Otra aclaración, esta vez desde Bangkok. Por Marco A. Pérez López

De Filipinas volé a Tailandia. Escribo desde Bangkok, donde ahora son las 8 de la noche. Tras el golpe de Estado se implantó un toque de queda y todos los negocios, incluyendo las tiendas de conveniencia de 24 horas como 7-Eleven, a más tardar cierran a las 10 pm. Por esa razón, la ciudad está tranquila. Al menos por donde me encuentro, tradicionalmente un lugar central para las protestas, no se ven militares en las calles.

A la aclaración publicada el pasado 20 de mayo, me gustaría añadir que una de las grandes victorias, incluso me atrevería a decir que la mayor victoria conseguida por las izquierdas en general a nivel mundial, es en el plano de la propaganda.

El doublespeak orwelliano ha sido llevado, en el mundo real, a alturas que prácticamente igualan las profecías de “1984″, a veces en planos verdaderamente sutiles como la subversión del significado de las palabras “progresista”, “revolución”, “conservador” entre muchas otras. Otra de las falacias que está muy extendida en el mundo es la que pinta a Estados Unidos como “los malos” y los culpables de cualquier cosa negativa que ocurre en el mundo.

La costumbre de achacarle al “imperio” todo lo malo que ocurre, desde el derretimiento de los hielos del Ártico, hasta la falta de divisas en Venezuela, se ha hecho tan común y aceptada que ni siquiera se considera necesario dar explicaciones del por qué: los Estados Unidos son malos, así que cualquier cosa que se les achaque ha de ser cierta.

Un ejemplo de mis anteriores afirmaciones (que de por sí merecen un poco más de explicaciones que espero ofrecer en algún próximo texto) fue la de mi querida amiga Tania Quintero, cuando en un email afirmó que “se vive de horror en horror: ese avión de Malasia que parece nunca aparecerá ni se sabrá que pasó (si entre los pasajeros hubiera viajado un ciudadano estadounidense, otra hubiera sido la historia)”.

Aprecio y respeto muchísimo a Tania, pero esta vez creo que, sin querer, cayó en esta trampa común. Así que le escribí una breve nota aclarando un poco este punto. Tania, como la buena periodista y persona honesta que es, inmediatamente, y un poco para mi azoro, pues no había sido esa mi intención, republicó mi aclaración a los destinatarios de su email original e incluso pidió mi autorización para publicarla en un medio mucho más público, como éste.

Por ello me sentí obligado a redactar esta nota introductoria, dejando claro que mi propósito no fue el de pedantemente enmendarle la plana a una profesional como Tania, sino simplemente hacer notar que no siempre los Estados Unidos actúan de mala fe o mirándose el imperial ombligo.

Nomás, por favor, busquen en Google cuál es el presupuesto de los Estados Unidos para la ayuda a países en desarrollo, o para mantener la ONU (donde no reciben más que patadas por encima y por debajo de la mesa), y compárenlos con las mismas cifras de países “buenos” y “revolucionarios” como Venezuela, Rusia e incluso China. Quizá se lleven una sorpresa.

Marco A. Pérez López

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Foto: Dos jóvenes posan ante varios soldados en una avenida de Bangkok. Tomada de La Vanguardia.