Poder y violencia: República Dominicana

Margarita simulandoSi hay algo que ha acompañado siempre al poder es la violencia. Hace tan solo 200 años que el mundo ha empezado a contener la violencia que acompaña al poder y a dictar leyes y a asumir usos más civilizados. En muchas naciones se ha abolido la pena de muerte. Las torturas figuran proscritas nominalmente de manera universal. La confiscación de bienes arbitraria es un acto más condenado que la privación de libertad o la violación al derecho a la vida. Todo esto sin dejar de subrayar el valor dado hoy a las diferentes formas de libertad: física, intelectual, sexual, religiosa, política, artística, verbal, escrita etc.

Esto ha tenido lugar mayormente en occidente. Sin embargo, aun en los lugares donde el grupo gobernante está impedido de perseguir, matar, encarcelar, despojar de bienes, exiliar a sus contrarios. Y en las sociedades donde los opositores están impedidos de conspirar contra el orden público, fraguando revoluciones o guerras civiles, aun así, el poder continúa siendo muy violento.

La violencia hoy ocurre de manera sutil, aunque no por ello menos letal. Aceptada la democracia como medio más perfecto (o menos malo como dijo Churchill) la gente aun aspira y trabaja en la destrucción de sus opositores. Hoy se destruye la imagen pública del contrario, se hace eso por medio de la intriga, la difamación, la distorsión de la verdad, la persuasión de las masas; el ataque continuo y permanente desde diversos frentes usando la prensa, la televisión, trabajos de investigación hechos por expertos, análisis de opinión, investigaciones periodísticas y muchas cosas más.

Todo lo anterior desciende como lluvia a las masas, que siendo alienadas y dirigidas por unos pocos, hoy día no hacen una revolución, pero sí hacen paros de labores, huelgas regionales y nacionales, las que a veces, se saldan con uno o más fallecidos en los choques violentos con las autoridades. Más arriba, el grupo generador de esta alienación generalmente no parece enterarse, no reclama íntimamente responsabilidad por lo ocurrido en las calles, y sigue obcecado en la consecución de sus altos fines y metas políticas.

Debiendo ser en este momento en nuestro país un tiempo de calma, debido a la hegemonía del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) como primera, más organizada y nutrida fuerza política, vemos que estando prácticamente solo en el escenario, la violencia es mayor. ¿Por qué sucede esto con un Partido Revolucionario Dominicano (PRD) escindido y debilitado y un Partido Reformista prácticamente inexistente? En tal circunstancia, ¿No debiera de reinar en calma el oficialista PLD? Pero no es así.

¿Qué ha pasado? Debemos recurrir a la metodología marxista para entender esto y comprender que son los cambios en los medios de producción lo que ha determinado las diversas etapas históricas. Así hoy, de repente República Dominicana se levanta con el hecho de que este país, es hoy, mucho más rico que en los tiempos de Joaquín Balaguer. El presupuesto ha aumentado fabulosamente, y así de fabulosos son los proyectos que tanto el sector público, como los inversores extranjeros desarrollan en el país.

Hay mucho dinero en juego, en forma de contratas, licencias, permisos, acceso a información privilegiada, tráfico de influencias etc. Este solo ingrediente basta para dividir a hermanos y hermanas, así como a familias enteras y a matrimonios, por no decir que es suficiente para liquidar amistades de toda una vida.

En pocas palabras, y para ser entendido solo por dominicanos, el juego del poder se parece al juego de la silla: Hay más gente que sillas, y por eso todos se dan codazos para ocuparlas, solo que en el juego de la política, una vez sentado en la silla, alguien te puede apear de ella vía un codazo o una patada, por lo que conseguir el asiento no es el fin del juego para el que lo obtenga, tiene que continuar protegiéndose y defendiendo ese asiento, porque como dijo Gandhi: “Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.