TLC con Europa: las posibilidades de re configuración del poder.

TLC con Europa: las posibilidades de re configuración del poder.

Por Roberto Mera

Un viejo fantasma.

El 17 de julio del 2014  finalizaron las rondas de negociación entre el equipo ecuatoriano y la Unión Europea para concretar un acuerdo de complementación comercial. El misterio, tanto en las negociaciones como en la redacción del texto final han sido una constante, la información y los anexos se socializaron por parte del Ministerio de Comercio Exterior una vez que fue publicado en el Diario Oficial de la UE.

Las preocupaciones de la sociedad, aunque menores que en la década del 2000 cuando se iba a firmar algo similar con los Estados Unidos, no han producido fuertes movilizaciones -como las dadas contra el ALCA en 2002-, pese a que la lógica bajo la cual se negocio es la del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio  (GATT de 1994), en otras palabras, lo que se firma es un Tratado de Libre Comercio (TLC) bajo una óptica de desarrollo neoliberal de organización productiva.

De esta forma, el GATT establece entre otros temas, la apertura de las fronteras y la reducción de aranceles a productos elaborados, industriales y primarios de Europa, integrándose Ecuador desde las escasas y primarias fortalezas productivas al mercado mundial: banano, cacao, flores, camarón y brócoli.

Voces oficiales pretenden confundir a la sociedad usando las palabras “acuerdo de complementariedad”, podemos decir que según la Organización Mundial del Comercio (OMC) no existen los llamados tratados de complementariedad económica, existen únicamente dos tipos de tratados en virtud del GATT, la unión aduanera o el tratado de libre comercio. El país estará firmando hasta mediados del 2015 un TLC; “se entenderá por zona de libre comercio, un grupo de dos o más territorios aduaneros entre los cuales se eliminen los derechos de aduana y las demás reglamentaciones comerciales restrictivas”.

De contradicciones internas y externas.

Pesa a la contundencia de las pruebas y los textos, desde el gobierno se ha declarado que lo negociado no es un TLC, de hecho se plantea que llamarlo de esta forma es una estrategia que beneficia a la oposición, lo que al parecer indica que la inútil izquierda que sostiene simbólicamente el proceso, encuentra como salida a la encrucijada de firmar un TLC, el señalar que aunque técnicamente es un TLC, políticamente no lo es. En este contexto, la mayor preocupación estratégica es medir la posibilidad de un proceso real de cambio de matriz desde las fuerzas productivas nacionales, articuladas a la economía popular y solidaria –incluso dentro de los márgenes del modelo de acumulación capitalista.

Ricardo Patiño, canciller de la República, sostiene que no es un TLC por cuanto el país se vería sin posibilidad de poner impuestos a la salida de divisas. Richard Espinoza, Ministro de Producción, declaró que lo que se firmó tiene relación con los pilares del cambio de la matriz productiva –diversificación de la producción y el consumo satisfaciendo las necesidades internas. El presidente de la República, declaró el pasado 20 de noviembre en Pastaza que tampoco es un TLC, por que excluye el 60% de los productos agrícolas del Ecuador que son el 100% de la producción campesina, además ratificó el impuesto de salida de divisas.

Ahora el panorama se complejiza sin un tejido popular potente que pida explicaciones y tenga la capacidad real de participar en las negociaciones. Los únicos movilizados han sido pequeñas organizaciones de investigadores de clase media, quienes han desarrollado un importante trabajo, aunque delimitado por los conceptos de una oposición que le hace el juego a la derecha. Siendo que la voluntad política está sobre la mesa y es ya un hecho consumado, quedará asumir lo pactado, lo que se resume en la reprimarización de nuestro aparato productivo, y el hipotecamiento de las políticas de cambio de la matriz productiva.

Un TLC como herramienta de desarrollo nacional fortalecerá a los sectores agroindustriales, focalizando el poder en las clases tradicionales. Según el Comité de Comercio Exterior (COMEX) en su informe de comercio internacional, las exportaciones de productos primarios crecieron en un 12.67% (comparación del acumulado mayo 2014 vs. acumulado a mayo 2013), mientras que los industrializados decrecieron un 7.67% en el mismo periodo. Esto es justamente lo contrario en el avance hacia la transformación de la matriz productiva, la economía ecuatoriana continúa con el antiguo modelo rentista, modalidad desde la que el país se ha estado integrando al mercado mundial.

La dotación de servicios, área de fuerte interés de la UE, creará una importante presión para la privatización de sectores considerados estratégicos, o temas delicados como compras públicas, pensados como un importante mecanismo para el desarrollo de la economía popular y solidaría, deberían contemplar importantes restricciones, imposibles desde la lógica del tratado.

Uno de los espacios focales y delicados, tanto por la lucha que el Ecuador ha desarrollado en contra de diferentes transnacionales en los tribunales de arbitraje, o por la apuesta de crear mecanismos de solución de controversias regionales, es la cesión de la jurisdicción nacional en caso de disputas comerciales entre empresas europeas con ecuatorianas, tema criticado varias veces desde Cancillería y Presidencia de la República, ya que abre un espacio de injerencia importante para asuntos de la vida política nacional.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Bajo el mutismo absoluto se esperó que el informe final del tratado vea la luz en diciembre del pasado año, según Isabel Albornoz, coordinadora de Relaciones Comerciales Extra Regionales, el tratado podrá ser firmado en el marco de la cumbre de presidentes de la CELAC en junio del 2015.

Así entraríamos oficialmente en un nuevo momento del proceso de la Revolución Ciudadana, en donde el régimen de desarrollo por sustitución de importaciones deberá adaptarse a las múltiples normas que abren el mercado nacional a los productos europeos. Este escenario implicará una re configuración de los flujos del poder dependientes de la profundización de un modelo comercial y productivo que encuentra su norte a seguir en el modelo de desarrollo económico mexicano y colombiano.

Salta a la vista de todos el secretismo y la falta absoluta de un proceso de socialización, poniendo una pregunta básica en el debate público: ¿Por qué un gobierno progresista entra en un régimen de libre comercio, solos, sin haber negociado como bloque regional? Finalmente la preocupación siempre latente: una iniciativa de cambio de la matriz productiva que se circunscribe en el desarrollo nacional de las fuerzas productivas, sucumbiría ante el poderío de las élites europeas, las que a la postre terminarán invadiéndonos con sus bancos y sus políticas económicas.