UNA DE NAZIS

Estaba tan tranquilo el Príncipe Carlos (of England) cuando va y dice que Putin está haciendo en Crimea lo mismo que Hitler.

En Rusia le han contestado que pregunte por el pasado nazi de su familia.

No es baladí. No lo son ninguna de las dos afirmaciones.

Comparar a Putin con Hitler, hecho en España por alguien de la realiza, hubiera movido Roma con Santiago. Menos mal que así no ha sido.

Ello no es óbice para que repasemos los hechos. El territorio de Ucrania ha sido troceado, y es muy posible que aún lo sea más, en aras de un Imperio que Putin añora, ya sea en versión Catalina, o estaliniana. Y tendría gracia si no fueran los ucranianos quienes las estuvieran pasando canutas. El procedimiento de troceado y/o anexión es muy parecido al que Hitler usara en relación a los Sudetes o a la propia Austria (Anchlüss). Un anexionado teledirigido desde dentro y en connivencia con las fuerzas pro-nazis de uno y otro territorios. Lo mismo que está sucediendo ahora y por las mismas razones. Hitler invocaba la pertenencia de ambos territorios al “Espacio vital alemán”, como Putin ahora, aunque no lo dice, pero dejando claro que si Rusia es algo, se debe, en todo caso, a la nobleza de los príncipes de Kiev.

El príncipe Carlos debería refrenar la lengua, porque, de no usarla, se le ha pasado el arroz. El anterior Duque de Windsor y, a la sazón, candidato al trono de Inglaterra, su ascendiente Eduardo, nunca escondió sus tendencias filo-nazis, y existen datos más que verificados en el sentido de favorecer las políticas y la penetración de ideas nazis en el Imperio Británico, por lo que tuvo serios encontronazos con la élite política inglesa de la época, antes y después del casamiento con la americana Wallis Simpson. El advenimiento de Eduardo VIII, dicho por los propios ingleses, “hubiese sido peor incluso que la toma del poder por el propio Hitler”.

Lo dicho, cualquiera tiene un nazi en el armario.

El problema es que acusan a los demás de lo mismo.