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Día litúrgico: Domingo V (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 14,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino» (…).

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

La eternidad en la casa del Padre

Hoy Jesús nos brinda el anhelo más importante para nuestro corazón: la eternidad en la casa del Padre. La esperanza cristiana es, ciertamente, una esperanza “ya entregada”: Dios ya se ha encarnado y —cada día— nos “regala” su sacrificio salvador mediante la Eucaristía. Pero la nuestra es, sobre todo, esperanza para el “más allá” del tiempo: la vida eterna.

Nuestro corazón, cuya realización es el amor y que sabe lo que es amar, necesita un horizonte de eternidad. Más aun: sin eternidad no se puede amar. El amor, de hecho, es una pugna contra la muerte. Si no hubiera más vida que esta, la vida sería una broma cruel… porque el amor, si es auténtico, siempre va a más y necesita proyectarse en un “sinfín” (la eternidad).

—Jesús, sin Ti, mi amor es una promesa incumplible, pues yo sólo puedo ofrecer finitud. Pero contigo esa promesa no es insensata, pues en nuestro amor humano unido al tuyo vive la eternidad.

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