de aproximadamente 60 mil jóvenes aptos, según el TSE, para votar en el 2018 y que estuvieron por cumplir 18 años antes de las elecciones solicitaron su inscripción en el registro para poder emitir el sufragio. En la tesis “Diagnóstico de la participación de los jóvenes de 18 a 29 años en el proceso electoral en El Salvador”, publicada en el 2015, se concluyó que existe un evidente desencanto de parte de los jóvenes por participar en política y, en ocasiones, se debe al accionar de la clase política, por casos de corrupción conocidos o porque creen que “llegue quien llegue al gobierno, siempre será lo mismo”.

Previo al comienzo de la era de ARENA y el FMLN, el país sufrió un periodo crítico debido al carácter excluyente e inflexible del régimen político, en donde predominaron los fraudes electorales y el prolongado totalitarismo-autoritarismo que gobernó en esa inexistente democracia; y que contribuyó a que, entre 1931 a 1990, se registraran siete golpes de Estado, dos alzamientos populares, tres movimientos populares y cinco procesos electorales en la década de 1980.

Los períodos para gobernar en El Salvador son cada vez menores y con alta propensión de retirar a los partidos, y a los políticos que no cumplan con las exigencias que la sociedad civil demanda en el marco de una democracia que se construye periódicamente. Esto se observa a continuación, en el período de 1931-1989 gobernó el PCN, PDC y otros regímenes políticos (58 años), en 1989-2009 ARENA (20 años), en 2009-2019 el FMLN (10 años) y para el 2019, ¿Habrá una nueva historia por escribir o se continuará con más bipartidismo?

En todo sistema político los cambios siempre ocurren, son necesarios y claves para seguir restaurando la cultura democrática en toda sociedad. Estos cambios no se pueden detener porque ocurren cuando los partidos no logran atender las crecientes necesidades de la población. Queda preguntarse: ¿Cuál será el futuro para ARENA y el FMLN? ¿Será este el mejor momento de la historia para apostar a un nuevo proyecto político?

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