Outside the box

Incontables son las veces que se oye la pregunta por el derecho a decidir. Y más allá de políticas, más allá de ser una pregunta tremendamente oportuna en estos tiempos, siempre me asalta una duda: ¿me lo preguntas en serio? a mí, como mujer, en pleno siglo XXI, ¿me estás preguntado por el derecho a decidir?
Por la calle tengo la inmensa suerte de cruzarme con tres crías (literalmente) con pantaloncitos, tank top y pelo largo, una lleva un collar particularmente aparatoso, las otras zapatillas con plataforma (thank God no llevan tacones) y pienso en ellas, en su juventud, en su necesidad de expresarse enseñando carne que todavía no se ha colocado en su sitio.
Pero corriendo corriendo pasan madre e hija casi vestidas iguales, una hija que parece liberada a punto de entrar en la universidad con una madre que, si pudiera, le cambiaba el sitio. Más allá hay tres chicas sentadas en un bar tomando cerveza. No aparentan la edad que deben tener y supongo que no tienen la edad que aparentan. No sé de qué hablan pero parece una conversación muy exclusiva. No les pillo el ritmo. Todas ellas me son ajenas. Hasta esas (muy) maduritas, que quieren ser interesantes, pintadas como peponas tomando un piscolabis antes de entrar en la sala de baile también me son ajenas. Tampoco les pillo el ritmo.
Sólo una cosa me congratula al pensar en todas esas mujeres, en las experiencias que habrán vivido, en las que no han podido vivir y en las que les queda por vivir: que pueden escoger, que pueden pensar y abrir la boca y gritar si quieren y llorar si quieren, en que no tienen más que… que lo que todos necesitamos (hombres y mujeres) y eso es tener cultura y experiencias y no tener miedo de estar outside the box. Porque aunque esa caja sea el espacio tiempo sociocultural en el que se ha crecido no es necesario permanecer en ella ni repetir sus errores negando ciegamente los cambios que acontecen. Proyectar los miedos es patológico así que a nivel histórico repetir los mismos errores una y otra vez tampoco debe ser muy sano.
¿Que si creo en el derecho a decidir? Lo que no creo es que esa pregunta todavía tenga que hacerse. No sólo el país sino Europa y el mundo está viviendo una entelequia si cree que esa pregunta es pertinente pero por desgracia cuando las cosas se ponen feas, como están actualmente, la mujer vuelve a ser moneda de cambio y objeto de limitación y prohibición. Pero el mundo es diferente, las gentes son diferentes y demasiado distintas como para cortarlas a todas por el mismo patrón. No quiero un mundo que tenga que hacerse esa pregunta, no quiero continuar siendo una víctima de la historia y no quiero que ninguna mujer tenga que sufrir en sus carnes una ignominia enquistada. Si la historia nos deja de lado, si el hombre nos considera inferiores, si las cosas no son justas y las religiones nos someten, si ya estas sometida pero en tu fuero interno crees que no es así como debería ser piensa y vive outside the box. Ten fuerza y libérate de verdad sin que nadie te diga (ni mujer ni hombre) que tú no puedes hacerlo. No eres un objeto, eres un sujeto.