No puedes volver atrás

[Tribuna publicada en la edición impresa de El Correo de Andalucía, en la sección Jóvenes al día, una perspectiva diferente, el jueves 15 de mayo de 2014]

ÁLVARO CEREGIDO

Era un atardecer de mediados de septiembre y Elena estaba sola en la playa de los Bateles de Conil, sentada en la arena frente al océano, mirando al horizonte. Cerraba los ojos y respiraba profundamente el aire fresco que le llegaba del Atlántico. Intentaba capturar ese instante porque no sabía cuándo sería la próxima ocasión en la que podría sentarse en la arena de la playa, de su playa. Casi estaba anocheciendo y era el momento de regresar a casa para hacer las maletas. Y es que a la mañana siguiente debía tomar un avión con destino a París.

Ya de vuelta a casa de sus padres, mientras preparaba el equipaje, no paraba de darle vueltas a la cabeza. Estaba pensando en todo el esfuerzo y la pasión que derrochó desde niña en sus estudios. Siempre fue la mejor de la clase en el colegio, en el instituto y en la universidad. Es más, se licenció en Biología con la máxima nota media de su promoción. Y, no sólo eso: a nivel nacional también consiguió el mejor expediente de entre todos los estudiantes de Biología. De hecho, unos meses antes fue a Madrid a recoger el Premio Nacional Fin de Carrera.

Desde que era una adolescente, Elena siempre tuvo un gran interés por conocer el porqué de la vida. Le llamaba mucho la atención poder llegar a descubrir cuáles son los factores que determinan que estemos enfermos o sanos, esos factores que tanto condicionan nuestra calidad de vida. Siempre tuvo una gran curiosidad por conocer de qué estaba hecha la materia, sus principios, sus fórmulas, y entender el porqué de los procesos biológicos que condicionan nuestra salud para poder controlarlos. En definitiva, Elena siempre quiso ayudar a la gente a mejorar sus vidas.

Por eso, cuando recibió la oferta de irse becada a cursar un Máster y un Doctorado en una universidad de París no se lo pensó dos veces: tenía que aceptar la oferta. Esa oferta suponía avanzar un paso más hacia su sueño. Pero, por otra parte, aceptar esa oferta también suponía dejar atrás toda una vida, alejarse físicamente de su familia, de sus amigos, de su pueblo, de su playa.

Elena estaba haciendo la maleta y no paraba de hacerse preguntas, preguntas sin respuesta. ¿Qué echas en una maleta cuando no sabes cuándo vas a volver? En aquel momento le vinieron a la cabeza algunos versos del poema Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo. Unos versos que leyó cuando era niña y que, desde entonces, siempre recordaba cuando atravesaba momentos de indecisión.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

Tenía que mantenerse firme y aprovechar aquella oportunidad de estudios, aquella oportunidad de futuro. No era el momento de dudar ni de apartarse del camino. Era el momento de disfrutar de un reto que se le presentaba en el extranjero. Y, efectivamente, Elena no se equivocó de elección.

De hecho, pasados casi seis años desde aquel atardecer de indecisión, a día de hoy Elena se siente una persona realizada. Tras finalizar sus estudios de Máster y Doctorado con las mejores calificaciones, ahora trabaja para un centro de biotecnología que le puso un
contrato fijo sobre la mesa mientras estudiaba el Doctorado. A día de hoy Elena no necesita volver. Profesionalmente se siente muy satisfecha con lo que tiene en París, y sabe que aquí, en España, no tendría todo lo que allí ha conseguido.

En el centro de biotecnología donde trabaja Elena investigan, codo con codo, diversos grupos interdisciplinares compuestos por químicos, físicos, biólogos, matemáticos e ingenieros de biotecnología. Allí, Elena se ha encontrado con decenas de jóvenes de distintas nacionalidades, pero con una situación vital similar a la suya propia. Los italianos, griegos, irlandeses, polacos y alemanes que trabajan con Elena tienen algo en común: en ese centro de investigación han encontrado un futuro profesional que sus países de origen no les han podido brindar.

Por eso, cuando le preguntan sobre qué hacer cuando en España no se encuentran oportunidades acordes con la capacitación personal propia, ella siempre recomienda lo mismo: “que se vayan, que se muevan, ahora es el momento”. Elena tuvo claro desde el principio que ella no iba a ver truncado su sueño “por culpa de una situación política y económica que no han sabido manejar quienes tenían que manejarla”. Y va más allá cuando afirma rotundamente que “el hecho de que haya inútiles en el poder no significa que mi vida se vaya a inutilizar por su culpa”. “Yo voy a ser útil a la sociedad en España, en Francia, o donde sea, pero quiero ser útil a la sociedad”, sentencia convencida, casi con rabia.

Una rabia, una impotencia, que hace seis años la llevaron a romper sus propias barreras y a salir sin miedo de la zona de confort. Elena tiene claro que no hay que conformarse con que nos digan que la situación económica y cultural es mala, y por ello quedarnos de brazos cruzados en casa. De hecho, para ella lo más importante es seguir formándose. Por eso a España le agradece la formación recibida. “Tengo muy buena formación y eso lo he detectado porque en cada laboratorio donde he trabajado siempre se han sorprendido de mis capacidades”, puntualiza orgullosa de la Universidad de Sevilla, su alma máter.

Cuando se enteró de que su historia la iban a leer muchos jóvenes quiso enviarnos un mensaje: “No perdáis la esperanza, no tengáis miedo y luchad por vuestros sueños. Para ello, lo más probable es que os tengáis que mover, pero da igual de donde seamos y hacia dónde vayamos. Al final, al hacer realidad nuestros sueños también estamos contribuyendo a mejorar la vida de otras personas, y seguramente estemos ayudando a hacer la sociedad un poquito mejor cada día”.

Elena es una de tantos jóvenes españoles que en los últimos años se han visto abocados a emigrar para seguir labrándose un futuro profesional acorde con sus estudios y capacidades. Pero, aunque esté lejos, ella misma reconoce que “todos los que se van nunca se van del todo”, porque con ellos, allá donde estén, siempre se quedan sus raíces, sus amigos, su familia, su playa. Sin embargo, Elena también es consciente de que a estas alturas volver ya es una utopía, por eso en su cabeza no cesan de resonar los primeros versos de Palabras para Julia.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.