OIT informa que hay 21 millones de trabajadores forzosos (sobre todo mujeres y niños)

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El Director General de la OIT llama a la erradicación inmediata del trabajo forzoso

Fecha de la publicación: 20 de mayo de 2014
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La publicación del nuevo informe de la OIT “Ganancias y Pobreza: Aspectos económicos del Trabajo Forzoso” es significativa porque lleva nuestra comprensión de la trata, el trabajo forzoso y la esclavitud a un nuevo nivel.El informe se basa en estudios anteriores de la OIT sobre la extensión, el costo y las ganancias del trabajo forzoso y de la trata de seres humanos.

Pero este informe es diferente: analiza tanto el aspecto de la oferta como el de la demanda del trabajo forzoso, y por primera vez aporta pruebas sólidas de la correlación entre trabajo forzoso y pobreza.

Además, ofrece nuevas estimaciones alarmantes de las ganancias ilegales generadas gracias al uso del trabajo forzoso en diversos sectores e industrias de la economía, y en la explotación sexual comercial.

Estas nuevas estimaciones muestran que se están realizando progresos. El trabajo forzoso impuesto por el Estado está perdiendo importancia. Naturalmente tenemos que permanecer atentos para prevenir un resurgimiento de este tipo de explotación.

Pero también debemos dedicar nuestra atención a la comprensión de los factores que siguen impulsando el trabajo forzoso y la trata en el sector privado.

Si queremos avanzar en esta lucha, necesitamos analizar los factores socioeconómicos que hacen que las personas sean vulnerables al trabajo forzoso.

Necesitamos comprender el papel de la oferta y de la demanda, y porqué algunos empleadores sin escrúpulos aún logran obtener enormes ganancias a través del pago de salarios bajos o de la no remuneración de los trabajadores.

Tenemos que fortalecer los pisos de protección social para prevenir que los hogares caigan en la pobreza que empuja a las personas hacia el trabajo forzoso.

Debemos mejorar los niveles de educación y de alfabetización de manera que las personas que toman las decisiones en el hogar puedan comprender su propia vulnerabilidad al trabajo forzoso y conozcan sus derechos como trabajadores.

Necesitamos enfrentar el hecho que más de la mitad de todas las víctimas son mujeres y niñas, principalmente en la explotación sexual comercial, y también necesitamos reducir la vulnerabilidad de los hombres y los niños al trabajo forzoso en otros sectores.

En fin, tenemos que analizar de qué manera el desplazamiento de las personas dentro o fuera de las fronteras internacionales contribuye con el trabajo forzoso, y elaborar y consolidar un enfoque de la migración basado en los derechos.

Hay un número de otros pasos que debemos dar para fortalecer nuestros esfuerzos. Uno de ellos es obtener datos estandarizados. En este contexto, quiero encomiar a los países que participaron en las encuestas que constituyen la base de este informe. De igual modo, celebro la iniciativa de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo que urgió el establecimiento de un grupo de trabajo de estadísticos, economistas y otros expertos para recoger datos en este ámbito, y es lo que nos proponemos hacer.

Pero los estadísticos solos no pueden hacer el trabajo. Si queremos producir un cambio significativo en la vida de 21 millones de hombres, mujeres y niños que aún siguen en trabajo forzoso, debemos adoptar medidas concretas e inmediatas.

En primer lugar, necesitamos trabajar con los gobiernos para fortalecer las leyes, las políticas y su aplicación.

En segundo lugar, tenemos que trabajar con los empleadores para fortalecer su debida diligencia contra el trabajo forzoso en sus actividades – incluso en sus cadenas de aprovisionamiento – que crea un ambiente de competencia desleal. Tercero, tenemos que trabajar con los sindicatos para que representen y capaciten a las personas en situación de riesgo.

La persistencia del trabajo forzoso es perjudicial para sus víctimas, para las empresas y para el desarrollo. Es una práctica que no tiene cabida en la sociedad moderna. Es la hora de actuar juntos, a fin de erradicar esta práctica altamente rentable, pero fundamentalmente infame y vergonzosa de una vez por todas.