SENTENCIAS QUE CAUSAN ASOMBRO Y RECHAZO SOCIAL. EL TRIBUNAL SUPREMO Y EL «PRESTIGE»

Ayer miércoles trece de Noviembre nos enteramos por los medios de comunicación que nuevamente la justicia del Tribunal Superior de La Coruña absuelve al Gobierno de entonces, el Partido Popular, por la gestión de la mayor catástrofe petrolera y medio ambiental de la historia, sin que se declare la condena de ningún implicado por tal desastre.

Aquí la justicia una vez más aparte de tardía (once años para la celebración del juicio frente a la celeridad de la aplicación de la Sentencia de Estrasburgo) dictamina la absolución de los tres acusados del terrible y grave delito de daños al medioambiente, ni siquiera por imprudencia temeraria. El Capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, que estuvo unos meses en prisión preventiva, el jefe de máquinas, Nikolaos Argyropoulos, ambos de nacionalidad griega, y entonces director general de la Marina Mercante, José Luís López-Sors.

Curiosamente sólo el primero fue condenado por un delito menor de desobediencia grave a la autoridad (“amárrese ese cangrejo que va por agua a la mar” como se decía por esos lares), condenándole a nueve meses de cárcel que obviamente no cumplirá por su edad.

Y al no haber responsabilidad penal por el vertido de más de once millones de litros (11.000 TM) de fuel oil al mar no hay responsabilidad civil, calculada la misma por la Audiencia Provincial de la Coruña en más de cuatro mil trescientos veintiocho millones de euros, de los que sólo existe un depósito de veintitrés millones por la aseguradora del barco para afrontarla y que sin duda le serán devueltos una vez firme la Sentencia.

Y lo curioso es el relato fáctico: “nadie sabe con exactitud cuál pudo ser la causa de lo ocurrido, ni cuál debería haber sido la respuesta apropiada a la situación de emergencia creada por la grave avería del Prestige, pero nadie puede negar el fallo estructural, ni pudo demostrar en el juicio dónde se produjo exactamente ni por qué razón”. Hasta aquí el argumento jurídico de la Sentencia.

Podemos decir que todo el mundo sabe, porque es una evidencia, el estado ruinoso y maltrecho del buque y que iba cargado hasta los topes de fuel, hasta la misma barandilla de la cubierta y de sus fallos estructurales, hasta el punto de que casi de inmediato naufraga, se hunde y se parte en dos en las costas de La Coruña, lo más alejado posible por indicación de las autoridades españolas.

Esto es una obviedad que además tuvo que resultar de las pruebas periciales practicadas y por ello quizás se exigió que los buques-tanques a partir de las revisiones periódicas exigidas y la prohibición de acercarse a las costas no sólo a las doce millas territoriales sino a la zona de influencia económica y la exigencia de doble casco y seguro obligatorio de máximas, etc. (a un simple vehículo se le hace pasar la ITV y ahora también a las edificaciones, cuanto más a esta bomba navegante con once mil toneladas de fuel). Lo que linda con el absurdo es mantener la tesis de que los dos marinos griegos no eran conscientes del mal estado del barco “ni sabían ni podían saber de las grandes deficiencias” cuando eran nada menos que el capitán de esta y de travesías anteriores y el jefe de máquinas.

Tenemos la fundada esperanza de que las partes todas eleven un recurso de casación al Tribunal Supremo y la posibilidad de que el Estado español pudiera entablar un proceso civil para reclamar las elevadas indemnizaciones, aunque hay dudas sobre la solvencia.

La Laguna de Santa Cruz de Tenerife, a 14 de noviembre de 2013