Los políticos NO son el gran problema

15 de mayo de 2014. Víctor Chacón

 

Es el comentario recurrente en cualquier plaza. Atizar al político se ha convertido en un deporte nacional y defenderlos es una batalla perdida de antemano. Los sucesivos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas han situado a lo largo de los últimos años a los políticos y la política como el tercer problema de los españoles. En el último barómetro de abril la política y los políticos ocupan la cuarta plaza en las preocupaciones de los ciudadanos.

Crisis + corrupción = los políticos son el problema

Con los datos del CIS, he elaborado esta gráfica que nos permite observar cómo ha ido aumentando el desprestigio de la política. He añadido dos variables más que están estrechamente relacionadas: los problemas económicos y la percepción de la corrupción.

Elaboración propia

Elaboración propia

Esto nos sitúa en un contexto muy particular. Un aumento de la pérdida de confianza en la política dentro de una profunda crisis económica a la que se le añade el crecimiento desorbitado de la percepción de corrupción que ha estado durante años en mínimos históricos. Este es el escenario que ha permitido el asentamiento de la antipolítica donde, como describía brillantemente José María Lassalle “se utilizan los buenos sentimientos de mucha gente desasistida de esperanza” para ser usados como fuerza desestabilizadora.

¿Son los políticos realmente el tercer problema de los españoles?

Primero, tenemos que definir qué es un político. Con trazo grueso, un político es quien trabaja para hacer realidad las demandas de la sociedad. Dentro de una democracia representativa, el político da forma y verbo a las necesidades de su entorno social. Por tanto, su prestigio estará determinado por el éxito en la consecución de estos objetivos.

Como hemos podido ver en la gráfica anterior, en la medida que desde la sociedad se genera un input muy fuerte en relación a las condiciones económicas y éste no puede ser resuelto a corto plazo, se resienten los actores principales del sistema que son los partidos y políticos con responsabilidades de gobierno. Si el prestigio está condicionado a la capacidad de hacer efectivas las demandas sociales y éstas no pueden producirse a corto plazo, es comprensible el crecimiento de la desconfianza hacia el político. Quiero remarcar la idea de resolver la demanda a corto plazo atendiendo a un dato de la gráfica: el punto en el que más alta es la preocupación sobre los problemas de índole económica, en junio de 2008, menor es la preocupación por los partidos políticos. Mientras la preocupación por cuestiones económicas crecía, la confianza en partidos y políticos aumentaba porque había una expectativa de resolución que no se materializó.

Hablando en plata, el crecimiento del desprestigio de los políticos tiene buena parte de su origen en no haber podido solucionar la crisis económica en plazo breve de tiempo. Son más de 7 años de crisis, con una tasa de desempleo que lleva más de 4 años situada por encima del 20% y un grito social desesperado por encontrar soluciones. Los partidos hegemónicos que han tenido responsabilidades institucionales no consiguieron o no están consiguiendo ofrecer esa solución a la principal demanda de los ciudadanos.

Por un lado, tenemos un Partido Socialista que triunfó en las elecciones de 2008 a base de negar las alarmas económicas y que durante buena parte de la legislatura hizo un esfuerzo ímprobo en negar una situación de crisis que obligaba a tomar medidas drásticas. Una vez se vio obligado a tomarlas, fueron tarde y no sirvieron para frenar la caída. Por el otro lado, un Partido Popular con el marchamo de la buena gestión económica que obtiene en las elecciones de 2011 el mejor resultado de su historia para hacer lo que prometía en su campaña: salir de la crisis. Una salida que no es fácil, no es rápida y que ha estado marcada por hitos significativos como el agujero presupuestario que se encontró el actual Gobierno de más de 30.000 millones y que situaban el déficit en casi un 9% y, sobretodo, las dificultades que se han atravesado para conseguir financiación y evitar el rescate de la economía.

¿Son los políticos el tercer problema? La respuesta es sí. Pero sólo ahora. En estas condiciones tan determinadas con unas causas claras: se trata de un problema coyuntural, de una demanda no satisfecha que volverá a niveles normales una vez se superen las dificultades económicas y se resuelva también la demanda hacia medidas de regeneración democrática y transparencia así como las resoluciones judiciales a los graves casos que afectan a partidos e instituciones.

 

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