OTRA DE ADMINISTRACIONES PARALELAS

Aunque nadie dice haberla visto, la administración paralela existe.

Vayamos con un ejemplo. Es ficticio, pero aleccionador.

Supuesto de creación (1), evolución (2) y mantenimiento (3) de una administración paralela.

Pongamos que un partido “X” gana unas elecciones y, viéndose con posibilidades, diseña un planteamiento de conservar el poder a largo plazo. Pasos que dar para lograr mantenerse en el mismo a base de crear administraciones paralelas:

1. Crear organismos con tufillo legal y funcionarial.

Es muy fácil. Se crea, por ejemplo, el “Centro para la dinamización de los funcionarios pesebriles de la CC AA (Y)” . A continuación, y, para darle ese tufillo, se sondea a quienes, carné en la boca, quisieran hacer de gestores de ese Centro. Si se resistiesen, se les compensaría con sueldos adecuados. No se resisten. Hay evidencias.

2. Tender puentes con los verdaderos organismos funcionariales para que estos acaben creyendo que el Centro no solo es legal y funcionarial, sino que tiene verdadera jurisdicción sobre ellos.

También es fácil. Se decretan leyes en los Boletines Oficiales de la CC AA “X”, de tal manera que, haciéndolos llegar a los órganos directivos de los centros verdaderos, estos divulguen la legalidad de este Centro paralelo. Sin solución de discontinuidad, se va dotando al Centro paralelo de facultades y/o materiales que son vistos desde los verdaderos centros como deseables porque mejoran la vida, el rendimiento y la calidad del funcionamiento propios. Aunque sean mínimas e increíbles, esta es una vía de penetración indudable. Se amplían competencias y funcionarios serviles a fuerza de carné. La red paralela se va extendiendo.

3. Seguir creando actividades ficticias en las que el personal del Centro paralelo tenga una justificación para seguir cobrando lo que cobra y, de la misma forma, hacer que los centros verdaderos se sientan obligados a seguirles la corriente. Esto último se logra mediante colaboradores necesarios, desde dentro de las estructuras de los centros verdaderos, como puedan ser cargos directivos, con carné, evidentemente, pero que no lo sacan a relucir, ya que deben quedar siempre en la sombra y no parecer parte del pesebre.

Fácil. Más fácil todavía. Hay que crear supuestos proyectos pseudotecnológicos en los que, con promesas de ser la punta de lanza de no sabemos bien qué innovaciones, se pretende que los centros verdaderos entren a formar parte de los mismos. En realidad, no se pone nada encima de la mesa. Ni tan siquiera las herramientas tecnológicas a las que se hace referencia lo son. Son meros instrumentos de control sobre los centros verdaderos que diseñan los de los Centros paralelos para que, mediante el uso, sean los propios centros verdaderos los que den una justificación para la continuidad de estas estructuras bastardas. Así, los gestores de estos Centros paralelos podrán decir: “¿No veis que ellos utilizan las herramientas? Si no estuviésemos aquí, no se podría controlar el proceso”. Aunque el proceso, una vez desentramado el embolado, no era nada, salvo la justificación del sueldo de unos cuantos que forman un pesebre inconmensurable dentro de la estructura funcionarial paralela y que acaban afectando a su rendimiento – por detracción de efectivos – y a su operatividad – estarán los centros verdaderos dando vueltas a una noria – .

Ahora, una vez descrito un modelo de creación de administraciones paralelas, piensen y pregúntense qué partido(s) puede(n) haber realizado estos ficticios desarrollos de Centros. Piensen si no estarán, sin saberlo, formando parte de algún entramado de los descritos (bien dentro de los centros verdaderos/bien de los paralelos) y si es posible que un partido (X) pueda mantener el poder de esta manera elecciones tras elecciones.

Habrán acertado. Lo saben. Vaya si lo saben.