Los otros datos

Un interesante editorial del Financial Times, escrito a raíz de la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, así como su relevo por el hombre del rostro desencajado, sugiere al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador que de una vez por todas atienda los datos que la realidad arroja, en lugar de escudarse en que él “tiene otros datos”.

Porque en verdad, el mandatario no deja pasar oportunidad para repetir a diario en sus doctrinales “conferencias matutinas”, que “el pueblo es sabio”, lo cual es cierto. El pueblo  se encuentra inmerso en la realidad y la palpa con la piel viva, todos los días a todas horas.

Es el pueblo sufre en el transporte público; se ve obligado a buscar la alternativa más barata para comer (de nutrirse correctamente, ni hablar); padece para reunir la suma de la renta cada mes; carece de atención médica y, cuando la tiene, no le surten las medicinas necesarias;  no encuentra trabajo luego de ser despedido sin liquidación; y al que le duele directamente la inflación.

Ese pueblo lo sabe, pero el mandatario no, porque no lo escucha.

Aunque dice odiar a los neoliberales, se les parece mucho en algunos aspectos, particularmente en ese: no escuchar a la gente.

Tal esel afán de este personaje por presentar un país en donde las cosas van muy bien, que ignora las cifras, la realidad y se sale por la tangente con el pretexto de que él “tiene otras cifras”.

Las “otras cifras” provienen de un imaginario fantasioso que el político se crea a sí mismo o sus achichincles le crean parea complacerlo, pero nada tienen que ver con un país donde las decisiones económicas se toman desde la más pura ideología, pero sin sustento en los pesos y centavos.

La realidad es clara y no tiene vuelta de hoja. Las cosas van mal, muy mal, por las pésimas decisiones en materias política y económica que se han tomado en los primeros (larguísimos) meses de la presente administración.

Y para medir la realidad que él no quiere ver, tan sólo hace falta caminar por la calle. A manera de ejemplo, ayer pasé alrededor de una hora en una mesa exterior de un restaurante en la plaza principal de Puebla. Literalmente y sin exageración alguna, se acercaron diez personas, representantes de diversas formas de mendicidad, a pedir dinero.

Tal es la realidad que el Financial Times le pide a López Obrador observar y no los “otros datos” que dice tener.

Si el presidente observa algo diferente es porque no quiere ver la realidad o bien, está rodeado de lamebotas que, cuando les pregunta: “¿qué hora es?”, se apresuran a contestarle con voz meliflua “las horas que usted quiera, señor”.

De ahí la urgencia de dejar atrás esas “otras cifras”, que justifican el discurso político, pero no corresponden a la realidad en las calles. No cabe duda que los extremos se tocan. Este gobierno se dice diametralmente opuesto a los anteriores, pero actúa exactamente de la misma forma: sin reconocer lo evidente ni escuchar a la gente.