LOS INTERESES CREADOS

Largo tiempo llevo barruntando sobre la cosificación del mundo cofrade, como todos saben. Creo que es un pecado capital de nuestras hermandades, pero no contemporáneo a esta degeneración a la que estamos asistiendo. Su condición de capital se la confiere un origen casi coetáneo del mismo de las cofradías.

Las clases privilegiadas encontraron en el máximo exponente de la religiosidad popular una forma de ganarse cierta condescendencia ante Dios. Esto trajo la creación de patronatos, obras pías y una asunción del papel de grandes benefactores. Sin embargo, esta asunción como modo de reproducir la pirámide social del Antiguo Régimen también a escala religiosa, lejos de desaparecer en el siglo XIX, el más convulso para estas instituciones, se adaptó a los cambios sociales para, al igual que en la vida civil, reproducir a escala una nueva jerarquización.

El Antiguo Régimen que, con germen bajomedieval, mentalidad contrarreformista y ejecución barroca, nos legó el mayor movimiento asociativo de Andalucía, reprodujo a escala su organización social. Muchas cofradías, gremiales y/u hospitalarias, contaron con miembros de la cúspide de la pirámide como benefactores. Estos nobles, por su desahogada situación económica, nos han permitido disfrutar de un vasto y valiosísimo patrimonio. Tutelados por un clero conservador y garante de la ortodoxia tridentina, el Tercer Estado es también la base de esta pirámide.

La implosión del liberalismo en el siglo XIX supuso que, al participar del poder político de forma parcial la élite del Tercer Estado, es decir, la burguesía, también cambiaran las tornas en la escala cofrade. El pertenecer a los órganos de decisión de la Hermandad se convierte para algunos en una manera de encontrar cierto prestigio social. Esta suerte de neopolítica cofradiera es, de facto, una manera de destacar cuando no se tiene acceso al marco político que rodea a esos cofrades decimonónicos. Por eso es frecuente encontrar en la microsociedad que es la hermandad varias familias de la pequeña o media burguesía pugnando y turnándose en el ejercicio del gobierno de la corporación. En definitiva, ser hermano mayor o cónyuge del mismo es una forma de buscar respeto social.

La progresiva democratización social y la universalización de la educación posibilita un nuevo cambio social que también se extrapola a las cofradías, Siguiendo un proceso paralelo a la sociedad, aparece una clase media que es el pilar fundamental de la organización. El cabildo general pasa a ser el verdadero órgano rector de la corporación. La autoridad emana de éste, siendo el hermano mayor el depositario de esta voluntad y el brazo ejecutor, junto con su junta de gobierno, de las decisiones del citado cabildo. Esto implica un acercamiento al mandato evangélico: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9, 35).

Sin embargo, en muchas ocasiones, esta naturaleza parece desaparecer en el seno de nuestras corporaciones. Las pugnas de familias burguesas o el abandono al mecenazgo de algun noble o latifundista indican la fosilización de muchas hermandades. El fósil no encierra vida. Este mecenazgo indica también, en ocasiones, un posicionamiento de muchas cofradías en un determinado espectro social, haciendo de ellas un arma arrojadiza.

La presencia, en mayor o menor grado, de personas de una ideología conservadora en las juntas de gobierno ha provocado que, sobre todo desde fuera del submundo cofrade, muchos hayan asumido que todos los cofrades son tendentes a ideas ya no posicionadas en movimientos conservadores, sino en reaccionarios. Se olvida aquí la base social cofrade que cuenta con numerosos casos de personas de ideas centristas y progresistas.

Históricamente, esta asociación cobra especial fuerza desde el Sexenio Democrático, alcanzando su cenit en la II República y la dictadura franquista. Con la II Restauración borbónica, muchos vuelven a usar como arma arrojadiza contra los cofrades un supuesto posicionamiento en la derecha política. Algo irrisorio, puesto que hemos llegado a observar incluso a cargos públicos de ideología comunista en la presidencia de algunos cortejos.

Esta asociación cofradías-derechas hace de éste un lobby al que acercarse en busca de votos. Por ello, son numerosas las concesiones que buscan algo a cambio. Nadie da duros a cuatro pesetas. Un cofrade también vota, por lo que si nos congraciamos con ellos podemos obtener algo a cambio y, si nos enfrentamos a este movimiento, podemos ver nuestras aspiraciones mermadas.

¿Y qué se debería reivindicar? Pues ni más ni menos que el mismo trato que recibe cualquier otra asociación pública, salvando acercamientos interesados de la derecha y odios inveterados de la izquierda. Ser cofrade es trascender la ideología y no servirse del pueblo/hermanos, sino servirlos. Esto es lo que debería diferenciarnos de un modelo político que, desgraciadamente, reproducimos con mayor frecuencia de lo que pensamos. Las hermandades reproducen el modelo social a escala. En eso no hemos cambiado. En unos tiempos de crisis identitaria, vemos también crisis cofrade. Y no por falta de patrimonio o personas, sino por una pérdida de rumbo que hace del oro y la plata cal que blanquea a los sepulcros.

La mies es mucha. Los obreros muy pocos.