Prueba científica

El gran científico estadounidense Carl Sagan fue un connotado astrofísico, pero también un extraordinario divulgador de la ciencia. Ganador, en 1978 del Premio Pulitzer, por su libro “Los dragones del Edén”–un magnífico trabajo sobre el desarrollo del cerebro humano- es conocido sobre todo por su obra cumbre “Cosmos”, la fantástica serie televisiva sobre ciencias exactas, basada en su libro homónimo.

Carl Sagan

Carl Sagan

Admirable por sus dotes analíticas y su enorme conocimiento, el científico estadounidense era, al mismo tiempo, un individuo sensible fanático de la capacidad de la humanidad para salir adelante pese a todas sus miserias, que no desperdiciaba oportunidad para la ironía.

En la página 49 de “Cosmos” (Ed. Planeta, México, 1992), discurre sobre la diferencia entre astronomía (una ciencia seria) y la astrología (mester de magos y hechiceros).

“Y la astronomía personal está todavía entre nosotros: examinemos dos columnas de astrología publicadas en diferentes periódicos, en la misma ciudad y el mismo día,. Por ejemplo, podemos analizar el New York Post y el Daily News de Nueva York del 21 de septiembre de 1979. Supongamos que uno es Libra, es decir, nacido entre el 23 de septiembre y el 22 de octubre. Según el astrólogo del Post, ´un compromiso le ayudará a aliviar la tensión´; útil, quizás, pero algo vago. Según el astrólogo del Daily News debes ´exigirte más a ti mismo´, recomendación que también es vaga y al mismo tiempo diferente. Estas ´predicciones´ no son tales predicciones, son más bien consejos : dicen qué hacer, no qué pasará. Recurren deliberadamente a términos tan generales, que pueden aplicarse a cualquiera. Y presentan importantes inconsistencias comunes. ¿Por qué se publican sin más explicaciones, como si fueran resultados deportivos o cotizaciones de la bolsa?”

Desde luego este maravilloso texto continúa y ofrece muchas explicaciones harto interesantes, que demuestran la chapucería de la astrología, contra la certeza de la ciencia, pero aquí simplemente lo retomo porque lo considero útil para un tema en boga en estos días: las campañas electorales.

Cuando estamos a unos meses de elegir a 500 diputados federales, numerosos alcaldes, nueve gobernadores y cualquier cantidad de diputados locales, los partidos políticos inundan el espacio radioeléctrico con su propaganda.

Usando las palabras del gran Carl Sagan, diríamos que todos los anuncios, “recurren deliberadamente a términos tan generales, que pueden aplicarse a cualquiera”.

Porque en efecto, todos los anuncios de todos los partidos se parecen tanto, que uno debe esperar a que se identifique claramente el partido en cuestión, para definir si se trata de los de derecha, de izquierda o de centro. Recurren deliberadamente a términos tan generales, que hemos escuchado toda la vida, “que pueden aplicarse a cualquiera”.

Si uno toma el texto de cualquiera de los anuncios y le quita la identificación de partido al final, lo difícil es adivinar quién dijo eso.

“Y presentan inconsistencias comunes”. Ni más ni menos. Todos los anuncios dicen lo que sabemos desde siempre, pero ninguno explica exactamente qué cosa propone el partido en cuestión para terminar con nuestros problemas ancestrales, si bien se expresan en términos patológicamente similares y etéreos. Es decir, “presentan inconsistencias comunes”, para no comprometerse.

Todos los partidos hacen “recomendaciones que al mismo tiempo son vagas, pero diferentes”, para usar el lenguaje del destacado newyorkino.

Es decir, los partidos señalan que se debe de acabar con los problemas A, B y C, que son los principales de nuestra sociedad (como si no lo supiéramos de toda la vida), pero ninguno se atreve a decir específicamente cómo, es decir, sus enunciados son “vagos”, igual que los horóscopos.

Dizque para diferenciarse entre sí, aunque sin lograrlo ni proponérselo realmente, cada cual ofrece un “camino diferente” a los otros. Pero tanto en la retórica como en la práctica, esos caminos convergen en una especie de infinito concéntrico donde todo se mezcla de manera impúdica o, peor aún, perversa. Los que hoy son de ultraderecha, mañana serán de ultraizquierda y los troskistas acendrados de hoy, mañana sonrojarían por reaccionarios a los sinarquistas.

Ahí están las “inconsistencias comunes”.

He ahí, pues la prueba científica (y por tanto irrefutable) de que los partidos políticos, como los astrólogos, son unos charlatanes con piel de científicos.