Tejido desgarrado

A todos nos ha ocurrido. De pronto, en un descuido, una prenda (pantalón, camisa, corbata, calcetín), se engancha con algo, se frota contra un objeto, se trenza con algún  elemento puntiagudo, la esquina de un mueble, un clavo que sobresale de la pared, lo que sea y se produce un pequeño desgarre en el tejido de la prenda.

Si se trata de una imperfección menor, puede que ni siquiera se note. Tal vez hasta pase inadvertido para las demás personas, pero uno SABE que algo pasó y es necesario actuar a la brevedad.

Porque esa pequeña imperfección casi invisible en principio, amenaza con convertirse en algo grande. La fuerza original del tejido, procedente de infinidad de hilos entrelazados, se va perdiendo poco a poco; la prenda cede  y la imperfección original se vuelve hoyo, se hace más y más grande y finalmente, la deja inservible.

La reparación inmediata puede ser apenas un punto. Molesto tal vez. Quizá sea necesaria la intervención de un especialista en zurcidos invisibles, pero nada que no se pueda componer.

Sin embargo, al dejar pasar el tiempo, la prenda entra en un proceso de deterioro y, en algún momento, ya no hay marcha atrás.

Algo parecido le ocurre a las sociedades. Cuando algún hecho concreto o alguna carencia provoca una pequeña fisura, una lesión en el tejido, es necesario actuar de inmediato y hacer el remiendo necesario.

Quizá sea necesaria una acción especial de alguna autoridad con conocimientos técnicos específicos, que no tenga la sociedad en su conjunto, e incluso tampoco el común de los funcionarios del área involucrada.

Si esta lesión en el tejido social se detecta a tiempo, se diagnostica correctamente y entra en acción inmediata el grupo especializado, es posible que se cierre el pequeño hueco, acaso sin ser notado por el resto de la sociedad y la prenda (en este caso la sociedad), permanezca en buenas condiciones por mucho tiempo.

Por el contrario, cuando por indisciplina, indolencia, pereza, miedo o indiferencia, la sociedad permite que el pequeño desgarre original se quede así, indefectiblemente las cosas empeorarán de manera paulatina e irreversible.

Conforme pasa el tiempo la prenda (en este caso la sociedad), se va acercando más y más al punto de lo inservible o inoperante, se diría en términos sociales.

Y la intervención necesaria se va haciendo más  compleja y grande, alejándose peligrosamente de la convivencia ya no digamos legal, sino civilizada.

A diferencia de una prenda de vestir, que cuando llega el final de su vida útil se convierte en basura, la sociedad seguirá ahí no importa el tamaño del desagarre ni la violencia de la intervención. Cuando las cosas se ponen verdaderamente graves, es necesario que intervengan enormes grupos de policías y militares, con serios riesgos para el respeto a los derechos humanos e incluso para la integridad física de la gente.

Pero cuando las cosas vuelven a un cauce relativamente normal, entonces se debe de iniciar el proceso para reconstruir el tejido, cosa que puede ser más lenta, laboriosa y difícil, que la intervención misma.

Todas estas largas consideraciones aplican a Tamaulipas, donde hoy se anunció una Estrategia de Seguridad, ante el grave deterioro que sufre ya el tejido social en la entidad.

Es un deseo generalizado que sí funcionen, pero los verdaderos resultados habremos de verlos en unos meses. En el escenario de que sí opere como esperamos, entonces habrá que entrar después a otro trabajo mucho más complejo, para suturar las heridas, cicatrizarlas y recomponer poco a poco el tejido social.

Se trata de un trabajo de largo aliento, donde la sociedad misma, pese a estar desgarrada y muy cansada, deberá también poner su propio empeño.