Tasas usurarias y salud financiera

Jubilados, empleados informales, jóvenes, monotributistas, morosos, o pequeños empresarios, que son parias del sistema bancario, y están desesperados por conseguir dinero, caen en las trampas de la usura.

Ya venían afrontando tasas del orden del 60 al 70% anual por préstamos en pesos. Pero según informa el diario Ámbito Financiero, ahora han visto trepar las tasas en las mesas de dinero no institucionalizadas a niveles del 115% al 135% anual.

“Resulta insoslayable que estos niveles de tasas son, según estimaciones privadas de inflación, casi un exabrupto financiero en términos reales”, analiza el periodista Jorge Herrera.

Según informa, hay un público cada vez más numeroso que no cumple con los requisitos para acceder a un préstamo bancario, de modo que se ven obligados a ir en busca de fondos al circuito informal.

“Se da así que un mismo nivel de oferta se lo disputan ahora más demandantes y a un costo financiero que prácticamente se ha duplicado en las últimas semanas”, refiere Herrera.

Y añade: “No está de más señalar que los que habitualmente satisfacían sus necesidades de financiamiento para temas domésticos o para financiar capital de trabajo, a estas tasas, se les hace imposible tomar estos préstamos porque la cuota se hace impagable”.

En este sentido, la contracara del cobro de intereses extravagantes es que muchas personas, familias y empresas pequeñas quedan esclavizadas con las deudas, una consecuencia social preocupante.

El exceso de deudas produce estrés, una presión muy grande sobre las personas en todos los ámbitos de la vida. Algunas, incluso, llegan al suicidio por no encontrar una salida.

Las deudas son una de las principales causas de las que deriva el divorcio de las parejas. Un individuo con estrés financiero, no sólo deja de ser productivo en su trabajo, sino que está malhumorado y tenso, y alimenta un clima belicoso al interior de la familia.

Hay quienes pregonan educar en principios financieros a las nuevas generaciones, como una manera de defender a las personas o usuarios de aquellos que prestan dinero a tasas que resultan impagables.

La salud financiera familiar y empresarial es de vital importancia para una sana economía comercial y productiva. Esa salud se quiebra ante el costo financiero derivado de tasas de interés exageradamente altas, por préstamos que han sido contraídos por personas en problemas.

Las cuevas financieras, dedicadas a prestar dinero en montos limitados pero en forma totalmente informal, siempre existieron. Es una actividad que muchos califican de “inescrupulosa” toda vez que se busca negociar a costa de la desesperación de las personas por conseguir dinero.

Cobrar interés sobre un préstamo es algo que existe desde que apareció el dinero. En la Antigüedad el interés era un acto despreciable y prohibido, y se lo asimilaba a la práctica de la usura.

“De todas las formas de comercio la usura es la más depravada”, condenaba el filósofo griego Aristóteles. Con el correr del tiempo, el interés pasó a ser socialmente aceptable y una práctica institucionalizada, en tanto que la usura significó una cantidad exorbitante o ilegal de intereses.

Según el historiador John Ferguson, antes se condenaba al interés porque los préstamos en épocas pretéritas no se hacían en general con fines productivos sino para aliviar alguna desgracia.

Con la aparición del capital industrial y comercial, se hizo la distinción entre interés legítimo y usura ilegítima.

 

© El Día de Gualeguaychú