Narcotráfico recluta a profesionistas – Periódico am

Los cárteles mexicanos reclutan a profesionistas para operar en sus áreas estratégicas, de manera que incluso pueden pasar inadvertidos al llevar una vida paralela sin ser identificados, de acuerdo con información de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).

vía Narcotráfico recluta a profesionistas – Periódico am.

Cabe preguntar, ¿acaso no cursan los profesionistas una materia que se llama “Ética profesional” en sus respectivas carreras?

Obviamente, aunque la respuesta fuere afirmativa no se debería suponer que, por ese simple hecho, automáticamente un egresado de “x” licenciatura no va a acceder a la corrupción implicada en la delincuencia organizada.

La cuestión tiene más hondura que la aparente.

Los profesionistas quieren acceder a un nivel y estilo de vida que idealizan desde pequeños, dependiendo de su proceso de socialización inculcado desde la familia y el estrato social de origen. Lo anterior no obsta como para que el futuro profesionista deje de plantearse preguntas sobre su forma de vivir, aunque le haya sido inculcada tal o cual idealización de vida.

Es un exceso de ambición por el dinero, por la dimensión material que consume una buena parte de los pensamientos anclados en el presente y que ya forman parte del futuro. La justificación ética, que a mi parecer no justifica nada, es que lo hacen por los suyos, para darle a los suyos o a sí mismos el tipo de vida que nunca tuvieron: “no quiero que ellos sufran lo que yo sufrí” un clásico cliché que trata de justificar un estado de cosas que, bien a bien, sabe el justificante que no es correcta su manera de obrar.

A los profesionistas, independientemente de que otros lo requieran, les es necesario plantearse preguntas constantes sobre su actuar desde que están en la preparatoria, desde que se proyectan un estilo de vida con cierta independencia del dicho de sus padres, lo idóneo a mi parecer es el planteamiento que se produce en el nivel medio superior. El problema es el miedo, no a la circunstancia concreta entretejida y sobrellevada por lo que llamo psicología barata, con su serie de ambiciones que giran alrededor del consumo y de la palabra mágica: “Éxito”.

No se pregunta más allá de sus circunstancias porque fuera de ellas tienen que habérselas, como muchas personas, consigo mismos. Ese temor que tienen lo proyectan en un querer hacer, confundiéndolo con un querer ser, por ello el viejo dilema que ahora no quieren enfrentar entre el “ser y tener” lo resuelven con la evación directa a través del trabajo forzoso justificado con el progeso del futuro: yo debo de tener, para ser. Esta ideología que justifica el trabajo no como forma de dignidad para sostenerse como ser humano, sino como forma de explotación simulando el progreso alcanzado solo en lo material, carcome la mente de quienes se evaden a sí mismos en busca de la paz que tanto anhelan  a través de los bienes materiales.

¿Cuál es el papel social que deben de cumplir los profesionistas?

Es una pregunta que ni siquiera muchos se han planteado. Quieren pertenecer a una élite y ver el “servicio social profesional” más como una carga pasajera que como una proyección de poderío humano enfocado al bienestar de los demás. El profesionista, en general sin totalizar, se ve a sí mismo como un producto de sí, quien no le debe rendir cuentas a nadie sino a sí mismo porque, de una forma honesta o inhonesta, se “ha quemado las pestañas”. La auto-justificación es constante, más cuando la serie de relaciones sociales le “obligan” a tomar decisiones difíciles derivadas de los compromisos previamente adquiridos y que redundan en una justificación seguida de autocompasión.

Lo anterior significa que los profesionistas no deben, a mi entender, proyectarse a sí mismos como si fuesen una entidad aislada social, la vocación del profesionista no debe de depender del estímulo externo esperado con “mucho sacrificio”: dinero. La convicción por estudiar una carrera involucra todas la facetas del ser humano que decide. Lamentablemente, no hay héroes que se sacrifiquen en lo personal, la mayoría sueña con estereotipos que le sirven de evación. Lo profesionistas muestran otra cara de un síntoma, de una enfermedad social, por mejor decir, de una decadencia moral, de un ir y venir conforme lo digan los criterios productivos con los cuales se clasifica el valor de las cosas y, lamentablemente, de las personas. El síntoma es evidenciado tanto por los profesionistas en su etapa de ejercicio como en su etapa de estudio, por sus familiares que les “cobran” su inversión, por el sistema escolar que pone a sus estudiantes entre la espada de los libros marxistas de ciencias sociales y la pared de los libros capitalistas de administración, que no les enseña a preguntar por sí mismos en su sistema de competencias. De los demás actores ni hablamos, son como la piel que casi ni se mueve pero que refleja los duros pasos que tiene que soportar un anciano que ya era hora que muriera, pero su ideología es tan necia que muchos creen que es la única, porque su viejo archienemigo perdió: socialismo.